Ciclo B

La frase de la Semana...


 

"Estad en vela, porque no sabéis que día vendrá vuestro Señor"

San Mateo 24,42-43

ESTAD VIGILANTES

 


 

DOMINGO XXVI DEL T. ORDINARIO (ciclo C). 25 de septiembre de 2022

Am 6,1a. 7-7: Ay de los que no se conmueven para nada por la ruina de la casa de Israel.

Sal 145: Alaba, alma mía, al Señor.

Tim 6,11-16: Hombre de Dios, combate el buen combate de la fe.

Lc 16,19-31: Que escuchen a Moisés y a los profetas.

 

¡Plas!, de los labios del Maestro a la imaginación de sus oyentes un potente mensaje que enseguida revuelve internamente. Con sus parábolas, Jesucristo sabe llegar a la mente y el corazón de su auditorio. Innovó con un uso frecuente de estos pequeños relatos y comparaciones, que causan una primera impresión o suscitan interrogantes. Aún mejor, llevan a una revisión de vida.

A veces la parábola se estira con más detalle, como es el caso de esta conocida denominada popularmente como “Del rico epulón y el pobre Lázaro”. Una ficción literaria que despierta sentimientos y allana el camino para que lo que sucede en la historia inventada se identifique pronto con la realidad circundante y cada cual asuma su responsabilidad y se aplique la enseñanza.

La descripción del rico, si nombre, y el pobre Lázaro expone un contraste tal, entre la abundancia de uno, que banquetea diariamente con lujosas vestiduras, y el otro apenas arropado, al que no solo le falta la comida, sino que él mismo sirve de alimento para los perros que le lamen las llagas, que la primera reacción será de rechazo en contra de la situación: “¡Qué injusticia!”. De principio Lázaro ya tiene ganado el afecto del auditorio o del lector. Luego vienen, además, las consecuencias, para una segunda digestión de quien atiende atento al relato: lo hecho u omitido en esta vida tendrá su recompensa o castigo en la otra.

Por una parte, la justicia divina amparará a aquel que no encontró refugio en la justicia humana. Por otra parte, el que tuvo oportunidad de trabajar por la equidad, atender al necesitado, enternecerse por el indigente y no lo hizo, deberá aceptar las consecuencias de sus omisiones. No existe una condena explícita de la riqueza, sino la censura de que estas se conviertan en un absoluto en vez de atender al cercano y que sirvan para socorrer al desamparado.

También el profeta Amós en la primera lectura de la liturgia de este domingo proclama una invectiva sobre quienes, obcecados en sus posesiones, descuidan mirar alrededor y el desastre que se avecina contra Jerusalén. No lo trata explícitamente, pero, la primera consecuencia de otorgarle a los bienes el lugar predilecto en los intereses, es la inequidad y la injusticia, el desequilibrio social y la brecha entre el que tiene y el que no solo no tiene, sino que no cuenta para el que podría asistir sus necesidades. La prevalencia del interés sobre el bien material, que habría de ser un medio para la vida, por encima de la persona, la vida misma, aboca a la sociedad a una situación ruinosa. Pero nadie quedará sin justicia.

Esta parábola del Maestro concreta la insistencia en el mandamiento del amor al prójimo. La Palabra de Dios llega por medio de precepto, exhortación, condena o parábola. Tan luminosa para quien quiera ver que, el que no lo haga no será por falta de claridad, sino de disposición para recibirla e integrarla en la vida. Los que tienen a Moisés y a los Profetas, ya tienen mucho de la Palabra de Dios. Más, muchísimo más, quienes tenemos también a la Palabra misma hecha carne y manifestado en la letra del Evangelio. Se revela como el mayor tesoro que garantiza la riqueza para la vida eterna, frente a los otros bienes que prefirieron el rico y la casa de su padre, que les hizo muy difícil apreciar lo que realmente tenía valor imperecedero y causó el olvido del pobre, del mismo Cristo. 

Monaguill@s

 

 

 

 

 

Sirviendo a Jesús en el Altar

Programación Pastoral 2021-2022