Ciclo C

La frase de la Semana...


 

"Estad en vela, porque no sabéis que día vendrá vuestro Señor"

San Mateo 24,42-43

ESTAD VIGILANTES

 


 

DOMINGO XXIV T. ORDINARIO (ciclo C). 11 de septiembre de 2022

Ex 32,7-11.13-14: ¿Por qué, Señor, se va a encender la ira contra tu pueblo?

Sal 50: Me pondré en camino adonde está mi padre.

1Tm 1,12-17: Dios derrochó su gracia en mí.

Lc 15,1-32: Habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta.

 

Lo abundante se puede compartir sin reservas ni reparos a que se acabe. A eso se había expuesto el Creador, conocedor de la desproporción entre Él y su criatura. De él vendrían riquezas inconmensurables, del humano la pobreza de su tierra. La ganancia siempre para la parte de la tierra y Dios no perdería nada ni ganaría, siempre generoso en su amor y condescendiente, con ternura eterna, con la limitación humana. Sin embargo, compartiendo Dios belleza y don, inagotable en su corazón; comparte el hombre las fealdades de las manchas que Él mismo escogió y que no deja de producir cotidianamente. El intercambio ha crecido en desigualdad, pero se ha puesto en relieve más la generosidad divina: Dios sigue dando de lo suyo y produce, entre la podredumbre humana, nueva hermosura de perdón y misericordia. Y en lo que cabría esperar reproche eterno, vuelve el Señor a regalar alegría.

               Jesús insiste con tres parábolas en el interés del Padre por recuperar lo que voluntariamente se perdió. Primero una oveja, luego una moneda, después un hijo. El pastor itinerante, la mujer que gestiona la economía doméstica entenderán uno y otro ejemplo. El que tenga hijos encontrará más facilidad para identificarse con el protagonista de la parábola del padre misericordioso y acoger su proceder. Pero solo el que haya tenido experiencia de la entrañable misericordia del Señor vibrará con la delicadeza divina y el derroche de su amor.

               La tragedia termina con encuentro y alegría compartida: amigos, vecinos, vecinas… los cercanos que podían entender. Próximos a Dios los ángeles y seres celestes, no dejan de alegrarse por cada uno que compartió con el Señor miserias, pero quiso, arrepentido, recibir de Él su riqueza que limpia y embellece. Por eso, es inexplicable que el que comparte la misma condición humana y pecadora no se conmueva por el perdón del hermano y dé gracias a Dios porque es eterna su misericordia. Dos razones para entender la actitud del hijo mayor: no tenía conciencia de su propio pecado, desconocía la inmensa riqueza de la paternidad, a pesar de vivir al lado del padre tanto tiempo.

               Cuando tengamos que compartir pecado con Dios, compartamos también arrepentimiento y compromiso para no volver a afear lo que Él plasmó con tanta hermosura, y aprendamos de la alegría de sabernos amados incondicionalmente, por lo que Dios hace en mí y por lo que hace en cada uno de sus hijos, con los que seguirá compartiendo ternura y perdón y la alegría del cielo. 

Monaguill@s

 

 

 

 

 

Sirviendo a Jesús en el Altar

Programación Pastoral 2021-2022