Ciclo A

Exposición del Santísimo Y Oración

 

Exposición del Santísimo 

En San Pedro Apóstol TODOS LOS JUEVES de 19.30 a 20.30

En Santa María TODOS LOS DOMIGOS de 19.00 a 19.30

En Las Mínimas TODA la mañana de 9.30 a 13.00

 

 

 

 

 

 

DOMINDO I ADVIENTO (ciclo A). 27 de noviembre de 2016

 

Is 2,1-5: No alzará la espada pueblo contra pueblo, no se adiestrarán para la guerra.

Sal 121, 1-2. 3-4a. 4b-5. 6-7. 8-9: Vamos alegres a la casa del Señor.

Rm 13,11-14: Comportaos reconociendo el momento en que vivís, pues ya es hora de despertaros del sueño.

Mateo 24,37-44: A la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre.

 

El rescoldo se esconde entre la ceniza como un resto moribundo de lo que antes fue una jocosa lumbre. No obstante, sigue conservando poder en lo discreto dispuesto a despertarse en cuanto se le vuelva a acercar nueva materia para la hoguera. Así llega la Palabra de Dios para atizar el corazón como unas brasas durmientes y silenciosas, nosotros, de las que se esperan rugidos de entusiasmo.

Tanto nos suena este Evangelio al de los días pasados al final del tiempo ordinario, que apenas parece que hayamos penetrado en un nuevo año. Lejos del Espíritu querer atemorizar, sí animar, rejuvenecer, pertrechar, remozar… Los miedos encogen el corazón, el Espíritu lo aúpa. No hay mejor estrado para él que un pálpito acorde a las necesidades del momento. Aquí se pone en pie el profeta, un gran lector del presente, pero vuelto hacia el porvenir; es capaz de interpretar lo que está sucediendo ahora engarzado en la historia global o total, conociendo su conclusión. Isaías nos despierta con una visión deliciosa en un momento político complicado para su pueblo, el reino de Judá, una época de debilidad política y de amenazas constantes. Lejos de una evasión de la realidad que están viviendo, proyecta un porvenir que no es utópico, sino esperanzado, promoviendo la consciencia de que la paz, la armonía, la alegría compartida serán posibles, porque Dios es su artífice y no el ser humano.

La comunidad cristiana de Roma podía tener el mismo sueño que los cristianos de ahora. La Carta que les dirige san Pablo pretendía agitarlos; podemos asegurar que lo consiguió si lo hace también con nosotros. El sueño se aspira por doquier, como un analgésico que relaja la realidad hasta ocultarla. Nosotros, como aquellos Romanos a los que se dirige san Pablo, podemos tener un tanto distraída la realidad de la venida de Cristo, cuya consciencia nos mantiene despiertos, porque nos hace estar a la expectativa y tener bien presente que hay que estar preparados; que, de algún modo, hemos de rendir cuentas a Dios de nuestros talentos. Entre el sueño y la mentira hay poco trecho y con facilidad se condesciende con la falacia en comunidad: como basar la prosperidad humana en el consumo indiscriminado, como despreocuparse del hambre y la guerra desde el presupuesto que no hay solución para ello, como una concepción del trabajo cuyo único aliciente es el salario y que el valor de la vida humana está en función de su utilidad o como la necesidad de Dios en la medida en que satisfaga ciertos anhelos y no estorbe para lo demás.

El Maestro apunta hacia un episodio universalmente conocido en la epopeya de aquella barca inmensa cargada de animales. Más importante era para el autor sagrado la reflexión sobre los motivos que condujeron a aquel Diluvio universal. Nos podemos reconocer en los humanos de aquel tiempo: comían, bebían, se casaban… hasta que llegó el Diluvio. Se habían deshumanizado, porque habían descuidado el sentido de su vida, que se aferró al momento como si fuera un absoluto, dejando de mirar a Dios que proporciona una perspectiva de horizonte y esperanza más allá de un hoy corto y limitado. Esa purificación que entonces vino por el agua, Dios la quiere con un despertar hacia Él en la conversión de corazón.

Es hora de despertarnos del sueño y abrir los ojos hacia Jesucristo, el Señor del tiempo y la historia y la eternidad. Nuestra historia personal está unida a la de la humanidad y a la suya. Necesitamos una lectura del presente para esperar con entusiasmo el futuro previsto, que será de gloria y no de destrucción. Nada está definitivamente apagado en nadie, que el Espíritu de Dios atice nuestras ascuas con profetas y otros medios, y ardamos de pasión por el que está viniendo para que abramos los ojos a la vida verdadera. 

Programación Pastoral 2021-2022