ORAR CADA DÍA

91.- Hoy, también llama...
Tiene veinticuatro años. Es una chica a la que no le falta nada y parece que le sobra todo. En su casa todo era armonía, no le falta, pan ni cariño, ni comprensión ni estímulo. Entonces, ¿qué? ¿por qué deja su casa, su carrera, su novio, su ambiente de amigos y parroquia donde compartía tantas ilusiones, tan ricas realidades y tan altos ideales? Un día, después de haberlo madurado mucho, cogió tres pantalones vaqueros, unas camisetas, dos o tres libros, y con el bolso, casi vacío de ropas y lleno de esperanzas y proyectos, se tiró marchó... un país cualquiera, una vida compartida con los pobres eran su destino. Adiós, adiós..., os llevo en el alma, padres, hermanos, amigos. No sé si donde voy habrá más felicidad. Sí sé que conmigo y en mí aumentará, al menos, la felicidad que busco, la que nace de la fidelidad a mi conciencia, a la esperanza, a la actitud de búsqueda y de solidaridad. Han pasado ya unos meses y llegan cartas. "Me siento feliz, aunque os añore y añore a mi país, pero me siento afortunada por haber podido realizar mis sueños, y lo que creo que es la voluntad de Dios, aunque sé que esto no lo entendéis muy bien. Pero, ¿cuánta gente conocéis que ha sido lo que quería ser? ¿O que ha escapado de la rueda del consumismo? Yo he tenido esa suerte. Me ha costado, os lo aseguro, pero al menos estoy comenzando a hacerlo, y de verdad que me siento liberada. No me preocupa el futuro porque siempre habrá algo que hacer, aunque se gane menos o se tengan arrugas. Me siento afortunada. (Alfonso Francia. "Testimonio...") Él llama (a dos coros) 1. Desde el Tercer Mundo, y también desde el primero, grita y llama. Él llama desde las orillas del lago de Tiberíades y desde la región de los Grandes Lagos africanos. Desde los pueblos que viven en la miseria y desde el Monte de las Bienaventuranzas lanza su llamada desesperada y esperanzada. 2. Él grita y llama desde las gargantas resecas de tanto gritar. Llama desde la voz de todas las gargantas sin voz. Su llamada se esconde en la música suave de la flauta y en el ronco redoble del tambor. 1. Desde los marginados, Él llama. Desde el anciano recluido en la residencia viendo acabar su existencia en la tristeza y en soledad, desde los millones de pupilas hambrientas, desde los pasillos limpios de los hospitales y desde los callejones mugrientos que jamás han visto un barrendero. Llama. 2. Desde las cárceles. En la soledad de cada preso. Él llama. Él llama hoy como ayer. En onda corta y en frecuencia modulada. Llama utilizando la tele o sirviéndose de Internet. Desde el Tabor y, sobre todo, desde el Calvario, Él llama. 1. Desde las primeras páginas de los periódicos y desde el teléfono de la esperanza. Su llamada está escrita en el rostro del mendigo, en la mirada baja del parado y en el rostro asustado del emigrante. 2. Su llamada está clara en la cara de la niña infectada de Sida que se queda sin amigos en la escuela, y en tantas escuelas sin maestros que quieran a los niños. 1. Es cuestión de querer leer, de querer mirar. No se trata de descifrar un jeroglífico. Es cuestión de quitarse las gafas de sol y de afinar el oído. Por Él sigue llamando. |
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