ORAR CADA DÍA

88.- Donde yo te envíe
Los ruidos de la vida de todos los días, las ilusiones vanas y ese sinfín de obligaciones, que en ocasiones nos impide pararnos y pensar, cierran las puertas a la llamada. Detente un poco y te darás cuenta que muchas veces vives en un estado de inconsciencia que te impide descubrir el porqué de lo que haces. Es necesario abrir bien los ojos, los oídos, la mente y el corazón y escuchar... Entonces verás que es posible oír la voz de Dios. Dios habla, y su palabra es percibida sólo por quienes han adquirido capacidad de escucha. Dios llama, y su llamada es capaz de transformar la existencia. Palabra de Dios (Jer. 1, 4-8) Vocación de Jeremías: El Señor
me dijo: "Antes de formarte en el vientre de tu Todo hombre es llamado (entre dos) 1. Señor, me has llamado a la existencia con un designio preciso, me has plantado en este mundo y has trazado un plan para mi vida, me has dado una vocación. 2. Tú me has llamado pero yo avanzo entre dudas, tú me has escogido pero me siento inseguro, siempre espero un gesto tuyo. 1. Me llamas a ser tu testigo entre los hombres; me invitas a dedicar mi vida al servicio de los demás. 2. Toma, Señor, mis manos para que puedas seguir bendiciendo a los hombres. Toma, Señor, mi cuerpo para que pueda acudir en ayuda de quienes me necesite; toma, Señor, mi corazón para que puedas seguir amando, a través de él, a las personas que están a mi alrededor. 1. Tú me llamas siempre, cuando lloro y cuando sufro, cuando trabajo y cuando amo, me llamas a la libertad. 2. Tú que estás conmigo en todo cuanto hago, tú que conoces el corazón de cada uno, ayúdame a vivir la vocación a la que me has llamado. Testimonio Desde pequeña deseé estudiar medicina. Como siempre sacaba buenas notas en el colegio, la dificultad de la carrera no me asustaba; al contrario, suponía un reto para mí y gozaba imaginando el día en que tendría el título en mis manos. Pero la medicina no me atraía por la investigación y el mero hecho de saber más y más, como a muchos de mis compañeros de Facultad; ni, por supuesto, me atraía por su prestigio o el dinero que después podría ganar con ella. Aquello era matar la medicina por la espalda. Mi ilusión era otra diferente: ayudar a los demás, pero sin facturas, sin hora de consulta, con generosidad y con gozo, el gozo de poder aliviar a tantos que sufren. Mi vida de estudiante siguió siempre el camino que conducía a esa meta. Hasta que descubrí otra mejor. Sin darme cuenta, aquellos deseos míos de ayudar a los demás con mis conocimientos médicos comenzaron a convivir en mi interior con el de seguir a Jesús en la vida religiosa. El también había dedicado su vida a ayudar a los demás... (Misión Joven Nº 119) |
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