ORAR CADA DÍA

87.- Sal de tu tierra

Dios llama de diversas maneras y en todas las épocas de la historia. La iniciativa parte de Él y siempre va acompañada de una misión. La llamada, la vocación es siempre personal. La recibe cada uno y cada uno tiene que responder. Si todavía crees que hablar de vocación, de llamada, es sinónimo de hacerse sacerdote o religioso/a, piensa que estás equivocado. Todo cristiano, por el hecho de ser bautizado, es llamado por Dios a vivir su fe y a dar testimonio de su compromiso como creyentes, aunque existen vocaciones de especial consagración en las que la llamada es más radical y directa: se trata de dejarlo todo por el Reino. Pedimos al Señor que "envíe obreros a su mies" para la construcción del Reino.

Palabra de Dios (Gen. 12. 1-5)

El Señor dijo a Abraham "Sal de tu tierra, de tu patria y de la casa de tu padre, y vete al país que yo te indicaré. Yo haré de ti un gran pueblo; te bendeciré y engrandeceré tu nombre. Tú serás una bendición. Yo bendeciré a los que te bendigan y maldeciré a los que te maldigan. Por ti serán bendecidos todos los pueblos de la tierra!". Abraham partió, como le había dicho el Señor...

Reflexión

Todo parece tan simple... -Sal de tu tierra, de tu patria de la casa de tus padres... Es decir, dejar tus seguridades, la vida cómoda que llevas, las cosas que tienes... -Y vete al país que yo te indicaré. Ni siquiera le dice dónde y para qué. Aceptar la llamada de Dios es un riesgo importante: todo es inseguridad, interrogantes, ponerse en camino hacia lo desconocido

- YAbraham partió como le había dicho el Señor. Es decir: se fió de Dios y comenzó una aventura. Creyó, abandonando su suerte en manos de Dios.

Oración en común (todos juntos)

Señor: no nos agrada demasiado eso de correr riesgos;
preferimos tener las espaldas bien cubiertas,
asegurarnos un futuro brillante,
ganar dinero e instalarnos lo mejor que podamos.
Y que nadie venga a complicarnos la existencia.

Sin embargo, tu sigues llamando.
Sigues invitándonos a ponernos en camino.
Sigues buscando personas a través de las cuales
prologar una historia de amor con los hombres.

Quisiéramos, Señor, parecernos un poco
a Abraham; creer como él; fiarnos plenamente de ti;
vivir la aventura de una amistad contigo.

Danos valentía para estar dispuestos a correr riesgos;
para ponernos en camino hacia donde tú quieras.

Desde el comienzo de este día nos ponemos en tus manos
y te ofrecemos todo lo que somos como gesto de amistad.

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