ORAR CADA DÍA

82.- La higuera estéril
Motivación No podemos negar hoy la vigencia de criterios tales como la "utilidad", la "rentabilidad"... a la hora de juzgar, no sólo cuestiones económicas, sino aprecios y valías de las personas, comportamientos sociales y personales. Valoramos lo práctico, lo útil, lo que es rentable. Nos hemos instalado en la mediocridad. ¡Y ni siquiera nos molesta! Hemos acabado acostumbrándonos a ella, como termina uno de acostumbrarse a una vieja prenda o a un vecino desagradable. Se nos ha dado casi todo, pero... ¿Estamos produciendo los frutos que Dios espera de nosotros? Escuchemos lo que nos dice Jesús a propósito de dar fruto. Palabra de Dios (Lc 13. 6-9) Y les dijo esta parábola: "Un hombre tenía una higuera plantada en su huerto. Fue a buscar fruto en ella y no lo encontró. Dijo al hortelano: Llevo tres años viniendo a buscar fruto en esta higuera y no lo encuentro. Córtala, ¿para qué va a ocupar terreno en balde? Pero el hortelano le contestó: Señor, déjala todavía este año; cavaré alrededor y la abonaré, a ver si da fruto. Si no, la cortas al año que viene". Reflexión ¿Qué te dice hoy esta Palabra de Dios? Tal vez tu vida esté siendo también estéril... porque estás centrándola sólo en ti mismo: tu familia, tus amigos, todas las personas con las que te relacionas han de girar en torno tuyo y las valoras en la medida en que sirven. Dar fruto significa justamente lo contrario. Es estar pendiente de quien necesita algo de ti: una palabra, un gesto, una parte de tu tiempo... Dar fruto es estar disponible, ser servicial, pensar en los demás, ser capaz de amar al otro sin exigir respuesta... Dios espera de mi que dé frutos. Debes ser capaz de dar frutos si no quieres que tu vida transcurra lánguida y mediocre. Silencio y oración personal... Oración en común (a dos coros) 1. Nos gustan, Señor, los cambios: cambiar de modelos, de marcas... Sin embargo, ya ves, Señor: en lo tocante al desarrollo de nuestras persona somos incorregibles: nos hemos instalado en el dorado encanto de la mediocridad y ¿para qué aspirar a más? 2. En nuestro trabajo de todos los días. En nuestras relaciones sociales. En nuestra vida familiar... Nos hemos convertido en el centro y queremos que todos giren en torno nuestro, que nos sirvan. Como la higuera estéril chupamos del terreno que hay a nuestro alrededor sin pensar que los demás esperan los frutos. 1. Aquí nos tienes, Señor, tan habituados a nosotros mismos que nos hemos acostumbrado a la mediocridad y nos sentimos bien en ella. ¡Cuánto tiempo sin dar golpe; sin dar frutos ni para ti ni para nadie...! 2. Sabemos que tu paciencia no se agota jamás, que tu capacidad de espera, no tiene límites. Por eso te decimos: danos una nueva oportunidad. Ten paciencia con nosotros todavía, Señor. Sigue llamándonos a la conversión, a cambiar de vida... |
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