ORAR CADA DÍA

80.- Quiero hospedarme en tu casa
Hay mucha gente que no cree posible un encuentro con Dios en su vida. No se siente feliz y sospecha que si dejar entrar a Dios en su vida posiblemente tengan que cambiar muchas cosas, por eso es mejor no complicarse con historias. Además, ante la gente conocida de siempre sería un gesto de debilidad. ¿Una persona como yo rezar? ¿Preocuparme de los pobres? ¿Ir a la Iglesia? ¿Qué van a decir...? Hoy vamos a contemplar a un personaje del Evangelio muy singular: Zaqueo. Un hombre de mala vida, alejado de Dios y sin escrúpulos, dispuesto a utilizar su cargo y su influencia para aprovecharse de los demás y enriquecerse a costa suya; pero un hombre que sintió en su propia carne lo que significa el encuentro con Dios. Palabra de Dios (Lc. 19, 1-10) Estaba Jesús en Jericó y andaba por la ciudad. Había allí un hombre, llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico. Intentaba ver a Jesús, pero no podía por la gente, porque era bajo de estatura. Se adelantó y se subió a una higuera para poder verlo, porque iba a pasar por allí. Cuando Jesús llegó al lugar, levantó los ojos y le dijo: "Zaqueo, baja enseguida, porque tengo que hospedarme en tu casa". Bajó enseguida y lo recibió muy contento. Al ver esto, todos murmuraban y decían: "Se ha hospedado en casa de un pecador". Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: "Señor, voy a dar la mitad de mis bienes a los pobres; y si he estafado a alguien, le devolveré cuatro veces más". Jesús le dijo: "Hoy ha entrado la salvación a esta casa, porque también éste es hijo de Dios. El hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido." Reflexión y silencio Merece la pena que te fijes en los detalles del pasaje que acabamos de leer: . El protagonista es un hombre rico, jefe de publicanos. Buscaba a Jesús. Pese a su categoría no duda en subirse a un árbol para ver a Jesús. . Jesús sale al encuentro de quien le busca: "... Baja enseguida, porque hoy tengo que hospedarme en tu casa". . Zaqueo se vuelve loco de contento por recibir a Jesús y el encuentro con él cambia su vida. . Todos murmuraban... ¡Qué importa! "Hoy ha entrado la salvación a esta casa". Gracias, Señor, porque sales a nuestro encuentro... ( a dos coros) 1. Gracias, Señor: tenemos que rendirnos ante ti, que amas sin medida al hombre, que haces concreto y personal ese amor llegándote a cada uno que se rompe, a quien está lejos y perdido pero te busca con ansiedad. 2. Gracias, Señor: tenemos que rendirnos ante ti, que te acercas al equivocado, al que pisa tu ley, sabia de verdad, al que partió de casa buscando atadas libertades, al que vive extraviado, sin rumbo. 1. Gracias, Señor: nos rendimos ante un Dios que no se ausenta ante el grito del vacío, que acude ante la situación perdida, que salta a la tierra y se hace hombre para recoger los cascos rotos de mi vasija y con el barro amoroso del perdón entre sus dedos la recompone exacta, llenándola de vida. 2. Gracias, Señor: nos rendimos ante ti que sin reproches nos dices: ¡Yo te perdono! ¡Queda limpio! ¡Vete en paz...! |
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