ORAR CADA DÍA

77.- Habrá más alegría en el cielo

Lector 1

¿Es posible que sea cierto, Señor, que tu corazón salte de alegría cada vez que decido remontar la pendiente, dar la espalda a un callejón sin salida, retomar el auténtico camino? ¿Es posible que aún te fíes de mí cuando yo mismo desconfío, siento así que ni me atrevo a mirarme? ¿Es verdad, Señor, que me sigues amando, que no tienes la menor intención de condenarme, que lo único que verdaderamente deseas es verme feliz?

Lector 2: Dios te dice hoy:

Si supieses cuántas veces he venido a golpear sobre las contraventanas de tu corazón; cuántas veces he esperado tu decisión de cambiar el rumbo, cuántas veces he aguardado el menor signo de retorno hacia mí...

Palabra de Dios

Se acercaron a Jesús los publicanos y pecadores para escucharlo. Y los fariseos y letrados murmuraban entre sí: "Ese acoge a los pecadores y come con ellos..." Jesús Les dijo esta parábola: "Si uno de vosotros tiene cien ovejas, y se le pierde una, ¿no deja las noventa y nueve en el campo y va tras la descarriada, hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; y al llegar a casa reúne a los amigos y a los vecinos para decirles: "¡Alegraos conmigo!, he encontrado la oveja que se me había perdido". Os digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse".

Oración en común (a dos coros)

1. ¡Tanta historia por una simple oveja...!
Y es que, a fin de cuentas, Señor,
el que seamos miles de millones de seres humanos
no te impide considerar único a cada uno.

2. Señor, tú que sales incansablemente al encuentro
de pecadores, publicanos, gente de mala vida,
enfermos, pobres y despreciados...,
ensancha mi mirada, tan estrecha
que apenas me permite reconocer ni a mis vecinos.

1. Tú, Señor, que con tu mirada,
tus gestos y tu vida entera,
revelas a cada uno
que el Reino del amor se le ha acercado,
abre mi corazón, tan pobre y reducido,
para que, aún en medio del anonimato,
ningún rostro carezca para mí de significado.

2. Gracias, Padre,
porque nos esperas siempre
y te alegras con nuestro retorno.
Tú preparas una fiesta, la Fiesta del Amor,
para quien regresa después de su extravío.
Tú preparas para cualquiera que desee volver
la fiesta del perdón, la fiesta de la vida,
la fiesta del amor que jamás desespera...

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