ORAR CADA DÍA

76.- Y, ¿quién es mi prójimo?
Motivación ¡Si esta historia ya nos la sabemos...! ¡La hemos oído y leído cientos de veces...! Al comenzar esta nueva jornada te invito a volver a escucharla con atención, como si fuera la primera vez que la oyes. Después ... sitúate en la escena y reflexiona para ver con qué personaje de los que por ella desfilan te identificas más. Si te sientes cristiano, seguidor de Jesús, no puedes vivir en la indiferencia ante situaciones parecidas que se te presentan cada día. Palabra de Dios (Lc. 10, 25-37) Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó. Tropezó con unos bandoleros que lo desnudaron, lo cubrieron de golpes y se fueron dejándolo medio muerto. Coincidió que bajaba por aquel camino un sacerdote y, al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. Lo mismo un levita, llegó al lugar, lo vio y pasó de largo. Un samaritano que iba de camino llegó donde estaba, lo vio y se compadeció. Le echó aceite y vino en las heridas y se las vendó. Después, montándole en su cabalgadura, lo condujo a su posada y lo cuidó. Al día siguiente, sacó unas monedas, se las dio al posadero y le encargó: cuida de él, y lo que te gastes te lo pagaré a la vuelta. ¿Quién de los tres te parece que se portó como prójimo del que tropezó con los bandoleros? Contestó: -El que lo trató con misericordia. Y Jesús le dijo: - Ve y haz tú lo mismo... Reflexión personal Detente un momento. Concéntrate en la escena y analiza la actitud de cada uno de los personajes: el jurista que pregunta a Jesús, los bandidos, el sacerdote y el levita ( hombres distinguidos, cultos, celosos del cumplimiento de la Ley), el samaritano (hombre extranjero...recuerda que los habitantes de Samaria eran despreciados por los judíos), el posadero... Examina cuál de estas actitudes refleja con más frecuencia la que tú mantienes ante situaciones similares: personas necesitadas que encuentras en la calle, compañeros del colegio a quienes se les hace la vida imposible,... tantos y tantos prójimos como encuentras en tu camino. Oración en común Hoy, Señor, nos interpelas enérgicamente y nos invitas a no confundir la práctica de un religión con las exigencias de la conversión verdadera. Nos recuerdas que no basta con creer con la cabeza, sino que es preciso creer también con el corazón y con las manos. Tú eres el Buen Samaritano, porque has sido el primero en querer ser prójimo de todo ser humano. Tu vida es invitación a abrir de par en par las puertas de nuestra casa. Tú haces desaparecer todas nuestras fronteras: de sangre, de raza o de religión. Tú nos revelas el signo de la verdadera conversión: salir de nosotros mismos, de nuestro egoísmo, para ir cada día, cada mañana, al encuentro de aquellos a los que tú nos pones en nuestro camino: el vecino que nos cae mal; el compañero de colegio al que preferimos ignorar; el emigrante que desconoce nuestras costumbres... Ayúdanos a ser "buenos samaritanos", para que el Reino del amor germine en nuestra tierra. |
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