ORAR CADA DÍA

50.- Te esperamos

¿Qué hemos hecho de la esperanza…?

Vino, pero ahora debemos esperarle de nuevo. No ya un grupo de elegidos tan sólo –el pueblo de Israel-, sino todos los hombres y más que nunca. El Señor Jesús no vendrá rápidamente más que si lo esperamos mucho... pero, ¿qué hemos hecho de la esperanza? Cristianos, encargados tras Israel de conservar siempre viva sobre la tierra la llamada del deseo: tan sólo veinte siglos tras la ascensión, ¿qué hemos hecho de la espera? En verdad, ¿cuántos de entre nosotros se estremecen realmente en el fondo de su corazón, con esperanza loca en una refundición de nuestra tierra, quiénes son los que navegan en medio de nuestra noche, pendientes de las primeras luces de un oriente real? Seguimos diciendo que velamos en la expectación del Señor. Pero, en realidad, no esperamos nada. Hay que reavivar la llama a cualquier precio. A toda costa hay que renovar en nosotros el deseo y la esperanza del gran advenimiento. ¿Dónde hallar la fuente de rejuvenecimiento? En una conexión más íntima entre el triunfo de Cristo y el esfuerzo de los hombres por edificar aquí abajo el Reino que Él nos anunció.

(Teilhard de Chardin)

Diálogo

* Señor, has venido a traer la alegría. ¿Cómo ser felices con las crónicas de odios, sangre, miseria y mezquindad escritas cada día?

T. Tu alegría, Señor, no ha venido aún a nosotros. Por eso te decimos con fuerza: ¡Ven, Señor, te esperamos!

* Tú has venido a traer la paz.
¿Cómo hablar de paz cuando tantas cosas nos hablan de
violencia: se mata al inocente, se deja morir de hambre a
los más pobres y entre nosotros se exalta la "ley del más
fuerte"?

T .Tu paz, Señor, no ha venido aún a nosotros por eso te decimos:
¡Ven, Señor, te esperamos!

*Tú has venido a traer justicia.
¿Cómo hablar de justicia cuando unos pocos acaparan las
riquezas de todos, cuando se discrimina al extranjero y se
pisotean los derechos de los más débiles?

T. Tu justicia, Señor, no ha venido aún a nosotros.
Por eso te decimos:
¡Ven, Señor, te esperamos!

Esperarte... (todos juntos)

Adviento, espera llena de ansiedad,
largo invierno antes de la primavera;
días que nos acercan al misterio
de una noche de contemplación.

Adviento, alguien llama a la puerta de nuestro corazón.
Un extranjero, un desconocido,
un peregrino llamado "Hijo de Dios",
hermano de los hombres.

Esperarte es prepararnos a la fiesta, la fiesta de los pobres,
la fiesta de una oración simple y gratuita,
la fiesta de la vida entregada al servicio de los hombres.

Esperarte es buscar en el silencio y la soledad,
en los campos florecidos y los áridos desiertos,
y encontrar la frescura de tu ausente presencia,
la fragilidad de tu silencio, lleno de palabras.

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