ORAR CADA DÍA

42.- Dichosa tú porque creíste

Motivación

¡Todo fue muy hermoso! yo vivía en Nazaret, en Galilea, y mi vida era la vida de todas las jovencitas del pueblo; trabajo, oración, pobreza, mucha pobreza, alegría de vivir y, sobre todo, esperanza en el destino de Israel. Viví con Ana, mi madre, en una casita sencilla, como lo eran todas las de la aldea. Rezaba sentada en un taburete. Tenía los ojos medio cerrados y sentía que una alegría me invadía toda. La luz aumentaba y comencé a dejarme inundar por aquella luz. De pronto oí con claridad una voz: -"Yo te saludo, María, llena de gracia, el Señor está contigo..." Permanecí quieta y sentí un poco de miedo porque aquello me parecía todo un poco extraño. Enseguida me dijo: -"No temas, María, tranquilízate, que Dios ha visto tu humildad. Concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús..." Aquello me incomodó aún más porque no entendía lo que me quería decir. Después de explicármelo, comprendí que Dios me había elegido para una misión hermosa e, inundada por una gran alegría, sentí que no podía decir otra cosa que: "Aquí me tienes, Señor, soy tu esclava, que se cumpla en mí lo que has dicho".

Palabra de Dios

"El ángel le contestó: el Espíritu Santo vendrá sobre ti y te cubrirá con su sombra... Por eso al que va a nacer lo llamarán consagrado, hijo de Dios... María contestó: "Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí lo que has dicho". Y el ángel la dejó.

Reflexión

Debía aceptar el papel de muchacha madre. ¿Quién iba a creerla? ¿Quién iba a creer las palabras de una muchachita que al llegar a casa diciendo: este niño que llevo en mi viento es el Hijo de Dios? En mi casa, por lo menos, había recibido una bofetada de mi padre, en otras le habrían dicho: Vete, no queremos volver a verte, porque has deshonrado a la familia. En alguna casa árabe o judía de tiempos pasados... hubiera corrido la sangre. María, por la fe, tuvo el valor de confiar en el Dios de lo imposible. Y dejarle a El la solución de sus problemas. La suya era fe pura.

Oración en común

Danos, Señor, la alegría de descubrir
a tu Madre diciendo "sí".
Danos, Señor, la alegría de entrar en el silencio
y la espera de tu Madre.

Danos, Señor, la finura de María
para guardar la Palabra como ella la guardó.

Danos, Señor, ojos, de sorpresa para contemplar
y descubrir todo el misterio de Dios
en la fragilidad pequeña de un niño recién nacido.

Danos, Señor, fe para reconocerte
en la presencia de los hombres, nuestros hermanos,
en especial de quienes sufren dolor, violencia e injusticias.

Danos, Señor, manos para tratarte y acogerte
con la ternura de las manos de tu Madre, María.

Copiar e Imprimir AQUÍ

Guardar: botón derecho... y guardar destino como...

Imprimir: Pinchar en el icono de word

[Recursos] [Orar cada día]

[Inicio] [Santa María] [San Pedro] [Arciprestazgo] [Entra al Foro] [Noticias] [Religiosas/os] [Consejos] [Evangelización] [Acción Social] [Liturgia] [Homilía] [Reina de los Ángeles] [Gracias] [Enlaces] [Artículo Semanal] [Reflexión de Pepe]