ORAR CADA DÍA

41.- Esperar con María

María del Adviento

Hemos dicho tantas veces
que la vida es un continuo Adviento
que ya casi no nos lo creemos.
María sí lo creyó. María sí lo esperó,
lo esperó con toda su alma,
en tensión fuerte como una ballesta,
suave como la tierra seca
que en silencio espera la lluvia.
Esperanza constante, incansable y total.
¿Por qué así?
¿Cómo pudo ser que una criatura
esperara tanto a Dios
que Éste llegara a venir "tanto" y tan totalmente?
La respuesta está en las palabras de Jesús:
"Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra,
porque has escondido estas cosas
a los sabios y entendidos
y las has revelado a la gente sencilla".

Momentos de reflexión personal y silencio

Palabra de Dios (Isaías 11, 1-10)

En aquel día brotará un renuevo del tronco de Jesé,
un vástago florecerá de su raíz.
Sobre él se posará el espíritu del Señor:
espíritu de ciencia y discernimiento,
espíritu de consejo y de valor,
espíritu de piedad y temor del Señor...
No juzgará por apariencias, ni sentenciará de oídas;
defenderá con justicia al desamparado,
con equidad dará sentencia al pobre...
Aquel día el Señor tendrá otra vez su mano
para rescatar el resto de su pueblo.

Reflexión

María pertenece al grupo de los "pobres de Yahvé", aquellos que creían que las palabras del profeta un día se harían realidad; por eso espera confiadamente. El panorama que nos describe el profeta, hoy, cuando contemplamos nuestro mundo, nos hace sonreír. Esperar, como esperó María, significa creer que, de verdad, Dios puede transformar la realidad de nuestro mundo, creer que su venida no fue en vano. Hay un problema: en Israel muy pocos reconocieron al Mesías. Sólo en los pobres encontró eco el mensaje de Jesús. María estaba entre esos pocos porque entendía lo que significa la sencillez de corazón. Esperar con María, en Adviento, significa sentirnos pobres, necesitados de salvación.

Oración: Santa María de la espera

Señor, haz de mí un creyente que sepa esperarte;
un creyente que viva esperándote;
un creyente que pueda reconocerte cuando,
sin avisar, llegues a la puerta de mi corazón
para pedirme un sí, como el de María.
Ayúdame a comprender las esperanzas
de los hombres y mujeres que viven a mi lado,
desesperando muchas veces,
como si tú no existieras,
como si tú no fueras a llegar nunca.
Santa María de la espera,
modela en mi alma una esperanza fuerte,
que no se derrumbe cuando llegue la dificultad.
Tú que asumiste todas las esperas de tu pueblo
y supiste responder al instante
a lo que Dios te pedía,
dame un corazón sencillo
capaz de acoger al Dios que llega.

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