ORAR CADA DÍA

37.- Pan compartido

Esperando mi turno en la librería oí cómo un muchacho preguntaba a su madre: ¿qué voy a comer hoy? Eran sólo las 11.00 de la mañana. ¡Cuánta preocupación por la dichosa comida! La cosa es más seria todavía si tenemos en cuenta que, de todas formas, la mesa estará puesta. No importa que nos lo hayamos ganado o no. Una mesa bien repleta. También nos pertenece el derecho a quejarnos si algo no nos gusta. Y, por supuesto, tenemos el derecho del mundo a tirar lo que nos ha sobrado. Muchas veces nos preocupa tomar excesivas calorías... ¡Cuántos problemas ocasionan esos kilogramos de más...! Perdona, Señor, nuestra inconsciencia.

El pan compartido sabe mucho mejor...

(Leer entre varios, una estrofa cada uno)

Todos los sabemos.
Millones de personas pasan hambre ayer, hoy, mañana.
No pueden trabajar porque no tienen qué comer.
Mueren jóvenes porque no tienen qué comer.
Hay millones de personas que llevan la muerte grabada en
la cara y en el cuerpo. ¡Ésta es la mayor lacra de nuestro siglo!

Hay personas tiradas, exhaustas y muriendo de hambre
sobre la misma tierra que nosotros, bien cebados, andamos, trotamos, corremos y volamos en plan de deportistas,
políticos, directivos, turistas o gente de prensa.

¿Qué hacemos nosotros los de la mesa bien puesta, aire
acondicionado y cama bien mullida? ¿No se nos rasgaron
las entrañas cuando confrontamos por vez primera esta
tragedia mundial? ¿Nos hemos habituado a ella?
¿Temblamos de compasión?¿Hablamos siquiera del asunto o le echamos la culpa a otros?

Los aspavientos de nada sirven. Y la compasión, tampoco.

No vale mucho hablar del tema,
y echar la culpa a los demás es cobardía.
¡Tenemos que compartir!
Compartir el pan quiere decir compartir lo que tenemos,
nuestros haberes y bienestar, el lujo y las comodidades.

Reparte tu pan y te sabrá mejor.
Reparte tu dicha y la tendrás mayor.
Ellos demasiado pobres y nosotros ¡demasiado ricos!
Vivir significa dar y tomar. ¡Nosotros tomamos demasiado!

(Phil Bosmans, "Las flores del bien")

Palabra de Dios (Lc. 6, 20-25)

Entonces, Jesús, levantando los ojos hacia sus discípulos, comenzó a decir: "Dichosos los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios. Dichosos los que ahora tenéis hambre, pues seréis hartos... Pero, ¡ay de vosotros, los ricos, porque ya tenéis vuestra consolación! ¡Ay de vosotros los que ahora estáis hartos, porque tendréis hambre!..."

Oración conjunta

Danos, Padre, la fuerza necesaria para cambiar este mundo, para cambiar nuestras vidas, lo que tú deseas que cambie. Haznos, Padre, pobres y servidores, desprendidos y dispuestos a compartir. Sabes que no vestimos de púrpura, pero tenemos ropa suficiente. Sabes, Padre, que es verdad que no banqueteamos, pero todos los días comemos en una mesa bien surtida. Sabes, Padre, que nuestras cosas son de todos, pero a veces las cerramos con llave. Danos entrañas de amor y misericordia. Y conviértenos a tu Reino. Amén.  

Copiar e Imprimir AQUÍ

Guardar: botón derecho... y guardar destino como...

Imprimir: Pinchar en el icono de word

[Recursos] [Orar cada día]

[Inicio] [Santa María] [San Pedro] [Arciprestazgo] [Entra al Foro] [Noticias] [Religiosas/os] [Consejos] [Evangelización] [Acción Social] [Liturgia] [Homilía] [Reina de los Ángeles] [Gracias] [Enlaces] [Artículo Semanal] [Reflexión de Pepe]