ORAR CADA DÍA

31.- En el hospital

¿cuántas preguntas sin respuestas…?

* Me acaban de dar los resultados de las distintas pruebas. No me lo puedo creer. ¿Por qué, Señor?

* No es posible que esto me pase a mi. ¿Cómo puedes permitir todo esto? ¿Por qué a mí, Señor?

* No puedo creer que esté enfermo: devuélveme la salud. Todavía son muchas las personas que me necesitan... ¿Acertarán con la causa de mi mal? ¿Es cierto que me tengo que morir?

Ante el binomio "Dios-enfermedad" nos acecha la duda: "Sufro, luego Dios no existe". Pero ¿por qué no esta otra explicación?: "Si Cristo sufrió , por lo que sufrió y para lo que sufrió, he ahí el sentido de mi dolor: ser instrumento de salvación..." Entonces, la enfermedad, en vez de ser algo contra lo que hay que rebelarse puede ser oportunidad de encuentro con Dios, criterio para relativizar los valores en que creíamos, tiempo para la gracia... Desde la fe todo encaja; aunque nos rebelemos contra la cruz del dolor, de la enfermedad, de la muerte inesperada. Y todo encaja porque en la cruz, el Hijo de Dios se hizo solidario con la historia dolorosa de los hombres.

Palabra de Dios (Mt. 27)

"Después de haberse burlado de él, le quitaron la túnica, le pusieron sus ropas y lo llevaron a crucificar... Los que lo crucificaron se repartieron sus vestidos y se sentaron allí para custodiarlo... Desde el mediodía se oscureció toda la tierra hasta las tres de la tarde. Entonces Jesús grito con fuerte voz: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?... Y dando un fuerte gripo expiró..."

Oración en común (lector y todos)

L. Padre, Dios: me han dicho muchas cosas de ti, pero desde el seno materno, sé una muy sencilla que colma todo mi ser de alegría: que eres AMOR, que eres mi PADRE.

T. Creo en tu AMOR inclinado siempre hacia mí, entrañablemente escondido en mí, para hacerme descubrir el mundo con tu misma mirada. Creo que tu rostro de Padre que me habita, que expresa en mí la ternura de un Dios, que me cubre en mi debilidad con su fuerza salvadora y me impulsa hacia mis hermanos, los hombres.

L. Padre, pusiste sobre mí tu mano desde el alba de mi vida; me diste un corazón para amarte y unos labios para bendecirte y llamarte Padre. Creo en tu amor, que me cubre con su sombra, en mis caminos de desierto y en mis días de sol, en mis noches de lágrimas y en mis amaneceres de alegría.

T. Creo en ti, Jesucristo, mi hermano y Señor, mi amigo y mi Salvador. Creo en ti, hecho por mi y por los hombres de todos los tiempos, "un hombre cualquiera". Creo en ti, en tu amor hasta la muerte en cruz.

L. Creo en tu amor a los hombres, y que este amor te lleva y te llevó a sufrir el dolor y la agonía de todos, en Getsemaní y en el Calvario. Creo en tu amor, aun en la presencia del mal.

T. Creo en el amor con que sufriste y sigues sufriendo en cada hombre maltratado. Viviste todas las agonías de tantos hermanos tuyos que postrados en el lecho del dolor se rebelan ante la enfermedad y la muerte. Creo en ti, creemos en ti, Señor y Salvador, y aunque el dolor llame a nuestras puertas seguiremos creyendo en tu amor.

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