ORAR CADA DÍA

30.- El autobús

Motivación

El autobús y el metro son también lugares de encuentro con Dios: ¿Te has dado cuenta que casi todos los días te cruzas con las mismas personas al acudir al colegio? Hombres y mujeres, niños y ancianos, jóvenes que acuden a su tarea de cada día: el estudio, el trabajo, la calle, la carretera... Cada uno con su rutina, con sus problemas de encima, con sus ilusiones y esperanzas, con su cansancio o sus energías renovadas por el sueño de la noche. Éste es tu mundo, Señor, nuestro mundo. Éstos somos nosotros, los hombres a quienes amas; a cada cual con su propia historia.

Oración de alabanza y de súplica

(Cada párrafo una persona distinta del grupo)

Te alabo, Señor, por las personas que he encontrado en la calle mientras esperaba el autobús o caminaba. Te doy gracias por el saludo de simpatía que compartí con mis amigos en la calle.

A través de los cristales contemplo. Te alabo por el hombre que anda encorvado, balanceando una bolsa: que si le pasan los años no le pase el alma. Te alabo por la mujer que cruza la calle con un niño en el carrito y otro en la mano. Ayúdale a ser madre.

Te alabo por los niños y jóvenes con sus mochilas a la espalda, cargadas de horas de estudio, de interrogantes y esperanzas. Ayúdanos a crecer felices y en armonía.

Te alabo por el municipal que ordena el tráfico, el barrendero que limpia la acera, el empleado municipal que riega el jardín: ayúdales a entender su trabajo como prolongación de tu obra creadora.

Te alabo por aquel joven matrimonio, por la embarazada que espera expectante el día para alumbrar una nueva vida. Bendice esa nueva vida y todas las vidas que están por nacer. Haz que ninguna de ellas se trunquen por insensatez, ignorancia o comodidad.

Sin intentarlo, oigo cómo se lamenta de su suerte el que se ha sentado detrás de mi en el autobús. Creo, Señor, que eres bueno, pero me cuesta ver tu bondad entre tanta miseria y tanto egoísmo, entre tanta violencia y dolor. Creo que viniste a salvarnos a todos, a liberarnos del mal a todos; pero, ¿cuándo vendrá tu salvación?¿Por qué el mal se ceba sobre todo en los pobres?

Es el final del trayecto. A veces me siento como una gota de agua perdida en el inmenso mar. La ciudad ya ha despertado y todo es una barullo de gentes que va y vienen, suben o bajan, entran y salen.

Te doy gracias, Señor, porque, aunque a veces me siento importante, he visto que no soy más que uno de tantos. Gracias porque, aunque me siento tan poca cosa, sé que para ti soy importante. Gracias porque cuidas de cada ser en el mundo y ninguno se escapa a tu presencia y a tu amor.

Te alabo y te doy gracias, Señor, porque tú no puedes olvidarme ni puedes dejarme. Porque siempre estás conmigo, presente en mí y en todo lo que me rodea.

Gracias por este mundo inmenso creado por ti, con infinitas criaturas, todas singulares y distintas, y todas guiadas por tu mano amorosa.

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