ORAR CADA DÍA

29.- Al despertar

Son las 7,00. Supongo que a las 7,00 de la mañana ya estás despierto y dispuesto a escuchar nuestras oraciones. Supongo, Señor que ves a los que salen ya hacia su trabajo (¡qué suerte tener trabajo!) y que les acompañas en la madrugada, cuando el sol todavía no les acompaña.

Supongo que no te extrañarás de que los coches vayan a estas horas más veloces que durante el día. Y que, como no hay todavía guardas urbanos, les enviarás alguna protección especial para protegerlos.

Supongo que ves a los que duermen en la calle, o en las entradas del metro, o en los portales... Mira que las estrellas, tus estrellas, no les olvidan.

Supongo que también ves cómo algunos hombres y mujeres están todavía en la calle, porque anoche no regresaron a casa; hay quienes aún apuran el último trago de la noche.

Supongo, Señor, que escucharás también el canto gregoriano de quienes han elegido hacer de la alabanza a ti la razón principal de su existencia.

Supongo, Señor, que tú siempre estás con nosotros, con todos nosotros y a todas las horas del día y de la noche. Siempre estás despierto esperándonos.

Creo, Señor, no supongo; creo que todo esto es así. Y por eso comienzo mi día dirigiendo mi mirada a ti; por eso, Señor, te alabo y doy gracias al comenzar este día.

Palabra de Dios (Mc 1, 35-39)

"Se levantó de madrugada y salió; se marchó a un descampado y estuvo orando allí. Simón y sus compañeros fueron tras Él y al encontrarlo le dijeron: Maestro, todo el mundo te busca. El respondió: Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, que voy a predicar también allí; para eso he venido. Y fue predicando por aquellas sinagogas, por toda Galilea, curando a los enfermos y expulsando a los demonios.

Oración de alabanza (a dos coros)

* Te alabamos, Señor, por la vida que nos acabas de regalar para hoy y que nos mantendrás a cada instante.

- Te alabamos, Señor, por las flores del jardín en primavera y por el sol tímido del invierno, por las cumbres nevadas de las montañas y por la alegría del agua descendiendo por el valle.

* Te alabamos por los atardeceres tranquilos e interminables con que nos regales; y por la noche que viene temblorosa y descorre poco a poco, el velo de sus estrella.

-Te alabamos, Señor, por la brisa suave de la mañana que nos acaricia el rostro y nos despierta a la vida.

* Te alabamos con los niños que juegan confiados en el parque, seguros de una presencia cercana de la madre.

- Te alabamos con los ancianos que caminan pausadamente por los parques o descansan en el banco contemplando el ir y venir de los viandantes.

* Te damos gracias, Señor, por las cosas pequeñas que nos alegran cada día. Gracias por todas las cosas insignificantes, casi imperceptibles, que salpican de serenidad nuestro vivir.

Copiar e Imprimir AQUÍ

Guardar: botón derecho... y guardar destino como...

Imprimir: Pinchar en el icono de word

[Recursos] [Orar cada día]

[Inicio] [Santa María] [San Pedro] [Arciprestazgo] [Entra al Foro] [Noticias] [Religiosas/os] [Consejos] [Evangelización] [Acción Social] [Liturgia] [Homilía] [Reina de los Ángeles] [Gracias] [Enlaces] [Artículo Semanal] [Reflexión de Pepe]