ORAR CADA DÍA

129.- ¡Es el Señor!

Motivación

La presencia del Resucitado quita los miedos y las dudas, aumenta la fe y devuelve la paz. Pero no siempre resulta fácil. No era fácil para los discípulos creer que Jesús realmente vivía. No sabemos exactamente cómo eran estas experiencias pascuales. ¿Podrían dejar alguna duda o sospecha? ¿No habría en todo algo de alucinación? Jesús ofrece las pruebas de sus heridas, las pruebas de la comida - el pan y el pez - la prueba de la palabra - les abre el entendimiento de las Escrituras- y la prueba de los frutos que va dejando su Resurrección: paz, alegría, fortaleza, cambio del corazón. Las dudas y los miedos han desaparecido.

Palabra de Dios (Jn. 21, 4-13)

Al amanecer estaba Jesús en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús. Jesús les dijo: "Muchachos, ¿tenéis algo que comer?" Le contestaron: "No". Él les dijo: "Echad la red al lado derecho de la barca y encontraréis". La echaron, y no podían sacarla por la cantidad de peces. Entonces el discípulo preferido de Jesús dijo a Pedro: "Es el Señor". Simón Pedro, al oír que era el Señor, se vistió, pues estaba desnudo, y se echó al mar. Los demás discípulos llegaron con la barca, ya que no estaban lejos de tierra, a unos cien metros, arrastrando la red con los peces. Al saltar a tierra, vieron unas brasas y un pescado sobre ellas, y pan. Jesús les dijo: "Traed los peces que acabáis de pescar". Simón Pedro subió a la barca y sacó a tierra la red llena de ciento cincuenta y tres peces grandes. Ya pesar de ser tantos no se rompió la red. Jesús les dijo: "Venid y comed". Ninguno se atrevía a preguntarle. "¿Tú quién eres?", pues sabían que era el Señor. Entonces Jesús se acercó, tomó el pan y se lo dio; y lo mismo el pescado.

Reflexión: Los apóstoles reconocieron a Jesús y pudieron decir: ES EL SEÑOR. Es cuestión de fe. Reconocerle como Señor de nuestras vidas significa alterar nuestra escala de valores, poner cada cosa en su sitio, dar importancia a lo que verdaderamente lo tiene, reservar momentos para el encuentro con aquel que decimos es el Señor de nuestras vidas, y esforzarnos por llevar su mensaje a quienes nos rodean.

Oración (a dos coros o entre dos compañeros - as)

1. Quédate con nosotros, Señor
porque te necesitamos.
Quédate con nosotros, Señor,
y enséñanos a leer y comprender
las Escrituras que hablan de ti.

2. Quédate con nosotros, Señor.
Comparte el pan de nuestra mesa
y un vaso de nuestro vino.
Hazte cercano a nuestras vidas,
acompaña nuestro caminar.

1. Quédate con nosotros, Señor,
y háblanos del Padre.
No te canses de decirnos
el amor que Dios nos tiene.

2. Quédate con nosotros, Señor,
y abre nuestros ojos tan miopes
para distinguir tu presencia.
Abre nuestros ojos para descubrirte,
como los discípulos de Emaús,
caminando a nuestro lado.

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