Ciclo B

SOLEMNIDAD DEL NACIMIENTO DE SAN JUAN BAUTISTA. 24 de junio de 2018

 

Is 49,1-6: Estaba yo en el vientre, y el Señor me llamó.

Sal 138: Te doy gracias, porque me has escogido portentosamente.

Hch 13,22-26: Antes de que llegara, Juan predicó a todo Israel un bautismo de conversión.

Lc 1,57-66.80: Juan es su nombre.

¿Quién sabe por qué fuimos nosotros los que cuajamos en las entrañas? ¿Quién puede decirnos por qué prosperamos hasta ver la luz y nos diese la bienvenida el mundo? Hemos sido elegidos para la vida. Ante eso solo podemos corresponder con un “gracias”.

            ¿Por qué se nos ha dado también un nombre personal, particular?  ¿Quizás para hacerlo propio y diferente a todo otro nombre, con el que nos identificamos y formamos parte de la realidad de este mundo? Hemos sido llamados, y solo podemos reconocernos en ese nombre si antes damos crédito a quien lo pronuncia llamándonos. Solo puedo saber que yo soy, si sé que Tú eres.

            ¿Para qué una elección y una llamada si no puedo yo también elegir y llamar? ¿No formaremos parte de un proyecto, de una historia de salvación? Y si no podemos ofrecer lo que tenemos y somos, ¿Cómo podremos protagonizar esta historia que va a definir nuestro propio fin? Si no nos queremos quedar al margen de la colaboración en esta historia, habremos de responder: “Aquí estoy”.

            El puesto singular de Juan, el de Isabel y Zacarías, el elegido por el Señor desde antes de su concepción es la concreción en su persona, también singular de una vocación, una llamada y una misión. Hereda el oficio de los antiguos profetas y lo desempeña como el que grita para convocar a la preparación de la llegad del Mesías. El anuncio de su llegada, su concepción y su nacimiento, descritos en paralelo a la historia de los preámbulos de la encarnación del Señor, a quien él anuncia y dispone el camino, manifiestan esa elección divina para una misión particular.

            El único santo, además de la Virgen María, cuyo nacimiento se celebra en la liturgia. Además con solemnidad. Él sabe lo que no es, consciente de que no debe asumir lo que no se le ha pedido, lo que le corresponde a otros y al mismo Mesías, y conoce lo que es; por ello no pretenderá un puesto ajeno a su misión. Su vida es, insisto, elección, llamada y misión. Su identidad quedó bien definida en su relación con Dios. Precediendo al Salvador con su vida y su anuncio, nos precede también a nosotros para enseñarnos a entendernos con relación a Dios que nos ha elegido, llamado y enviado. ¿Seremos lo suficientemente agradecidos para darnos cuenta del don de Dios? ¿Qué tenemos un nombre, el de hijos de Dios, y sino en Él encontraremos nuestra identidad? ¿Pondremos delante nuestras propias aspiraciones o querremos formar parte de la historia de la salvación atentos a la voluntad de Dios? En san Juan encontramos aquello que puede Dios conseguir en la tierra humana cuando se abre generosa a su llamada. 

Monaguill@s

 

 

 

 

 

Sirviendo a Jesús en el Altar

Programación Diocesana "Conversión Misionera, Personal y Pastoral" 2018-2019


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