Ciclo B

Orar en Cuaresma, Semana de Pasión Y Pascua de Resurrección

Hoy se nos invita a orar, llenos de ALEGRÍA, GOZO porque ÉL que murió en la CRUZ y fue sepultado, VIVE, ÉL es LUZ DE VIDA, ESPERANZA. Invitamos a que vean el vídeo

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Resucitó Aleluya, Aleluya ¡¡¡¡

FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN

Él es LUZ de VIDA

DOMINGO III DE PASCUA (ciclo B). 15 de abril de 2018

 

Hch 3,13-15.17-19: arrepentíos y convertíos, para que se borren vuestros pecados.

Sal 4,2.7.9: Haz brillar sobre nosotros la luz de tu rostro, Señor.

1Jn 2,1-5: Quien guarda su Palabra, ciertamente el amor de Dios ha llegado en él a su plenitud.

Lc 24, 35-48: ¿Por qué surgen dudas en vuestro interior? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona.

 

La prensa, a través de los acontecimientos cotidianos que nos comunican, ofrecen la posibilidad de actualizar preguntas que ayudan a reflexionar, transcendiendo el hecho concreto que transmiten. Bien es cierto que en la mayoría no nos preocupamos por planteamientos mayores ni llegamos, menos aún, a profundidades. La oportunidad de estos días concierne al tema de la verdad y su ausencia o su rival, la mentira (protagonista mediático de estos últimos días). Una definición clásica habla de la verdad como la adecuación a la realidad. Esto desemboca en otra cuestión: ¿qué es lo real?

            El ajuste a la realidad supone uno de los más relevantes esfuerzos. El trabajo en esta materia no asegura el éxito. Desde la pregunta particular y personalísima: ¿Qué soy? ¿Qué estoy llamado a ser? Cada respuesta conlleva una serie de consecuencias. La presunción de que mi realidad la construyo yo aboca a una vivencia de la verdad individual y subjetiva. Y, no obstante, internamente golpean los mismos deseos de plenitud y felicidad en todos.

La fe en Jesucristo nos descubre la Verdad de un Dios que nos ha creado por amor con el proyecto de que vivamos para la eternidad en gloria de resurrección. Por ello su Hijo se encarnó, murió en la Cruz y fue resucitado. Y, al mismo tiempo, no dejamos de ser un cuenquito de debilidad, torpezas y limitaciones. La renuncia a la verdad está motivada por el miedo al reconocimiento de estas fragilidades y al desconocimiento del Resucitado, que disipa todo temor.

Las palabras del libro de los Hechos de los Apóstoles que hemos escuchado corresponden a un mentiroso, Pedro. Tuvo miedo ante quienes le interrogaban sobre su Maestro apresado y negó conocerlo tres veces. La mentira no desacredita perpetuamente, sino que advierte sobre la propia debilidad e invita a la búsqueda de la verdad. Aquí tenemos a Pedro predicando sobre la Resurrección de su Señor. El encuentro con el resucitado hizo revivir al apóstol para la verdad y a lanzarse a predicarlo.

Este Cristo es la Verdad y solo configurando nuestra vida con Él podremos ser nosotros verdaderos, cuando integramos que venimos de Él y vamos hacia Él, viviendo  en coherencia con relación al que creemos vivo, conforme al proyecto personal de Dios para cada uno, en Cristo. Las señales de clavos en manos y pies aclaraban que Él era el crucificado ahora vivo. Tras la muerte de Jesús se encontraron con el mismo poder extranjero dominante y opresor, las mismas autoridades judías aferradas a sus tradiciones y privilegios, el mismo apego a ciertos ritos y normas superpuestos a las personas… La derrota de la Verdad se confirmaba en cada una de estas continuidades. Y sin embargo todo había cambiado, porque el corazón humano había encontrado la Verdad de su existencia en este Dios misericordioso cuya historia encuentra verosimilitud en cada vida y en la historia humana. Porque sus heridas son mostradas desde la misericordia y no el reproche ni la intención de castigo; porque toda su historia puede ser interpretada desde el triunfo de Dios sobre las expectativas humanas, mentirosas en cuanto que no esperan lo que su Señor ha prometido y, por miedo a la verdad, renuncian al encuentro con el Resucitado, teniéndolo más por fantasma que por Aquel con el que tengo que ser configurado por su Espíritu.

A más mentiras, más distancia de creernos que Él realmente tiene que ver con lo que somos y estamos llamados a ser. ¿Para qué hambrear donde no sé nos ha pedido una realidad que no nos corresponde, despreciando el proyecto de Dios para mí en su Hijo resucitado? Que su luz, la que irradia de su rostro, llegue a nosotros para desenmascarar nuestras mentiras y hacernos amigos incondicionales de la Verdad. 

Monaguill@s

 

 

 

 

 

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