Ciclo B

Adviento

DOMINGO IV CUARESMA (ciclo B) "LAETARE". 11 de marzo de 2018

 

2Cr 36,14-16.19-23: El Señor, Dios de sus padres, les envió desde el principio avisos por medio de sus mensajeros

Sal 136,1-2.3.4.5.6: Que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti

Ef 2,4-10: Estáis salvados por su gracia y mediante la fe.

Jn 3,14-21: Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único.

 

De noche fue a encontrarse Nicodemo con Jesús en Jerusalén. ¿Quién era este Nicodemo? Un jefe judío, seguramente una persona de importancia entre los fariseos de Jerusalén, porque sería convocado al sanedrín que se reunió para juzgar la causa de Jesús y finalmente condenarlo (a lo que él se opuso). ¿Por qué fue a verlo de noche? Es un detalle que nos aporta el evangelista Juan, aunque no lo justifica: quizás por ser un momento de mayor calma en los quehaceres o porque era el momento en el que resultaba más asequible conversar tranquilamente con Jesús o bien porque quería de algún modo evitar la censura de otros judíos compañeros suyos, que miraban al Nazareno con sospecha. El encuentro fue en Jerusalén porque poco antes Juan dice que se encontraba allí por la fiesta de Pascua.  

Nicodemo estaba muy interesado por las cosas de Dios, el Dios de Abrahán, Isaac y Jacob, el Dios de los judíos. Parece que era un judío piadoso y buscador de la verdad de Dios. Cumpliría cabalmente con las tradiciones rituales y preceptos judíos y, al mismo tiempo, mostraba apertura y sensibilidad para rastrear a Dios por otras veredas. Encontró a Jesús a un hombre de Dios: “porque nadie puede realizar los signos que tú realizas, si Dios no está con él”, explicaba al mismo Jesús. Pero también contaría con el parecer opuesto de sus colegas judíos, muy recelosos de las enseñanzas de este galileo. Por ello provoca el momento para encontrarse con Él y conversar. Nos encontramos aquí con una conversación personal entre el que busca a Dios y el que ofrece una nueva relación con Dios.

Es preciso que se distancie de su entorno para acercarse al que él llama “Rabbí“, maestro. Causa una situación anormal, al acudir a un personaje que contraviene, en cierto sentido, las convenciones judías del momento. Pero -está aquí lo decisivo para él- ese maestro nazareno hace signos imposibles para alguien ajeno a Dios, ¿cómo no conversar con Él para saber más de Dios? Nicodemo conocía a Moisés y los Profetas, sabría a fondo sobre las tradiciones de su fe. Jesús acude a un pasaje de la Escritura, en el que el Moisés erige en el desierto una serpiente de bronce sobre un estandarte para que el pueblo de Israel, rebelde ante Dios por desconfiar de Él, pueda ser curado de las mordeduras de serpientes venenosas. Era un signo de la salud que viene de Dios ante el pecado y sus consecuencias. Y lo interpreta para Nicodemo refiriéndolo a sí mismo como Salvador que también será elevado sobre un estandarte, la cruz, para ofrecer una salvación eterna a todos los que crean en Él.

La historia conocida por Nicodemo recibe una dimensión novedosa y de más envergadura por Jesucristo, que hace nuevas todas las cosas y lleva a su plenitud las realidades del Antiguo Testamento. El acontecimiento de la cruz es asociado a la verdad: allí se revela de modo maravilloso el amor de Dios por el mundo, al entregar a su Hijo para causar la vida eterna; allí se descubre al que es la Verdad, que es luz para una auténtica visión de la realidad y la interpretación adecuada de los acontecimientos.

¿Podrá haber conocimiento de la verdad sin mirar a la cruz de Jesucristo? ¿Sabremos en realidad quiénes somos, qué es la vida, quién es Dios… si no nos encontramos personalmente con el Maestro para interpretar de otro modo nuestra historia? ¿Y nos allegaremos a la luz de la verdad si en esa historia no está de algún modo referida a la muerte y resurrección del Señor? Este domingo las lecturas nos invitan a mirar con alegría hacia el Señor elevado en su entrega para elevar también nuestros ojos y recibir luz de lo alto. Anticipamos con alegría la conmemoración en la Pascua de su muerte y resurrección, para no dejarnos de alegrarnos, porque ya es luz para nosotros.

Monaguill@s

 

 

 

 

 

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