Ciclo B

Adviento

DOMINGO I DE ADVIENTO (ciclo B). 3 de noviembre de 2017

 

Is 63,16b-17.19b; 64,2b-7: Tu nombre de siempre es “Nuestro redentor”.

Sal 79,2ac.3b.15-16.18-19: Oh Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve.

1Co 1,3-9: Por Él habéis sido enriquecidos en todo.

Mc 13,33-37: “Lo que os digo a vosotros lo digo a todos: ¡Velad!”.

 

La vigilia es la respuesta del que realmente quiere vivir. El sueño es solo el momento del descanso para poder seguir en vela. ¿Qué te interesa? ¿Qué te motiva? ¿Qué te preocupa? ¿Qué te entusiasma? Es lo mismo que preguntar: ¿qué te lleva a abandonar el sueño?, ¿qué te anima a abrir los ojos y desperezarte cada mañana? Cuantos menos motivos tengamos para ello, más anhelaremos el sueño y un sueño casi perpetuo. No pocos inventan vidas de sueño, que los saque de la realidad actual para dormirse despiertos.

Otra cosa no pide el Maestro: ¡Vive! ¡Sé consciente de la realidad! ¡Mira en profundidad cuanto te rodea y descubre a tu Señor que te ha hecho el encargo de cuidar de ello! ¡Y espéralo, que ha de volver! De esa vuelta depende nuestra salvación; por lo tanto, la espera implica una actitud de lucha y de actividad, de vigilia, que no se conforma con una disposición temerosa ante un Dios que puede llegar en cualquier momento para castigarme, sino en el reencuentro con el Amigo, con la persona amada, con Aquel que desea el corazón tan insistentemente. Esa amistad mueve a cuidar su casa, Él es el dueño, con atención y espabilo. Porque Él, además, nos ha enriquecido con todo lo necesario para esa vigilia esperanzada, que aguarda a que Jesucristo venga.

O, ¿qué provoca nuestras vigilias? ¿Tener más? ¿Llegar hasta cierto nivel de vida? ¿Un nombre respetado entre los demás? ¿Un listado lleno de buenas obras para el propio consuelo? ¿Que no te falte de nada a ti ni a los tuyos…? Y, sin embargo, si te falta Dios, te faltará todo. Si no careces de Él, nada echarás en falta.

Por eso: ¡Vela! Y entiende el día que se inicia, o este nuevo instante que se te regala, como otra oportunidad para esmerarte en la casa común, que el espacio compartido entre tú y tantas otras vidas, donde debéis estar  atentos para cuidar del orden, la limpieza, la justicia en este hogar.

Otra vez habrá que insistir sobre la vigilia y el permanecer despiertos, y pronto de nuevo tendremos que recordarlo, porque somos tendentes a un sopor y hay horas (al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer: las horas de vela para el soldado romano) que son especialmente propicias para relajar la guardia. Y al término de la jornada hagamos revisión de si realmente hemos aprovechado lo que Dios nos ofreció, y si nos dejamos vencer por el sueño temerariamente. 

El Pueblo de Israel se daba cuenta de sus momentos de sopor y el resultado: el olvido del Señor y la desgracia del pueblo consecuente. Pedía perdón por ello. Su confianza en la paternidad de Dios les movía a la queja dirigida hacia el Altísimo: no hacía lo suficiente para que su corazón no se endureciera. Estamos influidos hasta los tuétanos de engaños seductores. Que, al menos,  lleguemos a darnos cuenta de que estamos más dormidos de lo que creemos y es preciso despertar a la vigilia de la vida que nos propone el Señor. 

Monaguill@s

 

 

 

 

 

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