Fuente el Fresno
Parroquia de Santa Quiteria
El caminante se quedó parado contemplando la hermosa vista del pueblo que atravesaba.
Por la carretera de Toledo a Ciudad Real, pasaba Fuente el Fresno, cuando le sorprendió, a su derecha, la bella estampa del pueblo, en el regazo de la sierra. Rodeada por las casas del casco antiguo de la villa, emergía en su centro la figura señera de la iglesia, con su bella torre fortaleza, encumbrada por un nido de cigüeñas.
Y decidió apartarse y llegarse hasta ella para regalo de la vista y regocijo de su espíritu. No en vano había oído que allí moraba la bella imagen de Santa Quiteria a quien los fuenteros veneran con tanto calor que hasta el sol, en el mes de agosto, parece gélido comparado con aquella veneración.
Y allí llegó, mochila en hombro, subiendo por el callejón de las campanas y contempló, desde su planta, la torre-fortaleza cilíndrica, con sabores medievales que tiene cinco metros y medio de diámetro en su base. Nadie supo darle razón de la fecha de construcción, pero a la vista estaba que su traza tuvo función defensiva y bien pudiera remontarse a los años de la reconquista.
Ya en la puerta principal pudo apreciar el viejo edificio de mampostería, reforzado en los ángulos con machones, con sus arcos y dinteles de ladrillo.
El caminante encontró la puerta abierta y entró. Una luz tenue lo envolvía todo allí dentro. Pequeños rayos de luz de diversos colores, que entraban por las vidrieras de las ventanas de la nave se distribuían por las paredes en un alarde de fantasía e ingenuidad. Hizo la señal de la cruz, contemplando el sagrario dorado, acariciado por la luz blanca que lo custodia día y noche, y de improviso sus ojos quedaron prendidos y prendados de la imagen central del retablo: Santa Quiteria.
La imagen de la patrona ocupa el lugar central del bello retablo barroco. Una joven romana, ataviada con la túnica gris y el manto romano rojo mira serenamente al caminante y parece ofrecerle su paz. En la mano derecha la palma martirial, signo de la entrega de su vida por confesar la fe en Cristo; en la mano izquierda el libro de la Sagrada Escritura, abierto, mostrando el texto de uno de los salmos en latín: alabad al Señor todos los pueblos. Y junto a ella, en sus pies, un pequeño perro que acredita el patronazgo de esta santa sobre todos los enfermos de rabia.
El retablo original debió ser muy hermoso, barroco de fábrica, según atestigua en el año 1791, Antonio Ponz, secretario de la Real Academia de San Fernando, cuando dice del retablo de Fuente el Fresno: "El retablo de su iglesia es bueno, con dos cuerpos de columnas corintias y entre ellas muy razonables pinturas del estilo de Ricci, pertenecientes a Santa Teresa". Así debía de ser porque, según consta, el Consejo de Gobernación de Toledo compró un retablo a las madres carmelitas de Malagón, el día 8 de dieciembre de 1737, que fue trasladado a la iglesia y sentado, colocado y ajustado por el maestro tallista Francisco Moreno, vecino de Toledo, y que fue rematado el día de Navidad del mismo año.
El retablo actual, tiene tres cuerpos: una base marmórea sobre la que se sostiene el sagrario. Un segundo cuerpo dorado, con cuatro columnas salomónicas, de capitel corintio y adornadas en sus fustes con hojas de parra y racimos de uvas, que encierran dos ornacinas dedicadas a las imágenes del Corazón de María, a la derecha, y al Corazón de Jesús a la izquierda. El tercer cuerpo y superior, dorado también, tiene en el centro la imagen de Cristo crucificado, y a los lados dos ornacinas enmarcadas por columnas salomónicas, decoradas en su fuste con hermosas cabezas de ángeles policromadas. Dos medallones y dos jarras o arcas rematan la parte superior del retablo. En las ornacinas pueden contemplarse las imágenes de la Inmaculada a la izquierda y de San José a la derecha.
El conjunto resulta deslumbrador, por la calidad de su dorado y la limpieza y cuidado que presenta.
Después de contemplar el retablo, la vista se eleva irremediablemente a la falsa cúpula en forma de media naranja sobre pechinas, en las cuales aparecen cuatro altorelives toscamente tallados que parecen representar a los profetas mayores : Isaías, Jeremías, Ezequiel y Daniel.
La nave principal presenta unas pilastras con molduras separando ornacinas, bóveda de medio cañón con lounetas y decorada con las cruces de las órdenes militares. A los pies de la nave se sitúa un coro alto, probablemente de construcción posterior.
La planta es de cruz latina y en la parte superior, ya en la bóveda de medio cañón, se abren lounetas con hermosas vidrieras, de corte moderno, que iluminan la nave y el crucero.
En el ala izquierda del crucero, se encuentran las imágenes de la dolorosa y del Cristo de Medinaceli.
En el ala derecha del crucero está Santa Lucía, a quien los fuenteros profesan especial devoción y celebran su fiesta solemnemente el día 13 de diciembre, con romería incluida en la ermita. Es la llamada fiesta "de los tomillos". El frente del ala del crucero derecho lo ocupa la Virgen de la Esperanza, hermosa talla de estilo sevillano, de delicadas manos y expresivo rostro.
A lo largo de la nave, frente a la puerta principal y desde el crucero encontramos diversas ornacinas que acogen las imágenes de Santa Clara, la Virgen del Carmen, Nuestra Señora del Pilar, San Francisco, Cristo en su caída y al final de la nave en su parte central el Cristo crucificado.
Volvemos de nuevo al crucero para iniciar el recorrido por la nave central en la pared que contiene la puerta principal. Allí descubrimos a San Antonio, San Antón Abad, y a los lados de la puerta principal dos cuadros acrílicos, pintados y donados a esta parroquia por el P. Alejandro Fernández Barrajón, sacerdote mercedario y natural de Fuente el Fresno, que representan a la Virgen del Perpetuo Socorro y a la Virgen de la Merced, en el cielo de Fuente el Fresno, con dos ángeles, rescatando a los cautivos, ánimas del purgatorio, para llevarlos consigo al Cielo. Termina la nave con la ornacina de San Martín de Porres.
Hermosas arañas doradas cuelgan de la bóveda llenando de encanto toda la nave.
El caminante ha sentido la necesidad de sentarse un instante y orar en silencio, rodeado de tanta belleza, expresión, sin duda, de la fe viva de este pueblo y del amor sin límite que a lo largo de los años los fuenteros han sabido poner en cada rincón de su pequeña iglesia parroquial.
El caminante ha respirado profundamente, y se ha alejado por la calle Real abajo, antiguo cordel de merinas, pensando que bien ha merecido la pena esta parada para ver y saborear el encanto de esta iglesia parroquial de Fuente el Fresno dedicada a Santa Quiteria. Laus Deo.
Alejandro, Mercedario
Nuestra Iglesia Parroquial, era una de las que pagaban la Tercia Pontifical a la Iglesia de Toledo, cobrando el resto de los Diezmos la Orden de Calatrava, pues en la Concordia ajustada entre el Prelado de Toledo, don Rodrigo Ximenez de Rada y el Gran Maestre de la Orden, don Fernando Ordoñez, al señalar las Iglesias correspondientes a la Dignidad Arzobispal, queda demostrado en el citado escrito de referencia, donde se relacionan, entre otras las siguientes Iglesias, "... e Villarrubia, Xétar, Curenga, Daimiel, Pozuelo, Villafranca, la Fuente, Porzuna, Corralrubio ...", haciendo referencia a este dato, don Inocente Hervás y Buendía, en su "Diccionario Histórico y Geográfico", don Francisco de la Iglesia Camacho, en "Esto ha sido y es Daimiel", y don Manuel Corchado Soriano, en "La Orden de Calatrava y su Campo". Por lo que hace suponer que por aquella remota fecha, el antiguo Barrio o Aldea de Malagón, ya tenia su Iglesia.
Posteriormente, en la Escritura de Enajenación de la Encomienda de Malagón, con licencia del Papa Clemente VII, otorgada por el Príncipe Felipe, en representación de su Padre, el Emperador Carlos, fechada el 14 de enero de 1548, hace una referencia a la aldea de la Fuente, donada a favor de don Ares Pardo Saavedra, este último, recién tomada posesión, manda hacer una relación de sus bienes, en la que cita a las Iglesias de Malagón, la Porzuna y Fuente el Fresno.
Fallecido don Ares Pardo, su viuda doña Luisa de la Cerda, hermana del poderoso Señor Duque de Medinaceli, preocupada por el auxilio espiritual de los vecinos de su dilatado territorio, se obliga ante el Escribano de la ciudad de Toledo, el día 2 de julio de 1566, a mantener un Clérigo que administre los Sacramentos en la Iglesia de Santa Quiteria, del barrio de Fuente el Fresno, ordenando poner un Sagrario y Pila Bautismal, nombrando el día 22 de diciembre del mismo año, a Pedro Gómez, encargado de dichos servicios.
La primera cita escrita que tenemos, la encontramos en el primer Bautismo inscrito en la Iglesia como Parroquia, fechada el día 24 de enero de 1567, demorándose las primeras Velaciones o Matrimonio, hasta el día 29 de septiembre de 1569.
¿Qué motivos tuvieron para iniciar tales Inscripciones?. ¿Fueron las normas concretas dadas al finalizar el Concilio de Trento, en el año 1563?. ¿Pudo ser el Origen como Parroquia, el año 1566, por iniciativa de doña Luisa de la Cerda?. ¿Tenia nuestra Iglesia anteriormente la categoría de Parroquia?. Muchas preguntas para una sola respuesta, esta es, que la, por entonces Aldea de Fuente el Fresno, con anterioridad a estas fechas, ya tenia su Iglesia, dedicada a Santa Quiteria.
Las Relaciones de los Pueblos de España, mandadas hacer por el Rey Felipe II, en el año 1575, en la correspondiente a Malagón, en su respuesta cincuenta y siete, encontramos la nota siguiente: "... tiene dos aldeas, la una se dice la Porzuna .... y la otra de Fuente el Fresno, está a dos leguas al norte, terna hasta cuarenta vecinos, tiene dos Alcaldes y dos Regidores, Iglesia y Cura".
Nuestra Iglesia Parroquial, cuya titular es y ha sido siempre, nuestra patrona la Virgen y Mártir Santa Quiteria, sin que tengamos noticia escrita de tal patronazgo, pudiendo haber sido elegida por los primeros pobladores, como su abogada y protectora contra el mal de la Rabia, al igual que otros pueblos de la geografía Española, tomaron por patronos a los abogados contra la langosta, (san Pantalón), contra el pedrisco, (san Bernabé), contra las enfermedades contagiosas, (san Sebastián), contra las epidemias, (san Roque), y un sin fin de abogados y protectores. Tenemos capitulo aparte dedicado a Santa Quiteria.
El día 8 de diciembre de 1737, el Consejo de Gobierno de la Ciudad de Toledo, concede autorización para la enajenación del retablo del convento de las Madres Carmelitas de Malagón, con destino al Altar de Mayor de la Iglesia Parroquial de Santa Quiteria de Fuente el Fresno, solicitada su compra y ajustado en su precio, por don Javier Antonio Reynoso, natural de Malagón y Cura Propio de la Iglesia de Santa Quiteria.
Nuestra Iglesia Parroquial, el día 19 de abril de 1757, fue testigo de algo muy poco común para estos pequeños pueblos, en aquella remota época, recogido de los Libros de su Archivo Parroquial, que literalmente dice así: "El Ilustrísimo señor don Andrés Nuñez Monteagudo, del Consejo de su Majestad, Obispo Auxiliar y Canónigo de la Santa Iglesia Catedral de Toledo, por mandato del Real Infante de España, don Luis de Borbon, Cardenal de la Iglesia de Roma, Primado de España y Arzobispo Comendador de Toledo, en la Iglesia Parroquial de Fuente el Fresno y en al Altar de su titular Santa Quiteria, Ordena Sacerdote, a don José Simancas Ceballos, natural del Obispado de Santander, el cual fue Cura del lugar de Cabanillas de la Sierra".
Don Antonio Ponz, secretario de la Real Academia de san Fernando, en su libro "Viaje por España", publicado el año 1791, a su paso por Fuente el Fresno, con relación a su Iglesia, escribe lo siguiente: "El retablo de su Iglesia, es bueno con dos cuerpos de columnas Corintias y entre ellas, muy razonables pinturas del estilo de Ricci, pertenecientes a Santa Teresa, acaso deberá su existencia a falta de caudales, para poner en su lugar otro mas malo".
Durante la campaña de ocupación de las Tropas Francesas, nuestros paisanos en su afán de independencia, se hicieron el fuerte y terminaron con un pequeño destacamento de soldados Franceses. Conocido el levantamiento por el General Francés, mando un Batallón para cercar el pueblo y dar un castigo a los que trataran de presentar resistencia, atacando en la mañana del día 14 de abril de 1809, librando una encarnizada y desigual batalla, entre un reducido grupo de trece defensores atrincherados en la Iglesia, contra todo un cuerpo de Ejercito de Tropa Invasora, después del desigual combate, prendieron fuego a la Iglesia y la manzana de casas junto a ella, falleciendo en el incendio dos de sus defensores, desmoralizados y maltrechos los atrincherados, los Franceses ebrios de triunfo, tomaron el pueblo y entrando en la Iglesia, pasaron a cuchillo a sus once restantes valientes defensores, el fuego termino con todo el Templo, muebles y ornamentos junto con el Libro corriente de Bautismos.
Nuestro pueblo y sus habitantes, fieles seguidores de la causa Carlista, sufrió las consecuencias del largo periodo de las Guerras, entre los años 1833 al 1876, siendo nuestra Iglesia, en los periodos de más dura represión, cuartel general de las Tropas de la reina y del Partido Liberal, con el consiguiente deterioro de su Fabrica y dependencias, sufriendo varios ataques e incendios.
En nuestra Guerra Civil, (1936/39), retirado el culto, las imágenes fueron guardadas en una de las dependencias de la Parroquia, mientras la Imagen de Santa Quiteria, quedo en su altar mayor, donde un poco a "escondidas" continuaba recibiendo el culto y devoción de todos los Fuenteros. Convertida la parroquia, en centro de acogida y cuartel general de Refugiados, donde vivían y cocinaban en las hogueras encendidas dentro de la nave del templo, los fieles devotos de Santa Quiteria, con sus Autoridades al frente, dispusieron retirar la imagen de su patrona y guardarla para evitar su saqueo y destrucción, lo mismo hicieron con todo el archivo Parroquial, trasladado a las dependencias del Juzgado Municipal para su custodia.
Gracias a la intervención de los devotos de Santa Quiteria, de uno y otro bando, hoy la Imagen de Santa Quiteria, es la misma que veneraron innumerables generaciones de fuenteros, la única salvada de la barbarie de aquellos trágicos años, cuando en todos los pueblos de la comarca no quedo ni una imagen de sus patronos, pues todas fueron destruidas por las ordas fanáticas descontroladas.- Lo mismo sucedió con el Archivo Parroquial, conservado completo, pocos pueblos de la zona dominada por la república, tienen las imágenes de sus Patronos y Archivos intactos, gracias a la cordura y valentía de sus dirigentes y vecinos.
Ante el peligro de ruina en que se encontraba en el año 1982, y la poca voluntad por salvar el edificio de la Iglesia, con una obra de consolidación y restauración, el día 8 de diciembre, se incoa un expedienté ante la Comisión del Patrimonio Histórico y Artístico del Ministerio de Cultura, para su conservación y restauración. Gracias a esta iniciativa, el Ministerio de Cultura adjudica las obras a una empresa de Daimiel, comenzando las mismas el día 14 de septiembre de 1987, quedando concluidas el 11 de abril de 1988, por un importe superior a los veintitrés millones de pesetas, las citadas obras consistentes en desmontar el entramado de las naves, respetando la Cúpula, realizando una nueva cubierta con cerchas de hierro, reforzar la cimentación y sellado de las grietas de sus muros.
La fabrica del edificio, ha sufrido varias transformaciones en sus continuas restauraciones, encontrándonos al día de hoy con una edificación que pasamos a describir:
"Enclavada en el casco urbano de la población sus proporciones son de trescientos veintiún metros cuadrados, la nave central de 39 metros de largo y 6'50 de ancho y los brazos de 7'50 y 3'50 de fondo, la torre cilíndrica con cinco metros sesenta centímetros de diámetro.
Pensamos a partir de su estructura formal, que debió de tener su origen en la edad Media, experimentando sucesivas transformaciones, especialmente tras el incendio de la Guerra de la Independencia, cuya magnitud no está del todo clara, ya que a pesar de los textos, no nos parece descartable la posibilidad de que no se destruyera por completo y que el carácter absoluto, viene dado por razones de énfasis respecto al hecho.
La planta es de cruz latina de una sola nave en ambos brazos.
Todas las razones sobre la medievalidad del templo las basamos en el exterior del mismo, si bien muestra lamentables incorporaciones actuales, a pesar de otras restauraciones, probablemente las mencionadas en 1810, 1845, 1867 y 1882. En estos momentos nos encontramos con unos muros de mampostería reforzados en los ángulos por machones de sillería. Arcos y dinteles de ladrillo, así como las esquinas de la cúpula y parte superior de la torre. Son estos dos elementos, sin duda, los más originales del edificio.
La cúpula de media naranja algo rebajada, nos recuerda de manera considerable a las bizantinas, aunque ignoramos de donde pueda proceder la influencia orientalizante.
En cuanto a la torre, a los pies del edificio, cilíndrica, nos conduce a la posibilidad de una función defensiva. La moldura de sección triangular que recorre la fachada se corresponde con otra que en el interior sirve de arranque de la bóveda. El conjunto se cubre con teja árabe.
El interior, acaso restauración de otro anterior de fines del siglo XVII, presenta en la nave principal unas pilastras con moldura separando hornacinas. Bóveda de medio cañón con lunetas y decorada con las cruces de las Ordenes Militares. Falsa cúpula sobre pechinas y coro a los pies del templo y en alto.
El retablo se inspira en otro más antiguo, que a su vez y tras la invasión napoleónica, pudo sustituir, al que menciona Ponz. En aquellos dos también vemos capiteles corintios en columnas salomónicas que se decoran con angelitos barrocos y racimos de uvas.
Declarada en la categoría de Monumento, en el año 1991.
Lucío Casero Huertas