Villarrubia de los Ojos

Nuestra Señora

de la Asunción

Pueblo manchego de todavía encaladas paredes que se resisten al tiempo y corrales grandes que florean como rosas de luz. Su entidad física es llanada y coronada de sierra, viñedo, olivo y agua. Ojos de un río que, juguetona y plácidamente, alimenta las Tablas del parque y que da apellido a su nombre: Villarrubia de los Ojos del Guadiana.

Su historia nos habla de Caballeros Calatravos y Hospitalarios de San Juan, de casta de toros de lidia con hierro de Jijones, de levantamiento de guerras carlistas, de hombres y mujeres que han sabido labrar la historia de un pueblo que mira al futuro.

Y la fe llegó también a Villarrubia. Testigo mudo de muchos siglos de historia es la iglesia parroquial que se erige –sin certeza de orden ni fecha- bajo el título de Nuestra Señora de la Asunción a mediados del siglos XVI. Algunos datos apuntan que se construyó sobre una antigua fortaleza, pero no podemos afirmar quien la mandó construir ni quienes fueron los maestros que emprendieron tal empresa.

Se trata de una edificación tosca y pobre en su labrado externo. Tardogótica, con planta de una sola nave con ábside poligonal, bóveda de crucería y contrafuertes de sillar y sillarejo. A los pies se abre una pequeña pero hermosa portada gótica, abocinada, decorada por gablete y rematada por alfiz sobre ménsulas. Tiene torre de dos cuerpos, uno renacentista y otro barroco, planta cuadrada dividida en cuerpos impostados en los que los superiores se decoran con pilastras en los ángulos, para remarcar los arcos de medio punto.

El interior está techado con bóvedas de crucería estrelladas con inspiración gótica. Éstas apoyan en capiteles de gruesas columnas estriadas sobre basamento; todo ello de yesería labrada. Cabe destacar el rico retablo de estilo renacentista construido en 1955 y que sustituye al desparecido en 1936.

Pueblo eminentemente mariano pues, si la iglesia parroquial se tutela bajo el misterio de Nuestra Señora en su Asunción, el patronazgo de la Villa está cubierto por María en su advocación de Nuestra Señora de la Sierra.

Su santuario, y con él la devoción a la imagen de la virgen, hay que situarlos a mediados del s. XII, se asienta probablemente sobre un castillo o poblado árabe sobre el cual levantaron la primitiva ermita los primeros repobladores cristianos del lugar. Se encuentra arropado en un pequeño valle en la falda de la "Sierra de la Calderina" a 12 Km. Al Oeste de la población. La estructura actual, con patio central de tipo solariego, responde a la última restauración –salvando la de la contienda de 1936- llevada a cabo en el s. XVII

La talla actual de la virgen es de una riqueza excepcional que data de 1940 y realizada según el modelo de la antigua, desaparecida en la última guerra civil. Aparece sentada en una cátedra de respaldo bajo apoyando sus brazos en las rodillas. Con actitud mayestática, ofrece en adoración al Hijo que sostiene en su regazo. Si bien, esta Virgen de tez morena, permanece vestida con manto, por influencia barroca, como tantas vírgenes de este estilo; lo que impide contemplar su riqueza escultórica.

(La imagen no se contempla así, pues está vestida normalmente)

Sus fiestas mayores se celebran, por concesión del Gobierno de Isabel II en 1848, en los días del 8 al 15 de septiembre. Si bien, antes se celebraban en el santuario donde se reunían romeros llegados de Villarrubia y de otros pueblos vecinos. El ocho de septiembre, día mayor de las fiestas, se unen una representación de las dieciocho villas pertenecientes a la Orden de San Juan de Jerusalén, de la que Ntra. Sra. de la Sierra es patrona. Según decisión reciente, la imagen de la Virgen es trasladada al pueblo para la celebración de sus fiestas mayores el tercer domingo de agosto por la tarde; y es llevada de nuevo a su santuario el tercer domingo de noviembre al alborear el día. Ambos traslados se realizan portando a la imagen en andas y corriendo. Las romerías en su honor se celebran el lunes de Pascua y el tercer domingo de mayo.

Otras ermitas de Villarrubia son las de San Isidro, único edificio que se conserva del antiguo y desparecido convento regido por los franciscanos capuchinos.

La ermita de san Cristóbal, cuyos orígenes son anteriores al siglo s.XVI, se encuentra situada sobre un cerro cercano a la población y desde cuyo mirador se puede contemplar toda la llanura manchega.

La ermita de la Soledad del Convento de las Hermanas Clarisas. Aunque fue destruida en gran parte durante la guerra civil, sus orígenes son anteriores a la fundación del convento. La orden religiosa llegó a Villarrubia en 1885. Éste convento ofrece un remanso de espiritualidad para quienes se acercan a él. "Ora et labora" (oración y trabajo) es la consigna que marca el que hacer de este grupo de mujeres que viven su vocación religiosa bajo la regla de Sta. Clara de Asís.

Desde 1951 imparten clases en el Colegio Santa Rosa las hermanas Dominicas de la Enseñanza de la Inmaculada Concepción. Un carisma más de la Iglesia que hace su labor en este pueblo y que es reflejo fiel del diálogo entre la cultura y la fe.

Las distintas actividades pastorales de catequesis, cáritas, acción católica, Legión de María, cursillos prematrimoniales... componen un mosaico cuya imagen quiere ser la de una Iglesia de "piedras vivas" que intenta vivir y transmitir el Evangelio en el inicio del tercer milenio.

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