CONTEMPLATIVAS MÍNIMAS

DAIMIEL (C. REAL)

ESPAÑA

Estilo de vida

de las Monjas Mínimas

-- Aquí te puedes descargar la Hoja de Sor Consuelo (1.135 kb) --

Somos una Comunidad de Monjas Mínimas

residentes en Daimiel (Ciudad Real). España.

de vida íntegramente contemplativa de clausura papal os damos a conocer que nuestra vida es de una entrega total, sin medias tintas, abrazadas a la exigencia radical del Evangelio para responder al amor de Dios con corazón indiviso, en identificación con Cristo Jesús, que nos ama personalmente hasta dar la vida por cada uno de nosotros.

La vida Mínima está llamada a reflejar el espíritu de HUMILDAD en la Iglesia, que se expresa en la sencillez de su vida

Nuestra espiritualidad mínima es la realización de un encuentro personal con Cristo llevado hasta sus últimas consecuencias y al que se responde con la entrega total de la persona, en un amor que requiere compartir toda la vida de Cristo Jesús en su misterio Pascual: Pasión-Muerte-Resurrección, de forma particular en su anonadamiento y su humillación, de donde nos viene el nombre que nos caracteriza en la Iglesia: "Mínimas" como síntesis de todo un programa de vida evangélica, a fin de tender a la transformación total del hombre nuevo nacido de la Pascua, en una configuración con Jesucristo Redentor. Por ello, nuestra vida concreta es una opción de por vida de seguimiento de Cristo Crucificado. Nuestra total consagración a Dios nos sitúa en una determinación permanente de vivir solo para El y estar siempre con El, con la entrega constante del pleno amor de toda nuestra persona y exige una separación de cuanto no es Dios que se concreta en una vida de clausura.

"La clausura es un modo particular

de estar con el Señor"

Por tanto la clausura, nos ayuda a llevar a cabo la opción permanente de unión con Dios, desde la ofrenda de la propia vida en el amor y en el silencio. Silencio que abarca no sólo la separación de todo lo externo, sino también la exigencia de renuncia a sí misma en todas sus facetas, hasta crear el silencio interior e íntimo que fructifica en la unidad interior, para dirigir todas las potencias del ser hacia Dios. Unidad que plenifica la capacidad de amar y nos da mayor ocasión de orar.

Viven su consagración en un clima de soledad y silencio evangélico.

Habiéndolo dejado todo, con plena libertad

Llegan a la pura y asidua oración.

Al entregarnos de esta forma a Dios, nos adentramos aún más en el corazón del mundo y nos hacemos súplica incesante ante Dios, eco y voz de cada uno de los hermanos de la Humanidad entera a fin de interceder y presentar todas sus realidades. Nada de cualquier hombre nos es ajeno. En nombre de todos alabamos a Dios y le damos gracias por cuantos bienes recibimos a diario de su mano misericordiosa. La ofrenda constante de la propia vida, entregada por amor, queda unida a la Ofrenda de Cristo Redentor al Padre. Consagración a Dios solo, para gloria suya y salvación de todos los hombres.

Abrazamos una "vida cuaresmal" concretada en una constante conversión de mente y corazón, bajo un cuarto voto de vida cuaresmal que la Iglesia reconoció al Fundador y constituye nuestra fisonomía propia dentro de la Iglesia, en un camino penitencial que abarca toda nuestra vida, fortalecido con una ascesis propiamente de abstinencia cuaresmal perpetua.

La pobreza es un elemento constitutivo fundamental de nuestro carisma, que unida a la humildad nos ayuda a compartir con Cristo Jesús su "Kénosis", en una vida común dentro del clima de sencillez y alegría evangélicas, donde se entrelazan nuestras relaciones fraternas hasta formar un solo corazón y una sola alma. Todo nuestro vivir diario se desenvuelve en común: la Eucaristía, la oración litúrgica de las Horas (siete veces), la oración personal (dos horas en silencio, una por la mañana y otra por la tarde), el rezo del Rosario, el trabajo monástico, la formación permanente (una hora) y la expansión (una hora).

Las monjas mínimas,entregan a Dios gozosamente toda su existencia habiéndole elegido como su Amor supremo, en una vida íntegramente contemplativa

Os concretamos cuanto hemos expuesto de nuestra espiritualidad en el tríptico que nos caracteriza:

penitencia

humildad

caridad

En caso de querer tomar contacto con nosotras tanto para conocernos mejor, como para encomendarnos vuestras intenciones a fin de presentarlas al Señor:

MONJAS MÍNIMAS

Mínimas 13, - 13250-DAIMIEL (Ciudad Real)- ESPAÑA

Tel. 926 850357

e-mail: minimasdaimiel@minimas.org

Nuestro Fundador

San Francisco de Paula puede ser tu luz y guía

Francisco abandona el mundo, siendo muy joven y se va al desierto abrazando una vida de oración y penitencia dedicándose por entero a Dios.

En pleno Renacimiento, cuando el hombre quería ser...como Dios...en una sociedad corrompida, en un ambiente de tensiones y guerras entre distintos países...cuando el mundo cristiano perdía su auténtico valor evangélico...surge una figura:

FRANCISCO DE PAULA

Muy pronto los jóvenes, ven en Francisco un rayo de luz que les da respuesta a sus inquietudes más profundas y les sirve de guía para vivir el EVANGELIO. Así es como comienza la Orden Mínima al sur de Italia.

En España un grupo de jóvenes, atraídas por el estilo de vida de Francisco, deciden vivir su misma vida.

Hoy, desde distintos lugares, las Monjas Mínimas testimonian ante el mundo la supremacía del Amor de Cristo con su dedicación total a Dios en la contemplación,

en una vida de oración y penitencia por todos los hombres.

Venerable: Sor Consuelo Utrilla Lozano

(1925-1956)

Monja Mínima de Daimiel

Gastarse por Cristo

Este fue el ideal de Sor Consuelo, que le hizo vivir radicalmente el Evangelio, como ha reconocido Juan Pablo II declarándola Venerable por sus virtudes heroicas.

La vida de Sor Consuelo es hoy una llamada y un reclamo para la juventud generosa que siente el anhelo y la búsqueda de lo noble, lo arduo y lo heroico.

Ella hizo donación de su vida a Cristo con una firme decisión:

"quiero ser santa y una santa joven".

Ante la llamada de Dios, no dudó en responder generosamente entregándole su vida en el Monasterio de las Monjas Mínimas de Daimiel, que le atraía por su pobreza y austeridad. Su vida fue un claro anuncio y testimonio evangélico:

"Quiero esforzarme por predicar a Jesús con mi conducta, para que al verme se sientan los demás llevados a acercarse a Él"

Caminó hacia Dios sin vacilación:

"mi ideal es marchar sin retroceder de lo bueno a lo mejor, de lo mejor a lo perfecto"

RESEÑA BIOGRAFICA DE Sor CONSUELO

Monja Mínima de Daimiel

(1925-1956)

La Venerable Sierva de Dios Sor Consuelo Utrilla Lozano del Corazón Inmaculado de María nació el 6 de septiembre de 1925 en Daimiel (Ciudad Real - ESPAÑA), y dejó esta vida terrena el 9 de diciembre de 1956. Ella es una de estas jóvenes generosas que no solamente abrió su corazón a Cristo, sino que se entregó en totalidad a Él en la vida consagrada de las Monjas Mínimas, contemplativas orantes y penitentes, fundadas por San Francisco de Paula.

Sor Consuelo viene a formar parte de la aureola de santidad de la Iglesia que no cesa de iluminar a los que aún peregrinamos hacia la Patria definitiva.

 

"Hábleme de Dios"

En la etapa de su niñez y adolescencia, marcada hondamente por la ausencia materna, su orfandad la llevará a ponerse en manos de María, en quien encuentra la mejor de las Madres. Ella será su camino para ir a Jesús.

Consuelito es jovial, viva y transparente. Hay algo en ella que la distingue de las demás niñas de su edad; un ‘algo’ misterioso y divino que fluye espontáneamente al exterior y nos revela el don recibido de su particular inclinación hacia las cosas de Dios. Antes de hacer su primera comunión se quiso unir a las niñas que se preparaban para recibirla ese año a fin de conocer más a Jesús.

Ya en el comienzo de su adolescencia se acrecienta este peculiar deseo. Es significativo cómo a la edad de 13-14 años, de excursión con el colegio, en uno de los momentos de juego, ella se queda junto al Padre Marcial García C.P. que las acompañaba, y al preguntarle éste por qué no iba a jugar con las demás compañeras, le responde: "Usted, hábleme de Dios".

¿De dónde le arranca ese deseo? Su amor entrañable a la Virgen. No podía imaginar Sor Consuelo lo que su fidelidad al impulso de esta gracia, iba a suponer para ella, para cuantos la conocieron y para los que ahora palpamos su intercesión.

"Quiero ser santa y una santa joven"

Llegada la etapa juvenil, se acrecienta en la joven Consuelo un vivísimo deseo por alcanzar la santidad lo antes posible. Su singular espontaneidad al respecto es admirable: "Quiero ser santa y una santa joven".

A medida que crecía en edad, se desarrollaba ese ‘algo’ que la caracterizaba entre los demás, sin ruidos ni apariencias extrañas, en la más absoluta sencillez. Su rica personalidad, con los dones naturales y sobrenaturales que de Dios recibió, sirvió de base para que Él hiciese su labor de santificación.

Consuelo amaba intensamente al Señor, sólo de Él podía llenarse, de ahí su ardiente deseo por alcanzarle, deseo que ella misma expresaba con el impulso de su corazón juvenil: "No me conformaré con ir despacio; he de ir deprisa por el camino de la perfección".

El amor a Dios y el empeño constante por la santidad fueron forjando en la joven Consuelo un espíritu firme, recio y decidido. Es el momento de la determinación definitiva, de la opción fundamental. Consuelo centra su mirada en Aquel que plenifica su ser. Desde su relación personal con Cristo va descubriendo que Él la quiere para Sí, se sabe elegida y nota en su profundidad la exigencia de respuesta de vivir sólo para Él y opta libremente por abandonar todo para abrazar a quien es TODO.

Es ahora cuando ese ‘algo’ divino y misterioso comienza a definirse en nuestra joven mínima y la impulsa a entregarse al Amor. Dios ha puesto en ella un deseo patente de santidad que poco a poco va impregnando toda su vida. La respuesta está pronta: "la belleza y la juventud han de ser para Dios", ¿qué esperar?.

"Lo importante es Gastarse por Cristo"

No es una frase hecha, es una vivencia personal. Son palabras que reflejan y manifiestan toda una vida de entrega y fidelidad constante.

Es la última etapa de su corta existencia terrena. Es el culmen de su entrega total. Consuelo, radiante de felicidad, abraza la vida Mínima de San Francisco de Paula porque quiere entregarse a Cristo en pobreza y austeridad.

Tras su vida sencilla, humilde, pobre y penitente en el camino de la ‘minimez’, vive con radicalidad su opción por el amor a Cristo a través de María. Con su forma propia de ser supo empeñarse en el camino de la santidad sin otro objetivo que gastarse por Cristo y por los demás

Sor Consuelo, abierta plenamente a la acción del Divino Espíritu, <decía muchas veces: "Que el Señor haga en dos años lo que ha de hacer en veinte". Y el buen Padre Dios escuchó su oración. El año 1954, Año Mariano, fue para S. Consuelo un año lleno de gracias, preludio de aquellos "dos" en que el Señor habría de obrar en ella lo que en otras personas obra en "veinte". En efecto, el día 22 de agosto de este mismo año, festividad entonces del Inmaculado Corazón de María, S. Consuelo hizo su ofrecimiento victimal a Dios por manos de María como pequeña hostia sonriente> (Crónica Años 1627-1956, Monasterio Ntra. Sra. de la Victoria - Daimiel, Libro II, p. 230). Dos años de enfermedad purificadora en el cuerpo y en el espíritu la llevarán a la configuración con Cristo Crucificado. No se notaba nada especial en ella, pero lo cierto es que no se conformó con caminar, sino que quiso volar hacia la santidad y el Señor aceptó su generosidad.

La radicalidad del lema de Sor Consuelo tiene su fuerza precisamente en que es un grito, un deseo hecho vida, y la realidad de un alma que ha experimentado la lucha diaria, que se ha tomado en serio la santidad, que probada por la enfermedad acrecienta heroicamente este deseo, que no cesa en su empeño y que se convierte finalmente en un auténtico testigo de Cristo.

A los treinta y un años concluyó su peregrinación terrena, con sólo nueve años de permanencia en el monasterio. Pasados treinta y nueve años de su partida a la Casa Paterna, recibe de la Congregación para la Causa de los Santos el reconocimiento de haber vivido las virtudes evangélicas de una forma heroica a través del Decreto ‘Super Virtutibus’, que el Papa Juan Pablo II aprobó e hizo público el 15 de diciembre de 1995.

Realmente supo "¡Gastarse por Cristo!"

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