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1º.- SEGLARES DE DAIMIEL: Familia González-Mohino Colado

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de 0 a 30, 31 a 60, 61-90, 91-120, 121-150, 151-180, 181-210, 211-240, 241-270.

 

Ponte música de fondo: "Es la familia" de José Cantoral

Himno de la VI Jornada Mundial de las Familias

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Familia González-Mohino Colado

Comenzaré por presentarnos: Somos una familia pequeña, de sólo tres miembros: Ana, la mamá, Marcos, el pequeño de la casa, y Pedro, un servidor. Aunque seamos tres, como la Sagrada Familia de Nazaret, y nuestro hijo naciera el día 25 de Diciembre, hay muchas diferencias entre ambas familias, y, os lo garantizo, aquélla era mucho mejor, no sé por qué. Pero bueno, volviendo a lo que nos trae entre manos, hay algo que sí puede que nos acerque a la original y es que tratamos de ser una familia cristiana, miembros de la Iglesia de Dios y con su fe puesta en Jesucristo.

Nuestras historias vienen por caminos distintos:

Yo nací en Madrid y viví la primera etapa de mi vida en Getafe. Dentro de una familia y, eso sí lo digo con orgullo, convencida de su fe y comprometida con la Iglesia; fui a un colegio de profunda educación cristiana: Los Escolapios de Getafe, algo que nunca terminaré de agradecer a mis padres. En el Colegio, además de cultura, adquirí un convencimiento cristiano que ha sido uno de los pilares de mi vida. Curiosamente, mi hermana fue a las Calasancias de Getafe, donde está enterrado el Padre Faustino, escolapio y fundador, el cual estuvo y fundó en Daimiel de la mano de D. Tiburcio. ¿Casualidad?

Ana vivió la primera etapa de su vida en Daimiel. También dentro de una familia cristiana y se educó en el Colegio San Isidro. La clase de Religión se la dio una persona que marcó profundamente su vida y que, además, es una "histórica" de la "Iglesia en Daimiel" y a la que vaya desde aquí nuestro más emocionado recuerdo: Pilar Rojas.

Yo venía mucho por Daimiel, pues mis padres son de aquí y por las circunstancias de la vida, que no vienen ahora muy a cuento, nos conocimos, poco a poco la cosa fue a más y, bueno lo que suele pasar, y todos os imagináis hasta hoy.

Pero hay algo que me he dejado intencionadamente y es los factores que nos han dado más fe o más vinculación a nuestra Iglesia y nuestras Parroquias:

Por mi parte yo siempre he sido un enamorado de la Semana Santa en general y de la nuestra en particular. Es verdad que la Fe es creer en lo que no vemos, como nos decían, pero yo siempre he creído que, además de lo que no se ve, en Daimiel tenemos la suerte de verle a Él por las calles representado en maravillosas tallas imagineras y dentro de unas procesiones respetuosas y magníficas. Y de entre todas estas imágenes: El Santísimo Cristo del Consuelo de la Parroquia de S. Pedro, al que he acompañado vestido de nazareno en su Vía Crucis todos los Miércoles Santos de mi vida y al que le encomiendo mis dudas, anhelos alegrías y penas. Incluso, durante ocho años, fui Presidente de la Hermandad, algo que me enorgullece y que me sirvió además para involucrarme más en la vida parroquial. También he participado en otras Hermandades, he dado catequesis de confirmación y, en fin colaborado con la Parroquia en pequeñas cosas.

 

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Por su parte, Ana fruto de su educación religiosa en la escuela, se acercó a la Parroquia dentro de sus grupos el de jóvenes y el de grupo de referencia, tras la confirmación, y entró en la Escuela de Monitores con la mencionada Pilar y, poco a poco, se fue convenciendo de su ayuda a los demás lo que le llevó a ser monitora de jóvenes durante 12 años, con todo lo que lleva consigo: encuentros, retiros, reuniones arciprestales, etc. Además y, por su afición a la música, ha sido miembro del Coro de S. Pedro. Como dice ella no salía de San Pedro.

Total, que nuestros caminos se cruzaron, ¡qué bonito me ha quedado eso!, y la Parroquia andaba tan por en medio que nos casamos y formamos una familia a la que se nos añadió nuestro hijo Marcos, que, aunque suene cursi y lo diga todo el mundo de sus hijos, es lo que más queremos. Tratamos de educarle en la fe y en el modo de vida cristiano. Una de nuestras inquietudes es que recibiera educación cristiana y sabemos que la está recibiendo en, cómo no, las Pastoras de Daimiel, calasancio como yo lo fui. Él nos cuenta cuando habla con Jesús en la Capilla del cole o van a llevarle flores a la Divina Pastora. Además, en mi casa hay fotos o imágenes del Señor en sus Pasos de la Semana Santa,… Nos ha visto cantar en el coro, en misa,… Además, tratamos de enseñarle valores cristianos como la caridad, el respeto, el cariño…Creo que cuando sea mayor no va a pisar una iglesia porque lo estamos saturando ahora, pero bueno, cuando él decida, verá lo que más le conviene. Al menos nosotros queremos manifestarle nuestra actitud cristiana.Bien es verdad que cuando nació el niño, tanto Ana como yo nos apartamos de muchos compromisos. Ella dejó el coro para estar más con el pequeño y otras cosas. También no todo es un camino de flores; hay sus baches y sus momentos difíciles en los que dudas de todo. Pero el sentimiento de la presencia de Dios en nuestras vidas es algo de lo que estamos convencidos. No somos una familia cristiana modelo ni pretendemos serlo, aunque salgamos en esto. Estamos totalmente convencidos de que la educación en valores y en valores cristianos es una garantía para el futuro. Desgraciadamente, vivimos en una sociedad donde estos valores se diluyen entre una multitud de interferencias de todo tipo. Y nosotros, los cristianos, somos los que verdaderamente hemos de comprometernos con ellos y en nuestros pequeños entornos: trabajo, familia, colegio, diversión.

Termino recomendando a todos los que han leído esto que confíen en Dios y en su infinita misericordia. Como dice el dicho popular: Dios aprieta pero no ahoga. Y cuando, a veces parezca que no se acuerda mucho de nosotros, nos extiende la mano como a San Pedro, cuando se hundía en el agua, y nos saca a flote. No os fijéis en mi familia ni en nuestras personas. Fijaos en Él. Así también fijaos en las personas que le entregaron su vida, como es el caso de Pedro Crespo, nuestro párroco de S. Pedro, que ha estado presente en todos los acontecimientos cristianos de nuestras vidas, que me puso en el compromiso de escribir esto, -espero no haberos aburrido-, y al que le deseamos toda la suerte del mundo en su nueva etapa en otro lugar. Seguro que nosotros y Daimiel nunca le agradeceremos todo lo que ha hecho por nuestras vidas cristianas y parroquiales.

Larga vida a la Iglesia en Daimiel.

Pedro González-M. y Ana-I. Colado

 

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