Comenzaré por presentarnos: Somos una familia pequeña, de sólo tres
miembros: Ana, la mamá, Marcos, el pequeño de la casa, y Pedro, un servidor. Aunque
seamos tres, como la Sagrada Familia de Nazaret, y nuestro hijo naciera el día 25 de
Diciembre, hay muchas diferencias entre ambas familias, y, os lo garantizo, aquélla era
mucho mejor, no sé por qué. Pero bueno, volviendo a lo que nos trae entre manos, hay
algo que sí puede que nos acerque a la original y es que tratamos de ser una familia
cristiana, miembros de la Iglesia de Dios y con su fe puesta en Jesucristo.
Nuestras historias vienen por caminos distintos:
Yo nací en Madrid y viví la primera etapa de mi
vida en Getafe. Dentro de una familia y, eso sí lo digo con orgullo, convencida de su fe
y comprometida con la Iglesia; fui a un colegio de profunda educación cristiana: Los
Escolapios de Getafe, algo que nunca terminaré de agradecer a mis padres. En el Colegio,
además de cultura, adquirí un convencimiento cristiano que ha sido uno de los pilares de
mi vida. Curiosamente, mi hermana fue a las Calasancias de Getafe, donde está enterrado
el Padre Faustino, escolapio y fundador, el cual estuvo y fundó en Daimiel de la mano de
D. Tiburcio. ¿Casualidad?
Ana vivió la primera etapa de su vida en
Daimiel. También dentro de una familia cristiana y se educó en el Colegio San Isidro. La
clase de Religión se la dio una persona que marcó profundamente su vida y que, además,
es una "histórica" de la "Iglesia en Daimiel" y a la que vaya desde
aquí nuestro más emocionado recuerdo: Pilar Rojas.
Yo venía mucho por Daimiel, pues mis padres son
de aquí y por las circunstancias de la vida, que no vienen ahora muy a cuento, nos
conocimos, poco a poco la cosa fue a más y, bueno lo que suele pasar, y todos os
imagináis hasta hoy.
Pero hay algo que me he dejado intencionadamente
y es los factores que nos han dado más fe o más vinculación a nuestra Iglesia y
nuestras Parroquias:
Por mi parte yo siempre he sido un enamorado de
la Semana Santa en general y de la nuestra en particular. Es verdad que la Fe es creer en
lo que no vemos, como nos decían, pero yo siempre he creído que, además de lo que no se
ve, en Daimiel tenemos la suerte de verle a Él por las calles representado en
maravillosas tallas imagineras y dentro de unas procesiones respetuosas y magníficas. Y
de entre todas estas imágenes: El Santísimo Cristo del Consuelo de la Parroquia de S.
Pedro, al que he acompañado vestido de nazareno en su Vía Crucis todos los Miércoles
Santos de mi vida y al que le encomiendo mis dudas, anhelos alegrías y penas. Incluso,
durante ocho años, fui Presidente de la Hermandad, algo que me enorgullece y que me
sirvió además para involucrarme más en la vida parroquial. También he participado en
otras Hermandades, he dado catequesis de confirmación y, en fin colaborado con la
Parroquia en pequeñas cosas.