Reflexión Semanal Por José Navarro Chaparro
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ANUNCIO DE LA "BUENA NOTICIA" A LOS POBRES Del Evangelio de San Lucas (Lc 4,15-21) «Fue Jesús a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para tener la lectura. Le entregaron el volumen del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde está escrito: "El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido para que dé la buena noticia a los pobres. Me ha enviado para anunciar la libertad a los cautivos y la vista a los ciegos, para poner en libertad a los oprimidos, para proclamar el año de gracia del Señor" (Is 61,1-2).Enrolló el volumen, lo devolvió al sacristán y se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él. Y él empezó a hablarles: Hoy, en vuestra presencia, se ha cumplido este pasaje». Del Evangelio de San Mateo (Mt 11,4-6) «Juan se enteró, en la cárcel, de las obras que hacía el Mesías y mandó a dos de sus discípulos a preguntarle: ¿Eres tú el que tenía que venir o esperamos a otro? Jesús les respondió: Id y contad a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y se anuncia a los pobres la Buena Noticia. ¡Y dichoso aquel que no se escandalice de mí!». Que los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan... Todo esto no precisa explicación. Son signos de la presencia de Cristo: ha empezado el "tiempo nuevo". ¿Pero qué es eso de anunciar la Buena Noticia a los pobres? ¿Y por qué dice Jesús que "dichoso el que no se escandalice" de él? ¿QUÉ POBRES? Sociológicamente, hay que distinguir cuatro conceptos de pobreza: Concepto socio-económico. Pobre es el que carece de aquellos bienes que necesita para su desarrollo biológico y cultural, en referencia a la sociedad concreta en que vive. Concepto político. Sin necesidad de recurrir a los conceptos de clase social, clase obrera o clase trabajadora, los pobres, en sí mismos, constituyen una fuerza política. Por ejemplo, en América Latina, los pobres quieren ser sujetos de su propia historia. Concepto ético. La pobreza tiene mucho que ver con el bien y el mal, la justicia y la injusticia, la realización del hombre y la estructura de la sociedad. Concepto dialéctico. Éste es el que mejor encaja en el contexto bíblico y en la predicación de Jesús. No sólo hace referencia a su antónimo «rico», sino que establece una relación dialéctica entre ambos: hay ricos, porque hay pobres y hay pobres, porque hay ricos. Si todas las personas tuvieran niveles bajos de subsistencia, no serían propiamente pobres; solamente lo son cuando se da una diferencia social en la propiedad y disposición de los recursos materiales y, sobre todo, cuando esta diferencia social es causada por la interacción de unos hombres sobre otros, de unos grupos sobre otros. Pobre, en este sentido, no es meramente el que carece de algo, sino el que es desposeído de lo que tiene o de lo que debiera tener; desposeído de lo que exige la dignidad humana, de lo que es el fruto de su trabajo, del destino común primario de los bienes de la tierra. En el Antiguo Testamento, los pobres son los explotados, los expoliados y desposeídos por los ricos, que se han enriquecido con los despojos de los pobres. Hay una mayoría de pobres, porque hay una minoría de ricos que han acaparado los campos y las casas de los pobres. Los pobres son los oprimidos, los perseguidos, los aplastados con violencia y eliminados por los ricos y poderosos; los humillados, despreciados y marginados; las víctimas de la tiranía y de la arbitrariedad de los poderosos; los débiles, los desvalidos, los indefensos que no pueden hacer valer sus derechos en los tribunales frente a los ricos y poderosos, que decretan leyes injustas y practican la venalidad en los juicios. Los profetas y los salmistas describen a los pobres como personas descorazonadas, abatidas y sin esperanza. Aquí se hace referencia a una determinada clase de pobres: los «pobres de Yahvé», aquellos que ya no tienen más que a Dios en quien confiar. El recordado obispo de Recife, Helder Cámara, decía: "Si doy una limosna a un pobre, me llaman santo; si pregunto por qué hay pobres, me llaman comunista". No hace falta recurrir a categorías marxistas para sostener las anteriores afirmaciones: La explícita y violenta contraposición que pone el evangelista Lucas en boca de Jesús (p.e. Lc 6,20-24: «Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios». [...] «Pero ¡ay de vosotros, los ricos!, porque habéis recibido vuestro consuelo»). La constante denuncia de los profetas contra los ricos que edifican sus casas sobre la miseria de los pobres (p.e. Am 2,6-7: «Venden al inocente por dinero y al pobre por un par de sandalias; revuelcan en el polvo al desvalido y tuercen el proceso del indigente»). La referencia al mecanismo de empobrecimiento por la defraudación del salario que hace Santiago (Sant 5,2-4: «Vuestra riqueza está podrida y vuestros vestidos están apolillados. [...] Mirad; el salario que no habéis pagado a los obreros que segaron vuestros campos está gritando; y los gritos de los segadores han llegado a los oídos del Señor»). Recuérdense las duras expresiones de los Santos Padres contra quienes acumulan riquezas, lo cual es siempre a costa de los pobres (p.e. San Juan Crisóstomo: "el rico, o es ladrón o hijo de ladrón"). Ejemplos que no hacen sino mostrar cuán tradicional, cuán arriesgado y profundo está el concepto dialéctico de pobre. Jesús viene a dar una "buena noticia a los pobres", a estos pobres, y advierte: "dichoso el que no se escandalice de mí" (su doctrina no es apta para oídos píos). ¿QUÉ BUENA NOTICIA? "Buena noticia", en griego, se dice "evangelio". El griego es el idioma en que fueron escritos los evangelios. En algunas traducciones antiguas, en lugar de decir "anunciar la buena noticia", se dice "evangelizar". Está bien. Lingüísticamente, es lo mismo, pero, en la práctica, no suena igual "evangelizar a los pobres" que "dar una buena noticia a los pobres". Algunas personas, hombres o mujeres, piadosos ellos/as, pensaban que la "evangelización de los pobres" consistía en estimularlos a casarse por la Iglesia y enseñarlos a rezar el Credo. Otros/as pensaban (de buena fe, supongo) que la mejor noticia que pueden recibir los pobres es que van a ir al cielo, después de aguantar con paciencia las infamias de los ricos. Por eso, dijo alguien que la religión es el opio de los pueblos. La gran noticia para los pobres es que "el Reino de Dios se acerca" (Mc 1,15), una sociedad nueva de justicia, amor y unidad. La noticia dada por Jesús de que se acercaba el Reino de Dios produjo en la masa del pueblo tal entusiasmo que, a veces, los textos evangélicos rozan la exageración. Entusiasmo que duró hasta el final de la vida de Jesús. Sin duda alguna, aquellas gentes vieron, en el mensaje del Reino, algo que colmaba sus aspiraciones más profundas. Mt 5,4-6 «Dichosos los que sufren, porque ésos van a recibir el consuelo. Dichosos los sometidos, porque ésos van a heredar la tierra. Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque van a ser saciados». ¿Quiénes se entusiasmaron por el anuncio del Reino? Cuando los evangelios hablan de la "gente" ("gentío"), que se entusiasma ante el mensaje de Jesús, en concreto, usan el sustantivo óchlos. Ochlos, vocablo griego, significa la "muchedumbre del pueblo" o el "gentío", en contraposición especialmente a los nobles o a la clase superior. Es "la masa carente de orientación y caudillaje, la plebe carente de significado político e intelectual". Según esto, cuando los evangelios hablan de la "gente" (óchlos), la mayoría de las veces designan la multitud desorganizada de gentes, que vienen para oír a Juan Bautista (Lc 3,7. 10) o a Jesús. Según la formulación durísima del evangelio de Juan, se trata de "la plebe que no entiende de la Ley y está maldita" (Jn 7,48-49). Por eso, en los evangelios, a estas "gentes" se las asocia con la enfermedad, con el demonio, con el pecado, con el hambre. En el Antiguo Testamento, nos encontramos con diversos grupos de pobres sociológicos que tienen unas características comunes bien definidas: los pequeños campesinos agobiados por los impuestos y endeudados con los más pudientes de cada localidad, que son despojados por los acreedores de sus campos y de sus casas; los jornaleros eventuales. que se ven forzados a trabajar a cambio de la comida o de cualquier cosa, a quienes no se les paga un salario justo, o se les retiene largo tiempo; los que se ven forzados a mendigar, porque no encuentran trabajo, o porque están incapacitados para hacerlo; las viudas y los huérfanos, que son despojados de sus bienes y de sus derechos y sometidos a la explotación; los extranjeros, refugiados y emigrantes; los esclavos y los siervos; los incapacitados para el trabajo: ciegos, cojos. y enfermos en general; los deportados, los perseguidos y los encarcelados sometidos a toda clase de violencias y de malos tratos. (Sería demasiado prolijo el citar todos los pasajes bíblicos que aluden a estos diversos grupos de pobres. Para nuestro objetivo, basta esta caracterización general). ¿Quiénes son los pobres en la actualidad? Respuesta contundente unánimemente aceptada: esas cuatro quintas partes de la humanidad 80 de cada 100, que enferman y mueren de hambre, esos 17 millones de niños que morirán de hambre en 2007. La mayoría de los pobres del mundo viven en los países llamados "pobres" y "subdesarrollados". Pero esto no es toda la verdad. La mayoría de esos países han sido víctimas del colonialismo, que ha destruido sus culturas y les ha arrebatado sus riquezas y sus materias primas esclavizando a sus hombres. Actualmente, aunque hayan recobrado su independencia política son víctimas del imperialismo económico, que sigue apropiándose de sus materias primas y de su mano de obra tratada como mercancía a bajo precio. La opulencia de los países ricos es en buena parte, posible mediante la explotación de los países del tercer mundo. Unos pocos países se hacen cada vez más ricos a costa de hacer cada vez más pobres a la mayoría de los países de la tierra. La dependencia económica, que impide la promoción de los países pobres, tiene cuatro mecanismos importantes:
La explotación y la insolidaridad de los países ubicados en los "balnearios" europeos y norteamericanos son la causa estructural más importante del hambre en el mundo y constituyen, desde el punto de vista cristiano, el mayor pecado social de lesa humanidad, la más grave injusticia y el mayor escándalo. La pobreza y marginación no son magnitudes constantes, sino que admiten muchos grados dentro de una misma sociedad o, comparativamente, con otras sociedades. Si tomamos el concepto de "pobres" en su sentido restringido, solo podríamos considerar como pobres a los que poseen escasos bienes materiales. Si lo tomamos en sentido amplio y no los definimos exclusivamente por la situación de escasez económica, podemos considerar como pobres a todos los marginados. En este caso, "pobres" y "marginados" serían conceptos equivalentes y mutuamente convertibles. La comunión y solidaridad activa con los pobres y marginados del tercer mundo y con los pobres y marginados del mundo nuestro nos aboca irremediablemente a una praxis y a un compromiso político de liberación de alcance internacional. La comunión de bienes materiales y la organización de obras asistenciales y educativas (ONGs, etc.), pueden ser urgentes y necesarias para mitigar los aspectos más hirientes del fenómeno social de la pobreza y de la marginación, pero son absolutamente insuficientes, si queremos atacarlos en sus mismas raíces económicas, políticas y culturales. No podemos eludir de ningún modo la dimensión política de la comunión ¡qué palabra tan cristiana! y solidaridad activa con los pobres y marginados. La Pobreza evangélica No podemos llamar pobreza evangélica a cualquier tipo de pobreza, por ejemplo a la tacañería (tener y no gastar) o (no sólo) a la austeridad personal. La "pobreza evangélica" es una forma de vida que, por sí misma, es un "evangelio", un testimonio, una buena noticia para la sociedad, una contribución a la liberación de pobres y marginados. El Reino de Dios es semejante a un hombre que, al ver a hombres "parados", se movió a darles trabajo (Mt 20,1 ss.), no para beneficiarse de ellos, sino para comunicar y compartir sus bienes con ellos. |
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