Reflexión Semanal

Por José Navarro Chaparro

CATOLICISMO POPULAR Y "NUEVA EVANGELIZACIÓN"

(Mt 15,8-9)

«Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. En vano me rinden culto, ya que enseñan doctrinas que son preceptos de hombres.»

(Mc 1,12-15)

«Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios; decía:

—Se ha cumplido el plazo, está cerca el Reino de Dios. Cambiad de mentalidad ["convertíos"] y creed la Buena Noticia».

Así, en general, podemos definir al catolicismo popular como "no evangelizado", es decir no influido por el Evangelio. Estoy seguro, completamente seguro, de que, en la inmensa mayoría nuestros ambientes "católicos" (hogares, cabildos de cofradías, movimientos apostólicos…), no se lee jamás el Evangelio, jamás. Se le cita, eso, sí, pero no se lee ni se analiza ni se medita. En nuestros hogares católicos, se tiene de todo: estampas, rosarios, "cristillos", agua bendita, velas, exvotos…; se paga la cuota de un par de cofradías; se subasta el palo de las andas para "alzar" de la imagen…, pero, de evangelio, nada. ¡Nada! Lo que se practica es una religiosidad devocional en búsqueda de protección divina, de salvación eterna o, en el mejor de los casos, de perfección personal.

El Cristianismo es, para muchos, una colección de actitudes y éticas devocionales, filtradas por las modas en uso, pero, en definitiva, en términos sociológicos, un Dios y una religión acorde con una sociedad estática, donde la fe se explica por "lo de toda la vida", lo santo se convierte en "los santos", la oración en "rezos", la Iglesia en "templo", la caridad en "limosna", el Reino de Dios en la otra vida y la evangelización en procesiones. La oración se expresa en fórmulas prefabricadas, que esclavizan el entendimiento; las expresiones son individualistas e íntimas, buscando por ellas seguridad (en la devoción) salud (en los votos y ex-votos) y técnica (en los milagros).

Es decir, una religiosidad no cristiana, no evangelizada.

Dice Gonzalo Torrente Ballester en su libro «Memoria de un inconformista», en un capítulo dedicado al Concilio Vaticano II:

«Nos gustaría ver borradas de las prácticas corrientes tantas beaterías, devociones inútiles (cuando no falsas), y, por supuesto, esa inmensa serie de creencias que más se acercan a la superstición que a la fe, y que aunque la fe sea su contenido último, se viven y practican como verdaderas supersticiones».

Tal catolicismo divide la realidad en dos partes: por un lado, lo espiritual; por otro, lo temporal; por un lado, la religión; por otro, los "negocios" (las tareas temporales). La religión y Dios, están a tono con una sociedad tradicional, estática, cerrada al cambio y a lo creativo. Este catolicismo popular refuerza el sistema social actual, con todas sus injusticias, contradicciones y opresiones. Sociológicamente hablando, es un factor reaccionario y, por tanto, un freno a la liberación del ser humano.

La pastoral que se ejerce para este tipo de catolicismo degradado puede ser considerada como alienante y reaccionaria. El talante del cliente determina el estilo del funcionario. "El vulgo es necio / y, pues paga, es justo, hablarle en necio / para darle gusto" (Lope de Vega). Todas las transformaciones sociales discurren sin que dicha pastoral se entere. Ella se dedica a mantener la "fe católica", mientras la vida discurre por otros cauces hacia la secularización (seglarización, laicidad).

Los bautizados alejados de la vida cristiana, son en muchas ocasiones, "descreídos,". Conservan una mala imagen de la Iglesia junto a una valoración positiva del Evangelio y de la persona de Jesús. Juzgan con severidad y, a veces, con injusticia las intenciones de los agentes pastorales de la Iglesia en cuanto forman parte del sistema eclesiástico, pero muestran un gran respeto hacia los creyentes genuinos e incluso hacia la fe cristiana, secretamente añorada por no pocos. Algunos sienten la necesidad de abandonar de una vez el escaso y falso cristianismo en el que se mueven o de tomarlo en serio del todo.

La pastoral tradicional, renacentista aún (subjetivista), interpreta el "convertíos" evangélico (Mc 1,15) como conversión puramente personal. Pero sabemos que la fe cristiana es no sólo conversión personal, sino también principio crítico de la sociedad. Parámetro, el amor, cuyo valor de correlación está determinado por el porcentaje de AMOR que Jesucristo muestra. El estilo de vida es de justicia, amor y unidad. Jesús lo llamaba Reino de Dios, que tiene que ser buscado afanosamente con prioridad sobre las demás cosas. La Iglesia es la comunidad encargada por Cristo para anunciar proféticamente el Reino de Dios.

En sus entrañas late un dinamismo de liberación, ya que su objeto es el mismo Cristo en cuanto Salvador (liberador del pecado y de todas sus consecuencias personales y sociales).

La pastoral, por tanto, como anuncio de esa fe, debería ser radicalmente liberadora de esclavitudes externas (la injusticia) y de esclavitudes internas (la alienación). Como el Evangelio.

"NUEVA EVANGELIZACIÓN"

Juan Pablo II, consciente de la vaciedad del catolicismo tradicional, habló de una "nueva evangelización".

Me parece que, en lugar de "nueva", habría que hablarse, simplemente, de "evangelización". Evangelizar constituye la vocación propia de la Iglesia, su identidad mas profunda. Ella existe para evangelizar (EN 14). Y no debe haber una "antigua" y una "nueva" evangelización, puesto que, evangelización, como Evangelio, no hay más que una.

Pero no todos lo entienden del mismo modo:

a) Las señoras caritativas "de siempre" creen que la evangelización es enseñar a rezar el Credo y estimular a casarse por la Iglesia.

b) Los agentes de pastoral preconcialiares la interpretan como simple restauración del contexto de cristiandad, pero modernizada: en lugar de hablar desde el púlpito, hablar por la radio y la tele, pero siempre lo mismo y de lo mismo.

c) Los conciliares la interpretan como una renovación profunda de la misión cristiana a la luz de la liberación evangélica desde el mundo de los pobres (cambio que debe operarse en la Iglesia).

La Iglesia-institución, en lugar de misionera (que es lo suyo), se ha convertido, durante siglos, en sacramentalizadora, sin una eficaz formación cristiana. Al considerar creyentes a todos los bautizados, la preocupación era sacramental antes que misionera. Incluso, la sacramentalización ha estado infantilizada; la catequesis de niños ha tenido más importancia que la de los jóvenes y adultos (más dura de pelar).

El pueblo "cristiano" no ha tenido más idea del Evangelio que lo oído en los sermones, malamente predicado y peor aplicado, cuando no interesadamente "politizado".

La mayoría de los bautizados no han sido evangelizados o catequizados suficientemente por la familia, la escuela o la parroquia. En la mayoría de los casos, la familia se inhibe en la educación cristiana de los niños, bien porque los padres son poco creyentes, bien porque no saben dar a sus hijos mínimas "razones de su esperanza" (I Petr 3,15). Todo se confía a una futura religión escolar, hoy en crisis, o a una incompleta catequesis parroquial.

Es evidente la necesidad de una evangelización, es decir de una educación cristiana.

Evangelización es lo mismo que acción misionera (distinta de la institución denominada "Acción Católica"). Hoy, la evangelización es mucho más difícil que en los tiempos primitivos, pues hay muchos bautizados que viven al margen de la vida cristiana; otros tienen una fe vaga, sin fundamentos (fe del carbonero); otros tienen adherencias supersticiosas (fe mágica popular); la fe de otros (los espiritualistas) está separada de la justicia… Todos estos (y otros muchos parecidos) están vacunados contra la fe evangélica; en ellos la siembra misionera cae "al lado del camino, entre piedras o entre cardos" (Mt 13,4-7). Bautizados que ya no creen ni practican; a lo sumo, asisten a bautizos, primeras comuniones, bodas y funerales; creyentes que practican con una cierta regularidad y aun cató1icos asiduos a la misa dominical…, que no tienen ni pajolera idea de lo que es el Evangelio.

Preludio de la "nueva evangelización":

"Piense quien para el público trabaja

que, tal vez, a la gente culpa en vano,

pues, si, dándole paja, come paja,

siempre que le dan grano, come grano".

(Tomás de Iriarte)

No debemos olvidar que la evangelización de la cultura de los pobres es exigencia primera y LUGAR TEOLÓGICO de la evangelización de cualquier cultura. El clamor por la justicia de los pobres y la iniquidad de las estructuras sociales injustas; los pobres y los marginados señalan las lacras de la humanidad y el pecado existente en el mundo. Al ser capaces de descubrir la presencia de Dios en ellos mismos, se convierten en sujetos fundamentales de evangelización. «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Noticia» (Lc 4,18)

("Lugar teológico" = lugar en el que puede encontrarse a Dios).

Los que ponen obstáculo a la evangelización no son los ateos que luchan por la humanización y la justicia, sino los creyentes opresores que pervierten el sentido de la enseñanza de Jesús.

El Concilio nos enseñó a comprender positivamente el mundo a la luz del evangelio, valorando los signos de los tiempos (GS 4,1), es decir, los síntomas profundos que se advierten en la humanidad más humillada, a saber, los deseos de justicia, solidaridad, paz, etc., junto a los rechazos del capitalismo, totalitarismo, imperialismo, fanatismo, armamentismo, etc.

Sin compromiso con la justicia y la solidaridad, la evangelización carece de toda novedad.

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