Reflexión Semanal Por José Navarro Chaparro
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CONCIENCIA, LIBERACIÓN «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para que dé la buena noticia a los pobres. Me ha enviado para anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos» (Lc 4,18). «Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres» (Jn 8,32). «Para ser libres nos liberó Cristo. Manteneos, pues, firmes y no os dejéis atar de nuevo al yugo de la esclavitud. Hermanos, vuestra vocación es la libertad: no una libertad para que se aproveche el egoísmo; al contrario, sed esclavos unos otros por amor. Porque toda la ley se concentra en la frase: "Amarás al prójimo como a ti mismo"». (Gál 5,1-13). «Obrad como hombres libres, es decir, no como quienes hacen de la libertad tapadera de la villanía, sino sirviendo a Dios». (I Petr 2,16). Libertad, liberación. Toda la proclamación evangélica de Jesús se encierra en este marco. Con razón, a Jesús se le denomina "libertador". (Hay una película con el título "Cristo libertador", que salió como réplica a otra titulada "Cristo superstar"). ¿De qué quiere liberarnos Cristo? Tradicionalmente, se dice: "del pecado y del infierno". Esto es no decir nada. La voz de Jesús es un aldabonazo a la conciencia que pretende ser cristiana: «Levantaos, alzad la cabeza, se acerca vuestra liberación» (Lc 21,28). «El Reino de Dios se acerca. Cambiad de criterios y de conducta y creed la buena "noticia" que os traigo» (Mc 1,5). El Mesías viene a liberar al mundo (sistema) del dinero, del poder y de la gloria. No como reforma, sino como revolución. Viene a construir el Reino de Dios, un mundo sin alienaciones, en donde cada uno y todos juntos pueda ser libre de ataduras externas y de ataduras internas, dueño cada uno de su persona, de su pensamiento, de su criterio, de su voluntad, de su trabajo, de su habilidad, de su arte. Jesús "fue predicando por aquellas sinagogas, por toda Galilea, y expulsando los demonios" (Mc 1,39). Jesús liberaba a la gente de lo que le impedía ser persona (eso es lo del demonio). El gran demonio de nuestra época es la ambición concretada en el tener. Es una esclavitud aceptada, canonizada. Las esclavitudes de esta índole son las peores, porque, si yo me doy cuenta de que estoy sujeto a una cadena, pues..., bueno, estoy atado, pero me doy cuenta (tengo conciencia) y reacciono en la medida en que puedo. Pero, si no me doy cuenta (no tengo conciencia) de que estoy encadenado encavernado diría Platón, no haré ningún esfuerzo para liberarme. Si, además, creo que la cadena es una bendición, estoy completamente perdido. Tenemos la sensación (conciencia) de ser libres porque nos creemos espontáneos, porque seguimos ciegamente nuestras reacciones, pero la verdad objetiva es que somos esclavos de las influencias que los demás ejercen sobre nosotros. Nuestra conciencia reposa, como la de aquél del Evangelio (Lc 12,19): «come, bebe y date buena vida», tienes un sueldo, un coche, seguridad social y jubilación; aquí, paz y, después, fútbol. El resultado de todo es la confusión que nos invade y la ausencia de personalidad en que vivimos. Para ponerse manos a la obra, habrá que tener hambre y sed de justicia. Pero todas las posibilidades de libertad y liberación, querida por Dios y necesitada por el hombre, se frustrarán o convertirán en realidad, según el nivel de conciencia que se alcance. Conciencia: a) Tradicionalmente, conciencia se refiere al juicio moral, es decir, la capacidad que nos indica lo que está bien o está mal. El último juez que aprueba o desaprueba nuestras palabras, acciones o deseos. Ejemplo: I Cor 10,25 «Comed todo lo que se vende en el mercado sin plantearos cuestiones de conciencia». b) Del latín cum-scientia, es definida, en general, como el conocimiento que un ser tiene de sí mismo y de su entorno. "Conscientia" significa literalmente "con-conocimiento". En una tarde de paseo, estábamos un grupo de alumnos sentados en una pendiente al lado de la carretera. Uno del grupo, bajito y regordete, dijo; Me parece que me voy a rodar. Y el profesor que nos acompañaba le preguntó: ¿Es que tienes conciencia de melón? Los griegos decían que cada uno de nosotros está compuesto por tres personas: una, la que creemos ser; otra, la que los otros creen que somos y, la tercera, la que somos en realidad. Y añadía Unamuno: "Otra, la que quiero ser". Nuestra época ofrece a la humanidad una cantidad de posibilidades de liberación como ningún otro tiempo anterior. Ha avanzado, hasta cierto punto, la liberación económica, social y política, porque ha avanzado la conciencia en relación con esos aspectos. En cambio, el hombre se mantiene sometido a la ignorancia en muchas cosas que necesitaría saber, aguanta la manipulación psicológica que sobre él se ejerce y se encuentra alienado ideológica y espiritualmente, porque la conciencia de esta situación es mucho más deficiente, hasta el punto de que, cuando vive con cierto grado de poder económico el sistema da dinero, pero adormece la conciencia, casi no hay nada que hacer para que siga adelante su autoliberación. En el lenguaje usual, se oyen con frecuencia frases como "hay que tomar conciencia", "hay que concienciar" Es que ¡es tan difícil llegar a tener una conciencia verdaderamente eficaz!, llegar a tener conciencia de persona y no de melón... La relación entre conciencia y liberación es lo que pretendo con el presente trabajo. Si consigo hacerme entender, miel sobre hojuelas. 1. La conciencia primitiva Los antiguos «explicaban» los diversos fenómenos naturales y sociales mediante mitos (ficciones alegóricas, especialmente religiosas). Estas «explicaciones» bastaban para que el hombre no indagase más y se sintiera satisfecho en su curiosidad. Cada cual sufría la condición, afortunada o penosa, a que se veía reducido. Durante muchísimos siglos el hombre se mantuvo en este nivel de conciencia. 2. La conciencia metafísica. Poco a poco va apareciendo y desarrollándose el espíritu crítico. Empieza así la crítica del mito, y va naciendo el logos (razonamiento, inteligencia, pensamiento, ciencia ). 3. La conciencia individualista moderna El Renacimiento aportó aspectos nuevos y formulaciones de las cosas que habían ido gestándose durante la Edad Media y que originaron un cambio en la conciencia humana: en general, descubrimiento y valoración del individuo. Todo se renueva para bien o para mal: "Pienso, luego existo" (racionalismo); libertad en el arte (distintos "ismos"); la voluntad del príncipe en política (absolutismo); la voluntad del amo en economía (capitalismo); la libre interpretación de la Biblia en Religión (protestantismo)... Esta conciencia significó un paso decisivo en la conquista de la libertad y que afectó grandemente a la lucha y a los planteamientos sociales posteriores. 4. La conciencia social Una de las características más importantes de nuestro tiempo es el desarrollo de las ideas de libertad e igualdad humanas, de interdependencia entre las personas, los grupos, los países y los problemas de todo orden, los sentimientos de solidaridad y la repulsa de todo colonialismo, despotismo, opresión o paternalismo. Se percibe, cada vez con mayor claridad, que las situaciones sociales no obedecen a una ley fatal establecida por Dios o por las fuerzas que rigen la historia, sino que son fruto de la libre acción de los hombres, de la que es posible y necesario hacer una crítica realista y eficaz. Y que esa su situación puede modificarse profundamente en virtud de la acción consciente de las personas. Las personas con conciencia social observan que el sistema capitalista, en su evolución, con su capacidad de maniobra, da dinero sin cultura y crea una esclavitud enmascarada; que, a medida de que se extiende el bienestar de la sociedad de consumo, el pueblo se aburguesa. Las personas con conciencia social echan de menos a aquellos líderes que con tanto brío lucharon en otros tiempos, clamando por la solidaridad de todos los pobres del mundo. La voz de Cristo «el Señor me ha ungido para que dé la buena noticia a los pobres» (Lc 4,18) duerme bajo el polvo. ¿Será verdad que al hombre, en general, no le interesa la libertad, sino solamente los goces materiales? 5. La conciencia política Todos los cambios y progreso en que nuestra sociedad concreta sus energías y sus esperanzas de liberación son puramente cuantitativos: más dinero, más comodidades, más ciencia, más técnica, más bienes de consumo, más sexualidad, más democracia. Pero este más se concibe siempre sobre la base de conservar el mismo tipo de relación del hombre con la realidad de que se trate. Y esa relación es siempre de tipo heterónomo: son otros los que planean y organizan el disfrute de los bienes de la sociedad, los que los elaboran, los ponen de moda, los venden..., los venden , los venden Hace falta un cambio cualitativo, para llegar a la verdadera autonomía del hombre y la sociedad. Esto es lo que proclamaban los estudiantes del Mayo francés del 68. Este es el sentido de aquello que decía san Pablo: «el mundo gime con dolores de parto, esperando que se manifieste lo que, de verdad, es ser hijos de Dios». Y esto es lo que pretende la Teología de la Liberación. |
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