Reflexión Semanal

Por José Navarro Chaparro

RESURRECCIÓN DEL SEÑOR

Lectura del santo Evangelio según San Marcos (16,1ss)

«María la Magdalena, María la de Santiago y Salomé compraron aromas para ir a embalsamar a Jesús. Y, muy temprano, el primer día de la semana al salir el sol, fueron al sepulcro. Y se decían unas otras:

—¿Quién retirará la piedra de la entrada del sepulcro?

Al mirar vieron que la piedra estaba apartada y eso que era muy grande. Entraron en el sepulcro vieron un joven sentado a la derecha, vestido de blanco, y se asustaron. Él les dijo:

—No os asustéis. ¿Buscáis a Jesús el Nazareno, el crucificado? No está aquí. HA RESUCITADO. Mirad el sitio en donde lo pusieron. Ahora id a decir a sus discípulos y a Pedro: "Él va por delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis, como os tenía dicho"».

Ese joven dice: "Buscáis a Jesús el Nazareno, el crucificado". Podía haber dicho "Jesús el Señor", según el modo de hablar de las comunidades primitivas; podía haber dicho "Jesús el Mesías", que era el modo de hablar de antes de la resurrección. Pero, no, ningún título, "Nazareno". Vuelve a recordar el origen humilde de Jesús, el pueblecito de donde procedía. La historia de Jesús se concentra aquí en dos cosas: en que es un hombre humilde de Nazaret y en que ha muerto como un criminal ("crucificado").

Ése «ha resucitado, no está aquí». Si toda la vida de Jesús ha sido una liberación, Dios firma esa liberación.

La resurrección de Jesús es el fundamento de nuestra fe. «Si Cristo no ha resucitado, nuestra fe está vacía» (I Cor 15,14), no tendríamos fundamento seguro para seguirlo, creerlo, continuar su actividad, liberar al hombre.

«Y ahora, marchaos, decid a sus discípulos y a Pedro que los espera en Galilea; allí lo verán, como les había anunciado".

* * *

Lo que llamamos "semana santa" ha terminado ya.

Oigo hablar de las imágenes de los distintos "cristos" (el "nazareno", el del "consuelo", el de la "expiración", el del "sepulcro"...). Oigo hablar de carrozas (perdón, tronos), de flores, de peinados, coronas, toquillas y mantos... Veo cómo todos los actos externos de la mal llamada "semana santa" concentran el interés en lo religioso en expresión folclórica, espectacular y turística, pero no se ve lo cristiano. Aparece el poema del dolor y de la muerte, pero no el testimonio de la "resurrección y la vida" (Jn 11,25) que es Jesús. Muere Cristo, se le entierra y cada uno se va a su casa, como en los entierros comunes. Y es que el subconsciente colectivo es deudor de una cultura de muerte, como es la cultura religiosa del hombre primitivo.

Aparece Jerusalén, pero no aparece Galilea.

Yo me pregunto: ¿qué sentido tiene todo eso, si el sepulcro está vacío? ¿O es que no nos lo creemos?

Me queda la sensación de que Cristo ha quedado metido en el sepulcro, en conserva, congelado, inerte, hasta el año que viene. Los pasos serán desmontados; las flores se marchitarán; las túnicas reposarán en el fondo de los baúles; las imágenes serán cubiertas con sus paños protectores; los atributos de jerarquía y precedencia se tornarán inútiles durante un año.

¿Y ahora, qué? ¿Donde está Cristo, el Cristo vivo, el de verdad?

Tengo la sensación de que Jesús, el Jesús de verdad, nos dice: "No servís para mi obra; os habéis quedado llorando sobre mi cuerpo muerto".

El mensaje de Cristo resucitado, el único mensaje de Cristo resucitado, es el que el joven comunicó a las mujeres: "decid a los discípulos que los espera en Galilea".

GALILEA

Dice el evangelista San Mateo, citando al profeta Isaías:

Mt 4,15: "¡País de Zabulón y país de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los paganos! El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombra de muerte les brilló una luz". Desde allí empezó Jesús a proclamar: "Convertíos, que el Reino de Dios se acerca" (Mt 4,17).

El evangelio de San Marcos comienza contando cómo empezó la "Buena Noticia" de Jesús: «Sucedió que en aquellos días llegó Jesús desde Nazaret de Galilea, y Juan lo bautizó en el Jordán» (Marcos 1,9). En Judea está la capital, toda la administración y el templo; es la provincia del poder político, económico y religioso. Galilea es la provincia más rica, pero la más explotada: allí está la industria de la pesca y la agricultura; pero hay muchos grupos de gente sin trabajo, que van de un lado para otro y son caldo de cultivo para todo agitador que se presente; son los que componen las guerrillas nacionalistas y, cuando no hay guerrilla, hacen de bandidos, porque tienen que comer. Galilea es la provincia nacionalista por excelencia.

En Judea, está el gobierno central, que se entiende bien con el poder romano. No se quieren, naturalmente, pero se toleran, se soportan y consiguen un compromiso.

En Galilea, la gente está harta del poder romano y del poder central. Son rebeldes; en Galilea es en donde empiezan todas las revoluciones.

Por eso, Marcos, con toda intención, señala: «llegó Jesús desde Nazaret en Galilea».

Nazaret es un pueblecito de la montaña muy poco importante, tan poco importante, que nunca aparece en el antiguo testamento. Era un poblacho. Pero este poblacho estaba en la montaña y la montaña era la parte más revolucionaria de Galilea.

Jesús es de Nazaret, de la montaña, cuya gente es la más pobre, la más ajetreada; sitio de las "cabezas calientes". O sea, mientras no se demuestre lo contrario, Jesús reúne todas las características topográficas y sociales para ser considerado como un agitador revolucionario o, por lo menos, un simpatizante de los agitadores. "¿De Nazaret puede salir algo bueno?" (Jn 1,46), dijo Natanael (Bartolomé) cuando le hablaron de Jesús.

Al lado de Nazaret estaba Seforis, que había sido la capital de Galilea y el centro del gran levantamiento contra los romanos que organizó Judas el Galileo (Act 5,34-37). Jesús, por la edad que por entonces tenía (alrededor de ocho o diez años), pudo tener perfectas noticias del acontecimiento. Y eso se contó siempre. (Ya sabéis cómo son los pueblos: "¿Os acordáis de lo del pobre Judas y de cómo los canallas de los romanos vinieron y los machacaron y quemaron la ciudad...?"). Allí estaban las ruinas de Seforis, que se veían desde Nazaret. Y hasta podemos pensar —¿por qué no?— que S. José, que desaparece de pronto sin dejar rastro, pudo perder su vida luchando en Seforis. La hipótesis es verosímil. Las razones históricas, sociales y humanas serían, realmente, las mismas por las que, presuntamente, murió Jesús.

Jesús de Nazaret de Galilea, no es un hombre separado del mundo; es un hombre que vive, que ha vivido hasta entonces en un pueblo concreto, en una situación concreta, que él conoce bien:

— La situación religiosa: El conoce perfectamente qué es lo que sus paisanos creen y no creen.

— La situación social: El sabe muy bien quién come y quién no come y cuáles son las causas de esa injusticia.

— La situación política: Sabe muy bien la efervescencia política de Galilea contra el poder romano y contra el poder central. En Galilea es en donde se reclutan los ejércitos zelotas (zelotas son los fanáticos nacionalistas). Probablemente, Barrabás era uno de ellos.

Los galileos eran despreciados por los otros judíos. Nos cuenta San Juan (Jn 7,52) que, en cierta ocasión, los sumos sacerdotes y los fariseos trataron de prender a Jesús. Nicodemo, que era uno de ellos, intervino en favor de Jesús, y los demás le replicaron:

—¿También tú eres galileo? Estudia y verás que de Galilea no puede salir un profeta.

Cuando una criada, en el patio de la casa del sumo sacerdote, se encontró con Pedro, le dijo:

—También tú andabas con "el Galileo".

Los de Judea eran más refinados y formalistas, y estaban imbuidos de un sentido de superioridad originado por la creencia de que poseían una pureza de origen más segura y una superior calidad de sus elites; además, allí estaba Jerusalén y gozaban de la prestigiosa presencia del Templo.

Galilea, por razón de su población mixta, por ser permeable a las corrientes innovadoras hasta en su práctica de la ley mosaica, por su rudeza en la lengua y costumbres, aparecía como sospechosa a los ojos de los de Judea.

En esta Galilea, vivió Jesús la mayor parte de su existencia terrestre. Los primeros discípulos y la mayor parte de los que llegaron a ser los primeros apóstoles, así como la mayoría de las mujeres que pusieron sus bienes y su afán al servicio de la pequeña comunidad apostólica, fueron galileos. Fue en Galilea en donde Jesús realizó el primer milagro, seguido de muchos otros, que atestiguaron a los ojos de la multitud la autenticidad de su mandato divino; fue en Galilea donde eligió «su ciudad» (Cafarnaún) y donde se menciona «su casa»; fue en un montículo de Galilea en donde primero reveló las ideas básicas de la enseñanza evangélica: el espíritu de pobreza, el hambre y la sed de la justicia la misericordia entrañable, la limpieza de corazón, la construcción de la paz. En Galilea es en donde insiste en el anuncio de su Pasión, en donde se revela como «el pan de la vida».

En la dinámica del evangelio de Marcos, lo que empezó en Galilea vuelve a empezar en la mañana de Pascua: Galilea es a donde llama a sus apóstoles después de la Resurrección, para confirmarlos en su fe y en su misión, yendo él por delante, tal como lo tenía anunciado.

Venga, vamos a Galilea. En Galilea está la vida; en Jerusalén está la muerte.

* * *

Se me ocurre preguntarme para mis adentros: ¿qué diría Jesús, el de Nazaret de Galilea, el de verdad, gloriosamente resucitado, de toda la parafernalia que se monta para escenificar su pasión y muerte, entre tambores y trompetas?

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