Reflexión Semanal

Por José Navarro Chaparro

REVOLUCIÓN CRISTIANA (II)

CARACTERÍSTICAS

«Recorría Jesús toda Galilea, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. […] Y lo siguió una gran muchedumbre de Galilea, Decápolis, Jerusalén y Judea, y del otro lado del Jordán» (Mt 4,23-25)

¿Quiénes se entusiasmaron por el anuncio del Reino?

Hay un dato claro: cuando el evangelio de Mateo habla por primera vez del "gentío" que seguía a Jesús (Mt 4,25), precisamente porque "recorría Galilea entera... proclamando la buena noticia del Reino" (Mt 4,23), el texto griego utiliza la expresión "ochloi poloi", que significa, literalmente, "muchas gentes". El sustantivo óchlos es el término que se repite con más frecuencia, en los evangelios sinópticos, cuando hablan de la multitud, el pueblo o el gentío, que se reúne en torno a Jesús. Mateo lo utiliza 49 veces, Marcos 38 veces y Lucas 41, mientras que otros vocablos parecidos, como laós (pueblo), plêthos (multitud) o éthnos (nación) aparecen con mucha menos frecuencia.

Ochlos significa la "muchedumbre del pueblo" o el "gentío", en contraposición especialmente a los nobles o a la clase superior. Es la plebe carente de significado político e intelectual, la multitud desorganizada de gentes, que vienen para oír a Juan Bautista (Lc 3,7) o a Jesús. Según el evangelio de Juan, se trata de "la plebe, que no entiende de la Ley y está maldita" (Jn 7,49). Por eso, en los evangelios, a estas "gentes" se las asocia con la enfermedad, con el demonio, con el pecado, con el hambre.

Jesús sentía compasión de aquella "gente" porque "andaban maltrechos y derrengados como ovejas sin pastor" (Mt 9,36). Y es importante caer en la cuenta de que el evangelio de Mateo pone estas palabras en boca de Jesús precisamente cuando va a comenzar el discurso de la misión, en el que el tema central del mensaje ("la buena noticia") es que "ya llega el Reino de Dios" (Mt 10,7).

Lógica del anuncio de Jesús

En el anuncio del Reino de Dios, Jesús actúa como el mensajero de una buena noticia ("eu-aggelion" = ev-angelio). Is 52,7: «¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae buenas nuevas, que anuncia salvación, que dice a Sión: «Ya reina tu Dios!». Dios quiere decir algo gozoso a los hombres. Y lo dice en y a través de Jesús: Dios va a irrumpir, está entrando en el mundo, como cumplimiento de las promesas, como curación de las heridas que la historia va dejando en la vida humana.

Dos textos fundamentales sintetizan la lógica del anuncio inicial de Jesús:

— Mc 1,15: «Se ha cumplido el plazo, ya llega el reinado de Dios. Convertíos y creed la buena noticia». Resume de modo rotundo la novedad: el Reino de Dios está irrumpiendo, cambiad vuestras mentes y vuestros corazones ("metanoeite").

— Lc 4,18: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido para dar la buena noticia a los pobres; me ha enviado para anunciar la libertad a los cautivos y la vista a los ciegos, para poner en libertad a los oprimidos, para proclamar el año de gracia del Señor». Recoge como realizada la profecía de Is 61,1ss: se inicia el gran jubileo, en el que quedarán destruidas la esclavitud, la enfermedad, la tristeza, la pobreza, el pecado, la desgracia… Se impondrá la novedad de la vida en plenitud. Esta novedad se expresa en un dato significativo: cuando Jesús, en la sinagoga, lee el texto de Isaías, suprime lo relativo a la venganza (Isaías hablaba aún de venganza). Y, por eso, sus paisanos quieren despeñarlo.

Toda una revolución.

Características más significativas del Reino

a) El Reinado de Dios elimina toda exclusión, es una voluntad de encuentro y de acogida que rebasa toda barrera. Por eso Jesús come con los pecadores, acoge y cura a los leprosos, se acerca a samaritanos y paganos... porque el Dios creador considera a todos los hombres como hijos y el Reino del Padre no puede excluir a ninguno de los hermanos.

b) Jesús no habla de salvación en abstracto. Realiza actos salvadores (dar de comer al hambriento, curar al enfermo, perdonar al pecador, reinsertar al marginado, reconciliar a los enemistados, defender al oprimido, devolver el equilibrio al esquizofrénico, consolar a quien padece...) «Id y contad a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven, los cojos andan […] y a los pobres se les anuncia la buena noticia» (Mt 11,4-6; par. Lc 7,22-23).

c) Como oferta de gracia, el Reino no se impone, sino que va avanzando en la medida en que seduce y fascina la libertad de los hombres. Es parecido al progreso de un grano de mostaza y la fermentación suave que produce la levadura. Por ello no se hace perceptible ni constatable desde los criterios humanos, que buscan la cantidad y la magnificencia. El Reino crece desde la sencillez de lo cotidiano. «Habiéndole preguntado unos fariseos cuándo llegaría el Reino de Dios, les respondió: "La llegada del reinado de Dios no está sujeta a cálculo, ni podrán decir ‘míralo aquí o allí’, porque el Reino de Dios está dentro de vosotros"» (Lc 17,20-21).

Las parábolas de crecimiento tratan de salir al paso de las objeciones planteadas contra la lentitud o la ineficacia del Reino. Jesús reconoce la dureza de la realidad. No es un entusiasta o un iluminado que desconozca las tentaciones y amenazas que envuelven al hombre seducido por el Reino.

«Al ver Jesús las multitudes, subió al monte, se sentó y se le acercaron sus discípulos; él tomo la palabra y se puso a enseñarles así» (Mt 5,2).

Enseña a los discípulos, pero la multitud lo oye.

«Dichosos los que eligen ser pobres, porque ésos tienen a Dios por Rey.

Dichosos los que sufren, porque ésos van a recibir el consuelo.

Dichosos los desposeídos, porque ésos van a heredar la tierra.

Dichosos los que tienen hambre y sed de esa justicia, porque ésos van a ser saciados.

Dichosos los que prestan ayuda, porque ésos van a recibir ayuda.

Dichosos los limpios de corazón, porque ésos van a ver a Dios.

Dichosos los que trabajan por la paz, porque a ésos los va a llamar Dios hijos suyos.

Dichosos los que viven perseguidos por su fidelidad, porque tienen a Dios por Rey» (Mt 5,3-10).

Los mandamientos de la antigua Ley eran imposiciones.

En la Nueva Alianza, no hay imposiciones, sino invitaciones a la felicidad: "Dichosos..." Las ocho empiezan así. ("Bienaventurados" se decía antes; es una palabra que se lee sólo en el Evangelio y no es de la conversación común. Por eso, es mejor decir "dichosos").

ESTRUCTURA DE LAS OCHO,

La primera es: "Dichosos los que eligen ser pobres"; la octava es: "Dichosos los que viven perseguidos por su fidelidad". Ambas tienen la segunda parte igual: "porque esos tienen a Dios por rey".

Estas dos son como el marco en el que entran las otras seis. En las dos está el verbo en presente: "porque esos tienen a Dios por rey": lo tienen ya. Todas las demás tienen los verbos en futuro: "Dichosos los que sufren porque ésos recibirán el consuelo", "Dichosos los sometidos porque ellos heredarán la tierra", etc.

O sea, la primera y la última son una realidad presente; las otras seis son una realidad futura.

En las seis intermedias, hay dos grupos claros: tres y tres. Segunda, tercera y cuarta hablan de una situación negativa, de una situación dolorosa de la humanidad, y se hace una promesa de remedio a esa situación dolorosa. Las otras tres (quinta, sexta y séptima) hablan de actitudes positivas, que también tienen promesa de un premio.

Jesús "pone en suerte" a los que quieran seguirle.

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