Reflexión Semanal Por José Navarro Chaparro
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LA (clase de) RELIGIÓN EN LA ESCUELA PÚBLICA Como creyente y como católico soy sacerdote, pienso que la Iglesia debe renunciar a la asignatura de Religión en la escuela pública como medio para educar en la fe. ¿Razones? Testimonio evangélico y eficacia. El debate escolar se está convirtiendo en una polémica estéril y en un diálogo de sordos que puede degenerar en una "guerra de religión". Dos concepciones sobre la misión de la escuela: 1. La que propugna que la misión de la escuela es exclusivamente la formación profesional, científica y técnica, para toda clase de trabajos manuales e intelectuales; hacer de los alumnos unas herramientas de trabajo. A este tipo de escuela le son ajenos los problemas ideológicos, filosóficos, políticos y religiosos. Este planteamiento corre el riesgo de hacer el juego al sistema neoliberal-capitalista, propugnando la revolución de la enseñanza al servicio del desarrollo capitalista. 2. La que defiende que, además de la formación profesional, la misión de la escuela abarca la educación integral de la persona. A pesar de sus antagonismos y variantes, coinciden en este planteamiento: a) la doctrina escolar católica, b) la tesis tradicional del laicismo escolar, c) la doctrina socialista-marxista sobre la escuela y d) la concepción libertaria. Cada una de ellas tiene detrás una filosofía y una visión del mundo que puede ser religiosa, agnóstica o atea. Al considerar la escuela como un medio de educación, las distintas corrientes ideológicas defienden, más o menos conscientemente, una educación que haga juego con la visión del mundo y de la vida que poseen y el partido político al que votan. Las razones del debate escolar andan por aquí. En el campo católico, el debate se hace desde cuatro actitudes muy distintas, que implican cuatro modelos distintos de eclesiología y praxis pastoral, haciendo juego con otras tantas estrategias políticas. Estos modelos son a) el catolicismo reaccionario, b) el catolicismo conservador (estos dos modelos han jugado un papel decisivo en la configuración del nacional-catolicismo), c) el catolicismo liberal y reformista, (surgido del Vaticano II), y d) el catolicismo secular y revolucionario (crítico y contestatario). Estas actitudes se reflejan en el debate escolar, donde hay muchos intereses en juego: económicos, políticos, ideológicos, clasistas, religiosos, etc. Todas las fuerzas sociales en el campo de la enseñanza (algunos sectores de católicos, las clases populares, muchos colegios privados, muchos enseñantes ) se expresan políticamente a través de los partidos que apoyan sus intereses respectivos a cambio de la afiliación o del voto de apoyo. Para clarificar la confusión reinante en el debate escolar, hay que empezar por ver qué intereses se defienden, quiénes los defienden y desde qué concepciones se defienden (en lo que yo no voy a entrar, pues es un asunto muy complejo, en el que hay mucho campo donde retozar). Los principales intereses de la Iglesia (católica) son el mantenimiento de la escuela católica como ámbito privilegiado para la educación cristiana, el mantenimiento de la signatura de Religión en la escuela pública, la defensa del patrimonio escolar, la posibilidad de influir en la sociedad... Misión de la escuela pública Actualmente, la escuela, para cumplir su misión de promoción integral y colectiva de todos los ciudadanos, debe realizar simultáneamente dos funciones: a) Una enseñanza técnica y científica orientada a la formación profesional de todos los ciudadanos, de manera que éstos puedan asegurarse los medios de subsistencia mediante el ejercicio de una profesión y puedan participar responsablemente en la vida económica y social. b) Una educación para la convivencia social en pluralidad, democracia y libertad, basada en valores humanos válidos para todos, sean cuales fueren las motivaciones supremas que cada uno les dé. Esta educación debe estar lejos de todo tipo de adoctrinamiento y amaestramiento en determinadas ideologías o concepciones del mundo y de la vida que tiendan a la creación de comportamientos específicos. Y debe efectuarse sin crear traumas. Es necesario distinguir tres tipos de educación, que, aunque complementarios, gozan de una autonomía relativa: a) la educación familiar, b) la educación escolar y c) la educación eclesiástica Los padres tienen la primacía en la educación: tienen el derecho y el deber de educar a sus hijos según sus propias convicciones ideológicas, patrióticas y religiosas, si quieren ser coherentes consigo mismos y con sus hijos. Los demás educadores deben respetar a los padres y colaborar con ellos. Los enseñantes deben ser extraordinariamente respetuosos con las convicciones ideológicas, políticas y religiosas inculcadas en la familia. Pero la escuela no es una prolongación o un anexo de la familia. Los enseñantes no son delegados de los padres. Son delegados de la sociedad no del Estado y están encargados de la formación profesional y de la educación para la convivencia social en todos sus niveles (ciudadana, nacional, mundial). Son colaboradores de los padres en la obra total de la educación, pero su función propia y específica es diferente de la de los padres. La escuela pública y sus funcionarios no tienen como misión continuar la «indoctrinación» de la familia. Tampoco debe ser la escuela pública un medio para la educación religiosa. Los ámbitos adecuados para la educación religiosa son la familia, la catequesis, las iglesias o comunidades de creyentes, los grupos eclesiales, los movimientos apostólicos juveniles, etcétera. Aquí es donde hay que ayudar a los jóvenes a situar las creencias cristianas en el corazón de la cosmovisión secular que reciben en la escuela, por ejemplo: explicar lo que es un matrimonio ("función de madre"), para saber distinguirlo de la unión de hecho entre dos individuos del mismo sexo. Otra cosa distinta es que, en el marco de la historia de la cultura, se explique «científicamente» el fenómeno religioso, con especial atención a la tradición cristiana, por su importancia en la historia cultural europea. Los profesores y alumnos creyentes tienen derecho a vivir públicamente su fe en el corazón de la vida escolar. Pero esto no implica necesariamente la enseñanza religiosa en el interior de la escuela. La presencia de alumnos y maestros católicos en la escuela pública debe estar libre de toda ambigüedad, de toda inferioridad y de toda inclinación a algún partido político concreto; ha de ser un testimonio expresado con dignidad, profético. Hay un sector, el más poderoso de la burguesía conservadora, que, bajo la calificación general de «padres católicos», constituye actualmente una fuerza social emocionalmente crispada, que nos está metiendo en una guerra religiosa absurda. Pienso que, bajo la apariencia de inquietud moral católica, subyace una cierta inclinación hacia el clasismo y el elitismo. Tengo en mis manos, bien leída y analizada, la Educación para la ciudadanía de José Antonio Marina. Su lectura me entusiasma (no llevo comisión); didácticamente, un modelo. Dice, justamente, lo que yo quería decir, en aquellos años cincuenta, en los círculos de estudio de los aspirantes y jóvenes de Acción Católica. Lo que yo sentía y quería decir , pero no sabía. En nombre de Cristo, pido a los enseñantes católicos que no confundan la defensa de la educación cristiana de todos los niños y jóvenes católicos con la defensa del clasismo y del elitismo. La educación es más que la enseñanza. La enseñanza consiste en la transmisión adecuada de unos conocimientos y de unos métodos útiles para el trabajo manual e intelectual y para los comportamientos sociales. La educación implica un conjunto de experiencias y de vivencias, personales y comunitarias, que se adquieren con las prácticas y que cristalizan en un conjunto de pautas culturales, personales y colectivas: escalas de valores, actitudes, comportamientos y conductas de todo tipo, etc. También la educación cristiana es mucho más que la enseñanza de la religión. Implica un conjunto de experiencias y vivencias, personales y comunitarias, que cristalizan en la existencia cristiana, personal y eclesial. Evangélica, en una palabra. La misión de la escuela es la enseñanza de unos conocimientos y la educación general. Para orientarlos en una dirección determinada, la cristiana por ejemplo, está, en primera instancia, la familia, donde se mama el principio de la personalidad, y, en segunda instancia, la catequesis, modeladora cristiana de la segunda socialización. En el caso que nos ocupa, es necesario ayudar a los alumnos a unir, en una síntesis vital con las creencias cristianas, los conocimientos recibidos y las realidades vividas en la vida escolar. Desgraciadamente, ni en todas las familias se mama una leche nutritiva a veces, la familia transmite mala leche, ni en todas las catequesis se infunde el genuino sentido cristiano, evangélico, de la vida y del comportamiento. (Ya puestos, extendamos esta triste realidad a los maestros y a los curas). ¡¿?! Bueno, sí , a algunos maestros y a algunos curas. Pero nadie puede dar lo que no tiene. |
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