Reflexión Semanal Por José Navarro Chaparro
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EDUCACIÓN CRISTIANA = EDUCACIÓN CIUDADANA Rom 13,8-10: «Con nadie tengáis otra deuda que la del mutuo amor. Pues el que ama al prójimo, ha cumplido la ley. En efecto, lo de no adulterarás, no matarás, no robarás, no codiciarás y todos los demás preceptos se resumen en esta fórmula: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo". El amor no hace daño al prójimo y, por tanto, el cumplimiento de la Ley es el amor». Para los creyentes: Se dijo a los antiguos: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo". Pero yo os digo: "Amarás a tu prójimo como yo te amo a ti" (Jn 13,34, palabra de Jesús). (II Tim, 3,14) «Permanece en lo que has aprendido y se te ha confiado; sabiendo de quién lo aprendiste, y que de niño conoces la Sagrada Escritura, ella puede darte la sabiduría que por la fe en Cristo Jesús conduce a la salvación. Toda Escritura inspirada por Dios es también útil para enseñar, para reprender, para corregir, para educar en la virtud: así el hombre de Dios estará perfectamente equipado para toda obra buena». «Equipado para toda obra buena». Luego, toda educación cristiana cristiana de verdad, evangélica es educación ciudadana. Recordad que Jesús: para recriminar, regañar, censurar, reprender, reprobar, acusar..., se dirige siempre a los judíos, cuyo paradigma espiritual e ideológico eran los fariseos. Éstos eran los observantes devotos de la Ley, los espiritualistas; decían que el Reinado de Dios vendría cuando el pueblo observara perfectamente la Ley (o sea, los 613 mandamientos, según el catálogo hecho por ellos). Eran unos espiritualistas inactivos; por dedicarse a ser buenos (conservarse "puros"), omitían el hacer el bien; tremendamente religiosos, pero sin ningún compromiso con la realidad social en que se encontraba Palestina, en donde había una enorme opresión y muchísima hambre. Los latifundistas habían acaparado la tierra, especialmente en Galilea, la región más rica, y la gente no tenía para comer. Se organizaban bandas para robar, ya que no podían conseguirlo de otra manera. Ante esto, los fariseos decían: Ya lo arreglará Dios; vamos a rezar, a ayunar y a cumplir la Ley, que ya se encargará Dios de solucionarlo; para aprobar, alabar, elogiar, poner como ejemplo..., se refiere a los extranjeros (Naamán, el sirio; la viuda de Sarepta; Tiro y Sidón; el centurión romano...) Incluso, dos evangelistas hacen observar que el que reconoce que quien muere en la cruz es Hijo de Dios es un extranjero (Mt 27,54 y Mc 15,39). La gratitud y la misericordia, están referidas a dos samaritanos (a quienes eso de la pureza ritual, la observancia del sábado, etc., importaba un comino): el leproso agradecido (Lc 17,11) y el que se portó como prójimo con aquel herido en el camino a Jericó (Lc 10,37). En cierta ocasión, los dirigentes judíos, tratando de insultar a Jesús, le dijeron: ¡Samaritano, que eres un samaritano! (Jn 8,48). La aplicación primera, la que salta a la vista, la que debe decirse proféticamente al mundo entero y no sólo a mi corazón pecador y dolorido, es la que hace San Pablo: «Gloria, honor y paz a todo el que practica el bien, sea judío, sea griego, porque Dios no tiene favoritismos» (Rom 2,10). En los ambientes "católicos" tradicionales, no se lee el Evangelio. En los hogares "católicos" tradicionales, se tiene de todo: estampas, rosarios, "cristillos", agua bendita, velas, exvotos ; se paga la cuota de un par de cofradías; se subasta el palo de las andas para transportar la imagen sobre los hombros , pero, de evangelio, nada. Es que, en los ámbitos "católicos" tradicionales, no hay tradición evangélica. Me decía un pastor protestante amigo: Ustedes, los católicos, se guían más por el Catecismo y el Código de Derecho Canónico que por el Evangelio. Lamentable verdad. La voz de Jesús es un aldabonazo a la conciencia que pretende ser cristiana. Como si dijera: "cambiad de modo de pensar y de obrar y vamos, entre todos los que creemos en el Evangelio, a construir el Reino de Dios, un mundo sin alienaciones, en donde cada uno y todos juntos podamos ser libres de miedos externos y miedos internos, libres de ataduras externas y de ataduras internas, dueños, cada uno, de su persona, de su pensamiento, de su criterio, de su voluntad, de su trabajo, de su habilidad, de su arte". En el Evangelio, se nos reclama una opción fundamental: la opción por Cristo y, por consiguiente, por los valores del Reino de Dios contra los valores del sistema, que son valores diabólicos: dinero, poder y prestigio; la opción por el Reino de Dios es la opción por la justicia, el amor y la unidad. La puerta por la que se entra en él es el espíritu de pobreza y, su desarrollo, el resto de las bienaventuranzas. Todo esto constituye una cultura, la cultura cristiana (muy distinta de la mal llamada Civilización Cristiana, con sus imperios, sus papados, su Inquisición ) Una cosa es la cultura; otra, la educación; otra, la instrucción. CULTURA La cultura (cultivadura) es el modo de expresarse la naturaleza, cuando ésta ha sido sometida a un tratamiento concreto. Existe el hombre de la paz y el hombre de la violencia, el hombre de la generosidad y el hombre de la tacañería, etc. La cultura es ambivalente. Puede inclinarse al bien o al mal. El bien y el mal existen. Otra cosa es saber quiénes son los "buenos" y quiénes son los "malos". La cizaña y el buen grano crecen juntos (Mt 13,26). Las bienaventuranzas constituyen la quintaesencia de la cultura cristiana, que se resume en una palabra: EVANGELIO = buena noticia. Las BIENAVENTURANZAS tienden a operar una revolución en el orden cultural del mundo. Tienden a ser la síntesis en la dialéctica de la historia. El mundo se debate entre el ser y el tener, la no-violencia y la violencia, la liberación y la alienación, la justicia y la injusticia, la compasión y la dureza, el amor y el odio, la paz y la guerra, la trascendencia y la inmanencia, la riqueza y la pobreza... Los valores representados por las BIENAVENTURANZAS constituyen el "término medio", la virtud, la SÍNTESIS. No deben ser consideradas como un conjunto de "consejitos evangélicos" para la perfección personal de "almas selectas". Constituyen la realidad cristiana (la constitución) del nuevo PUEBLO DE DIOS como tal. Constituyen los puntos de referencia primordiales en la construcción y el cambio del mundo. EDUCACIÓN EDUCAR: del lat. educare (emparentado con ducere conducir y educere sacar afuera, criar. Hasta 1640, se había dicho siempre criar. Siglos más tarde, se escribió educar. (Esto dice Joan Corominas, el mejor etimologista en el idioma castellano). La educación (educere = sacar de dentro; educare = criar) es no sólo la transmisión de unos conocimientos, sino también la formación integral de la persona. Una educación verdaderamente liberadora ha de saber integrar la instrucción de la mente y de la voluntad. Debemos de instruir cuando educamos y debemos educar cuando instruimos. INSTRUCCIÓN La misión de la instrucción la Universidad, en palabras de Ortega y Gasset es no tanto transmitir conocimientos cuanto despertar las ganas de adquirirlos. Además, la transmisión de conocimientos ha de ser algo bien distinto de la manipulación y del adoctrinamiento partidista de cualquier signo. El sistema actual instruye para hacer de las personas herramientas de trabajo; da instrucción y dinero, pero no educa. Predomina la cultura de lo banal. Las humanidades están desvalorizadas, cuya consecuencia inmediata es la bajada espectacular de los niveles. Los alumnos son, humanísticamente hablando, casi unos analfabetos. ¿Qué hay que hacer, pues? Lo primero que se necesita es que quienes hayan de orientar a la juventud tengan, ellos mismos, las ideas claras, que dispongan de criterios válidos de discernimiento moral, con un sistema de valores bien definido. ¿Es mucho pedir? Debe prevalecer, por encima de todo, la búsqueda desinteresada de la Verdad. El Evangelio es la "Gran Noticia": «Yo he venido a proclamar la verdad y la verdad os hará libres» (Jn 8,32). Más que personas ilustradas, lo que necesita el mundo es personas con principios, íntegras y cabales. Ésta debería ser la meta de una educación responsable. Antes, para "educar" (amansar inquietudes), se inculcaba el temor de Dios. Afortunadamente, este temor casi ha desaparecido de la conciencia cristiana, para ser sustituido por el amor, puesto que Dios es amor (I Jn 4,8; encíclica de Benedicto XVI). Tampoco basta el temor a un suspenso. Si la educación de desentiende del alimento espiritual que siempre se necesita, de poco van a servir los controles, las reválidas y los exámenes. ¡Cuánto bien haríamos a la humanidad si todos los católicos camináramos en la dirección que marca el Evangelio! Pero resulta que muchos llamados católicos, pero no cristianos verdaderos, y no pocos jerarcas oficiales están (o estamos) muy lejos de ello. Aportaríamos al mundo los grandes valores de su Evangelio como son: la justicia, la fraternidad, la solidaridad, la libertad, la vida, la paz, la esperanza, la ética universal, la convivencia, la igualdad, el sentido inmanente y trascendente de la vida, la armonía del hombre y la tierra, la alegría de vivir, que tanta falta están haciendo al mundo de hoy. Estos son los valores del Reino de Dios, o sea la cultura cristiana. |
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