María es la puerta por donde
el Verbo entró en este mundo.
María es también... ¡No
acabaríamos nunca! Ella es nuestra madre.
Fue en el corazón de la
Virgen donde el Espíritu Santo escribió el primer Evangelio.
Siempre es bonito llevar
sobre nosotros el retrato de las personas a las que queremos. Entre
ellas está la Virgen y, por eso, llevamos su medalla.
María nos enseña el amor
porque María ha concebido por obra del Espíritu Santo al Amor, Dios
vivo.
El Señor se acerca a través
de la humildad de María.
La hermosura es una flor
lozana que brilla en el jardín de la vida; el aroma de esa flor es la
virtud.
La virtud es un gran libro
donde se nutren talentos como el de Santa Teresa de Jesús y donde
brotan poemas como la Imitación de Cristo.
Las personas virtuosas son
como las plantas aromáticas, cuanto más las pisan, exhalan más
perfume.
Virtudes sin humildad, polvo
al viento.
La virtud es la única moda
que nunca envejece.
Así como las ramas de un
árbol todas salen de un mismo tronco, así todas las virtudes
proceden de la caridad.
La virtud se fortalece en la
lucha.
Si tu virtud no te agarra
fuertemente al Sagrario, te llevarán los huracanes de las pasiones.
Las grandes virtudes se
adquieren por la práctica de pequeños esfuerzos.
¡Cuántas veces se
encuentran almas que parecer muy virtuosas y están completamente
vacías de virtud porque están llenas de sí mismas y de la propia
estimación, y no han encontrado todavía quien las haya desengañado
diciéndoles que no han aprendido siquiera la primera lección de la
vida espiritual!
Sólo una virtud santa puede
producir una vida santa.
"La ciencia, los cargos
y las dignidades no son virtud". (San Bernardo)
La virtud nos hace amigos de
Dios. El pecado, amigos del demonio.
La virtud más difícil es la
perseverancia.
Una sociedad sin
espiritualidad sólo se salvará cuando tenga familias, maestros y
sacerdotes pletóricos de virtudes.