Junto a María, ¡cuánto
aprenderás!
¡María, la llena de gracia!
Llena de gracia ni alma,
llena de gracia mi vida,
llena de gracia mis ojos,
¡María! vaciame de mí... y
lléname de Ti.
Pide a la Santísima Virgen
que te abra las puertas del Corazón de Jesús y arrójate, sin parar,
en ese volcán de amor, que es imposible arrimarse al fuego y no
quemarse.
Con María la santidad es
más fácil.
¡Mira a María y emprende el
vuelo a las alturas del Amor!
Sin María la Iglesia no
sería más que un rosal sin flores.
No puede caber exageración
en amar a quien Dios quiso por Madre.
Después de haber trabajado
tanto..., el fruto no aparece por ninguna parte. Será, tal vez, que
está ausente de esta obra, la Madre.
Empieza desde hoy a soñar
ser flor. Hazte una flor de la Virgen y, te lo juro, ¡no serás un
carbón en el infierno!
Para ser humilde, acude a la
escuela de la Santísima Virgen: "He aquí la esclava del
Señor".
Donde está María, no está
Satanás.
"María es la escala
mística por la que baja Dios a la tierra y por la que suben los
hombres al cielo". (San Agustín)
La Virgen es un libro y en
él una sola palabra: "Verbo".
Si nosotros tanto queremos a
quien quiere a nuestra madre, ¿cuánto amará Jesús a quien ama
tiernamente a María, la mejor de las Madres?
Hazlo todo con
María, por María, en
María y para María. Aún cuando
en tus visitas hables directamente a Jesús, dile: ¡Jesús mío!
Aquí me tienes, acompañado por "Madre".
María es el modelo de
perfección que nos propone Jesús: "He ahí a tu Madre".
¡Ámala, imítala!
Que en la escuela de María
aprendas a vivir sólo para dar a Cristo al mundo.
La Virgen me acerca a Cristo.
La Virgen supo, como ningún
otro, llevar en su corazón la vida de Cristo.
Dios ama la tierra y empieza
a conquistarla con una muchacha que tiene fe: ¡María!
¿Nos esperarás María?...
Las madres esperan siempre.
Atajo hacia Cristo: "El
camino más corto para llegar al corazón de un hijo es, siempre, el
corazón de una madre. Si Cristo es "camino" hacia el Padre,
María es "atajo" hacia Cristo. Con María..., por
Cristo..., al Padre". (Barandiaran)
Ante la Virgen al salir de
casa: Madre, mira dónde voy, mira cómo voy, mira con quien voy.
La Virgen me acerca a Cristo.
La Virgen nos quiere para
Cristo y Cristo está en la Iglesia.
Ved en la Virgen la
perfección de la Iglesia.
La Virgen es una madre que
nos lleva de la mano y nos da continuamente a Cristo.
No es triunfalismo la
manifestación entusiasta del amor hacia la Virgen, es triunfalismo
cuando nos buscamos a nosotros mismos.
No expulsemos a nuestra madre
la Virgen de nuestra casa.
Sin la Virgen, el mundo
sería un paisaje sin luz, un día sin sol, un rostro sin sonrisa.
Maria es la obra maestra de
Dios.
María siempre es camino que
conduce a Cristo.
Todo encuentro con Ella no
puede menos que terminar en un encuentro con Cristo mismo.
No temas que disminuya tu
amor a Jesús porque ames a María. El que no tiene un gran corazón
para con la madre, no puede tenerlo para con el Hijo.
El milagro de Caná nos
revela la gloria de Cristo y el poder inmenso de intercesión de que,
ante el Señor, goza María.
En la Anunciación, Maria es
la Iglesia que acoge al Mesías Salvador. En el Calvario, María es la
Iglesia que se adhiere y comulga con el sacrificio redentor del Hijo.
Ahora, en el cielo, María es la Iglesia orante en toda su
perfección.
La vida de María es una gran
escuela de santidad y una excelente regla de perfección.
La verdadera devoción de la
Virgen no consiste en asediar sus imágenes, sino en amarla e
imitarla.
La misión de los profetas
fue ser testigos de la palabra de Dios ante el pueblo. La misión de
Maria la Virgen es dar al mundo la misma palabra en persona: El Verbo
de Dios.
El sí de María en la
Anunciación acoge al Verbo en nombre de la misma humanidad sedienta
de redención.
María es para la Iglesia un
"modelo perenne".
María es el rostro que más
se asemeja a Cristo.
La imitación de la Virgen,
forzosamente, nos llevará a Jesús.
¿Amas mucho a la Virgen?
Queda tranquilo, que vas bien seguro. El camino que Él trajo es el
que tú llevas.
María es un alma que siempre
dijo Sí a Dios.
Vivir el Sí de María cada
día, es ir incendiando la vida en una hoguera de heroísmo y amor.
¡María, acoge mi oración y
protégeme con tu gran corazón de madre!
María es un regalo de Dios a
los hombres.
Amar a María es amar a
Jesús: María no está en nuestras vidas, tampoco Jesús está en
ellas.
La Virgen acoge siempre a los
que acuden a Ella.
Pidamos a la Virgen Madre que
haga presente entre nosotros la paz, el amor y la luz que depositó en
el humilde pesebre en la primera nochebuena.
Unir nuestro calvario al de
la Virgen, siempre encuentra respuesta. Entrégate en sus manos.
La vida de María viene a ser
como un espejo de la vida de Jesús.
Una nota delicada y amorosa,
limpia y filial debe vibrar siempre en nuestra vida hacia la Virgen.
Aprendamos de Ella: el Fiat comprometido de Nazaret, la oración
silencio de Belén, la humildad agradecida de Ain-Karin, la fe de
Caná de Galilea, la caridad liberadora del Calvario.
María está grabada en las
entrañas de la fe popular. Ocupa el mismo corazón de la Iglesia
porque representa el punto más humano de la religión cristiana, la
receptividad y la donación, la acogida y la entrega.
¡Que en este año Mariano la
sonrisa agradecida de la Virgen ilumine nuestro camino, enjugue
nuestras lágrimas y nos haga experimentar la alegría de las
bienaventuranzas!
La madre de Dios llora porque
la Palabra de Dios no es suficientemente amada.
¡María, libra a los
jóvenes de la muerte de sus almas!
Muchas maravillas hay en el
universo pero la obra maestra de la creación es el corazón materno:
¡María!
¡Que María haga nacer de
nuevo a Jesús en nuestros corazones!
María de Nazaret es la mujer
más importante en la vida de Jesús.
Allí donde la Virgen posa su
mirada de amor, allí nace una rosa, allí muere un dolor.