Sin vida interior, el
apostolado se convierte en agitación.
La vida sobrenatural de cada
uno es la vida de Jesús.
Sin la vid el sarmiento no da
fruto, y sin Jesús nosotros seremos sobrenaturalmente infecundos.
La vida interior consiste en
esto, en conocer a Dios, en amar a Dios, y en comenzar a poseerlo.
Hay que aprender a orar, a
vivir hacia dentro. La acción brotará como la rama que ya no puede
con la primavera que lleva dentro y brotan las flores.
Dios habita en nosotros
mediante la gracia, la cual nos hace participes de la naturaleza
divina, nos convierte en ramas vivas unidas al árbol divino,
¡Jesucristo!
La patria de los grandes es
la soledad, el silencio y su oración.
Vida interior profunda,
atizada por la oración... Alimentada por la comunión y el ejercicio
de la presencia de Dios durante el día y asegurada por la
mortificación.
Cada acto de presencia de
Dios es una pasar la divinidad por tu alma... Hazla pasar con
frecuencia... Verás qué huella profunda dejará en ella.
¡Señor, que cuantos me van
a mí, te descubran a Ti!
La piedad está representada
por esta imagen: la raíz, el tallo y la flor. La raíz que es la
razón, un tallo que es la fe y una flor que es la espiritualidad. Sin
raíz no hay tallo y sin tallo no hay flor. Toda espiritualidad que no
tenga este tallo (la fe) y esta raíz (la razón), no es teológica y
racional, no es flor sobre la cual descansa el Espíritu de Dios.
La vida espiritual tiene por
principio el amor, por esencia el amor, por término y coronamiento el
amor. Dios es caridad, es amor; la vida espiritual es participación
de su Vida, luego, la vida espiritual es amor.
Vida espiritual:
etapas-seduce-prueba y premia.
No se pueden conseguir
efectos sobrenaturales sin medidas sobrenaturales.
La vida espiritual consiste
esencialmente en amar a Dios con todo el corazón y al prójimo como a
nosotros mismos.
Sobrenaturalizar lo natural,
empapándolo de una pura y recta intención. Naturalizar lo
sobrenatural... a fuerza de vivirlo. La vida interior nos la exige
nuestra misión sacerdotal.
Sin contemplación, cesa la
sabiduría.
Para poseer y vivir de lo
sobrenatural es necesario ante todo conocerlo; y es solamente la fe
quien nos lo descubre.