Tenemos tiempo para todo;
pero no tenemos tiempo para Aquél que nos lo da.
Sólo podrás decir que no
has perdido el tiempo cuando tengas la seguridad de haberlo dado todo.
El tiempo se te ha concedido
no para que ganes la tierra, sino para que ganes el cielo.
El tiempo es la moneda con la
cual has de comprar el cielo.
Lo que siembres en el tiempo
habrás de recoger en la eternidad: cielo o infierno.
Las épocas que muestran un
anormal interés por la reforma de la sociedad son, con frecuencia,
las que menos se preocupan de la reforma del individuo.
No vivimos más que una sola
vez, tratemos de hacer hermosa nuestra historia porque allá arriba,
se hará pública.
No es este el peor de los
tiempos en que vivimos, pero sí uno de los más importantes.
Todos andamos afanados en un
siglo de velocidad ganando tiempo, tal vez, para perder una eternidad.
Los tiempos son malos;
decís: — ¡vivamos bien y los tiempos serán buenos! Nosotros somos
los tiempos.
Nadie tiene garantía de su
futuro, solamente tenemos la garantía de un presente vivido de la
mejor manera.
El mejor empleo del tiempo:
vivir de Eternidad.
El tiempo es cielo.
Ha llegado el tiempo del
heroísmo, la hora de la entrega total, (meditación, examen,
comunión, visitas, etc...)