El sacerdote que administra
mal los sacramentos es como una vela encendida, que da luz a otros,
pero que se gasta a sí misma.
Sacerdocio: dejarme comer por
los hombres para parecerme más a Cristo.
Vivir siempre mi sacerdocio.
Mi sacerdocio es eterno por ser participación del de Cristo. Que lo
sienta, que lo viva, Señor.
Que sea tan humano y
sacerdotal, que a través del hombre aparezca siempre mi sacerdocio.
¡Cristo!
El sacerdote no puede ser una
figura decorativa. Los hombres de hoy están dispuestos a quemarnos o
hacernos vivir conforme al Evangelio. Somos para todos, principalmente
para los pobres.
El sacerdote es un hombre que
no debe tener más que una ciencia, la ciencia de Jesús Crucificado.
Para ser sacerdote no se
necesita más que una cosa: amar a Cristo.
El sacerdote no debe tener
compromiso con nadie, sólo con Dios y las almas.
Los sacerdotes han de
estudiar para dar al mundo sus exigencias. Los encargados de que los
cristianos no sean ignorantes no son los guardias de asalto. Hay que
hacer un presupuesto para comprar libros, pero para estudiarlos —presupuesto
de tiempo—, presupuesto de sacrificio.
Los sacerdotes y todos los
cristianos deben conocer y amar el mundo en que viven si quieren
realizar su misión.
El retiro es un repaso a
nuestra vida sacerdotal.
Al sacerdote se le llama
"padre", y es verdad, porque propio del padre es amar. Así,
el sacerdote es padre de las almas.
El sacerdocio es el amor del
Corazón de Cristo.
Mis sacerdotes deberían ser
otros "Yo". En la agonía, mi corazón vertió lágrimas de
sangre sobre algunos sacerdotes. Muchos poseen la elocuencia y la
ciencia humana; pero les falta la primera de las ciencias, la
santidad... Están unidos conmigo por la gracia santificante, es
cierto, pero no viven en la intimidad conmigo por medio de la
abnegación y del puro amor.
El sacerdote no prolongado
por el laicado que toma parte en sus actividades es una anomalía, un
contrasentido.
Hemos de recordar a los
fieles el precepto del Señor empezando a vivirlo nosotros. Si los
cristianos viesen en nosotros, sus pastores, este amor fraterno,
nuestra predicación sería más eficaz y fecunda. Hemos de desterrar
de nosotros todo aquello que está contra el amor: la envidia, la
ambición, el amor propio, "Nadie tiene mayor amor, que el que da
la vida por sus amigos".
La fuerza del sacerdote es su
vida interior.
Que los sacerdotes cercanos
formen entre ellos una auténtica comunidad de trabajo.
A los sacerdotes nos
corresponde una vida interior que transforme todas nuestras acciones
en oración.
El sacerdote es un hombre que
vive de Dios y en Dios, que es testigo de realidades divinas.
Los sacerdotes, maestros de
la Verdad, que sabemos comprender y sufrir, ministros de amor y a
disposición de todos; misioneros de una caridad universal.
El sacerdote debe ser de
Cristo a cualquier precio. El sacerdocio nos obliga también a dar un
testimonio más auténtico del Evangelio que predicamos a los demás.
El sacerdote debe querer y
servir a todos, pero no debe ser una niñera.
"No creo en la eficacia
ministerial del sacerdote que no sea hombre de oración"
(Escrivá).
Nuestro fin sacerdotal, mucho
más que conseguir que la gente no peque, es el lograr que ame, que
conozca a Dios y, si no es por aquí, no dejarán de pecar.
Cristo te eligió para ser
sacerdote. "Dador de cosas sagradas". Él mismo, igual que
hiciera con Pedro, Juan o Santiago, te eligió, porque te amaba y
porque... necesitaba de ti: de tus manos..., para seguir bendiciendo,
de tus labios..., para seguir hablando, de tu cuerpo..., para seguir
sufriendo, de tu corazón..., para seguir amando, de ti..., para
seguir salvando a los hombres...
El sacerdote no es de
derechas, ni de izquierdas, ni del centro, sino de Dios, para salvar a
las almas.
El sacerdote debe alimentarse
de la oración.
El sacerdocio, hoy, es para
valientes y el mundo los necesita. Tu puedes ser uno de ellos.
Para mí, el sacerdote,
simplemente, prolonga la voz de Cristo.
Un cura, lo que tiene que
ser, sobre todas las cosas, es humano, humano fundamentalmente.
Los sacerdotes, sabes, han
sido escogidos por Dios para ayudar a Dios a encontrar a los hombres,
para ayudar a los hombres a encontrar a Dios.
No es verdad que los
sacerdotes no tengamos amor: somos enamorados del Amor, del hacedor
del Amor.
Hay quienes dicen que los
sacerdotes estamos solos... Estamos más acompañados que nadie,
porque contamos con la continua compañía del Señor.
Al sacerdocio se le odia por
ser el mensajero de la felicidad que no da.
Si como sacerdote no doy
espíritu de fortaleza, ¿de qué me sirve predicarla?
Para ti, que deseas el mundo
más fraterno; para ti, que buscas un ideal; para ti, que quieres ser
testigo de Cristo hasta los confines de la tierra..., un camino:
sacerdote de Cristo.
Los sacerdotes seríamos
mejores si nos ayudarais vosotros.
El sacerdocio brotó del
corazón de Cristo en la noche de la ultima cena.