"SEMILLAS DE ESPERANZA" Pensamientos de Pedro Roncero

Sacerdocio

 

El sacerdote que administra mal los sacramentos es como una vela encendida, que da luz a otros, pero que se gasta a sí misma.

Sacerdocio: dejarme comer por los hombres para parecerme más a Cristo.

Vivir siempre mi sacerdocio. Mi sacerdocio es eterno por ser participación del de Cristo. Que lo sienta, que lo viva, Señor.

Que sea tan humano y sacerdotal, que a través del hombre aparezca siempre mi sacerdocio. ¡Cristo!

El sacerdote no puede ser una figura decorativa. Los hombres de hoy están dispuestos a quemarnos o hacernos vivir conforme al Evangelio. Somos para todos, principalmente para los pobres.

El sacerdote es un hombre que no debe tener más que una ciencia, la ciencia de Jesús Crucificado.

Para ser sacerdote no se necesita más que una cosa: amar a Cristo.

El sacerdote no debe tener compromiso con nadie, sólo con Dios y las almas.

Los sacerdotes han de estudiar para dar al mundo sus exigencias. Los encargados de que los cristianos no sean ignorantes no son los guardias de asalto. Hay que hacer un presupuesto para comprar libros, pero para estudiarlos —presupuesto de tiempo—, presupuesto de sacrificio.

Los sacerdotes y todos los cristianos deben conocer y amar el mundo en que viven si quieren realizar su misión.

El retiro es un repaso a nuestra vida sacerdotal.

Al sacerdote se le llama "padre", y es verdad, porque propio del padre es amar. Así, el sacerdote es padre de las almas.

El sacerdocio es el amor del Corazón de Cristo.

Mis sacerdotes deberían ser otros "Yo". En la agonía, mi corazón vertió lágrimas de sangre sobre algunos sacerdotes. Muchos poseen la elocuencia y la ciencia humana; pero les falta la primera de las ciencias, la santidad... Están unidos conmigo por la gracia santificante, es cierto, pero no viven en la intimidad conmigo por medio de la abnegación y del puro amor.

El sacerdote no prolongado por el laicado que toma parte en sus actividades es una anomalía, un contrasentido.

Hemos de recordar a los fieles el precepto del Señor empezando a vivirlo nosotros. Si los cristianos viesen en nosotros, sus pastores, este amor fraterno, nuestra predicación sería más eficaz y fecunda. Hemos de desterrar de nosotros todo aquello que está contra el amor: la envidia, la ambición, el amor propio, "Nadie tiene mayor amor, que el que da la vida por sus amigos".

La fuerza del sacerdote es su vida interior.

Que los sacerdotes cercanos formen entre ellos una auténtica comunidad de trabajo.

A los sacerdotes nos corresponde una vida interior que transforme todas nuestras acciones en oración.

El sacerdote es un hombre que vive de Dios y en Dios, que es testigo de realidades divinas.

Los sacerdotes, maestros de la Verdad, que sabemos comprender y sufrir, ministros de amor y a disposición de todos; misioneros de una caridad universal.

El sacerdote debe ser de Cristo a cualquier precio. El sacerdocio nos obliga también a dar un testimonio más auténtico del Evangelio que predicamos a los demás.

El sacerdote debe querer y servir a todos, pero no debe ser una niñera.

"No creo en la eficacia ministerial del sacerdote que no sea hombre de oración" (Escrivá).

Nuestro fin sacerdotal, mucho más que conseguir que la gente no peque, es el lograr que ame, que conozca a Dios y, si no es por aquí, no dejarán de pecar.

Cristo te eligió para ser sacerdote. "Dador de cosas sagradas". Él mismo, igual que hiciera con Pedro, Juan o Santiago, te eligió, porque te amaba y porque... necesitaba de ti: de tus manos..., para seguir bendiciendo, de tus labios..., para seguir hablando, de tu cuerpo..., para seguir sufriendo, de tu corazón..., para seguir amando, de ti..., para seguir salvando a los hombres...

El sacerdote no es de derechas, ni de izquierdas, ni del centro, sino de Dios, para salvar a las almas.

El sacerdote debe alimentarse de la oración.

El sacerdocio, hoy, es para valientes y el mundo los necesita. Tu puedes ser uno de ellos.

Para mí, el sacerdote, simplemente, prolonga la voz de Cristo.

Un cura, lo que tiene que ser, sobre todas las cosas, es humano, humano fundamentalmente.

Los sacerdotes, sabes, han sido escogidos por Dios para ayudar a Dios a encontrar a los hombres, para ayudar a los hombres a encontrar a Dios.

No es verdad que los sacerdotes no tengamos amor: somos enamorados del Amor, del hacedor del Amor.

Hay quienes dicen que los sacerdotes estamos solos... Estamos más acompañados que nadie, porque contamos con la continua compañía del Señor.

Al sacerdocio se le odia por ser el mensajero de la felicidad que no da.

Si como sacerdote no doy espíritu de fortaleza, ¿de qué me sirve predicarla?

Para ti, que deseas el mundo más fraterno; para ti, que buscas un ideal; para ti, que quieres ser testigo de Cristo hasta los confines de la tierra..., un camino: sacerdote de Cristo.

Los sacerdotes seríamos mejores si nos ayudarais vosotros.

El sacerdocio brotó del corazón de Cristo en la noche de la ultima cena.

 

[Recursos] [Pensamientos]

[Inicio] [Santa María] [San Pedro] [Arciprestazgo] [Entra al Foro] [Noticias] [Religiosas/os] [Consejos] [Evangelización] [Acción Social] [Liturgia] [Homilía] [Reina de los Ángeles] [Gracias] [Enlaces] [ArtículoSemanal] [Reflexión de Pepe]