Puros hasta el altar, fieles
hasta la tumba.
Con una vida pura y santa
irás sembrando amor.
Hay que saber amar sin
mancharse.
"Habéis sido comprados
a gran precio. Glorificad, pues, a Dios en vuestros cuerpos"
A cierto joven de costumbres
rotas se le vio frecuentar los sacramentos con angelical compostura.
Su párroco lo llama, le pregunta el porqué de su conversión, y él,
que era un reptil de impureza, le responde: "Padre, soy
novio de X; en ella he visto toda la belleza y sublimidad de la
virtud; ella es un ángel y yo no puedo ser un demonio".
La pureza hay que encauzarla
hacia el amor. Ahora, el amor se escribe con mayúscula y minúscula.
Hemos de ser puros para ser
los aristócratas del verdadero amor en el mundo.
Para los limpios todas las
cosas son limpias, más para los impuros nada es puro, porque piensa
el ladrón que todos son de su condición.