La boca es una de las cosas
que se abre a menudo por equivocación.
Cuantas veces, en tus
conversaciones, dices lo que no debes decir y se queda sin decir lo
que debes decir.
Hicieron superior de un
convento al fraile más joven, quien abrumado ante tamaña dignidad,
se hizo aconsejar de un venerable abad próximo.
—Mira hijo mío, el único consejo que te doy
es que el primer año no pongas boca arriba los pucheros que
encuentres boca abajo.
No es sabio ni prudente
pensar siempre en lo malo, porque nos volvemos lo que pensamos.
¡Prudencia!... Si. Pero
empléala a su tiempo... y no la confundas con la timidez, ni la
cobardía, ni la pereza. (San Josemaría)
No es prudente el que no se
equivoca nunca, sino el que sabe rectificar sus errores.
Lo malo de decir lo que uno
siente es que muchas veces siente uno haberlo dicho.