Hay que superar las
imperfecciones para vivir la perfección.
Eres perfecto cuando amas.
El que se ha vencido a sí
mismo, es el más libre de todos.
Somos, pues, perfectos en la
medida en que amamos. ¿A quién? A Dios y al prójimo.
Hace falta ganas y ánimos
para tomarse el pulso espiritual diariamente, arrepentirse y empezar
todos los días con el empeño recién estrenado, ambicionando la
propia perfección.
Si no avanzamos o avanzamos a
duras pruebas en el camino de la perfección, debemos atribuirlo a que
nos falta humildad.
La reforma personal es la
cuna de la reforma social.
¡Qué afán existe por
transformar la sociedad, y antes hay que empezar por transformar al
individuo!
El progreso de la vida humana
se mide por su vida divina.
La perfección de una persona
se mide por la caridad. Eres tan perfecto cuanta caridad tengas.
Es necesario empezar a
trabajar en la propia perfección antes de lanzarse a conseguir la
perfección ajena.
Cuando Dios quiere valorar
una persona, lo que considera ante todo es la calidad de su amor.
Dedicarse al trabajo es cosa
grande, orar a Dios es mayor, pero orar y trabajar es sublime; y si a
ésto va unido el silencio, que es compañero inseparable y fecundo
alentador de la contemplación celestial, entonces se le pone la
cúpula a la perfección alcanzada.
Dice una vieja sentencia
inglesa: "Un hombre nunca sabe de lo que es capaz hasta que lo
intenta".
Los obstáculos no se rodean:
se superan.
Nunca olvides esto:
"Ninguna mañana sin oración; ninguna obra sin recta intención;
ninguna alegría sin gracias a Dios; ninguna falta sin
arrepentimiento; ninguna pena sin acto de resignación; ningún
necesitado sin auxilio; ningún amor sin amor de Dios; ninguna noche
sin examen de conciencia; ningún domingo sin misa; ninguna injuria
sin perdón".
No consiste la perfección en
la cantidad, sino en la calidad.
La perfección es vivir la
caridad. La suma perfección es Dios y Dios es caridad.
La perfección cristiana
consiste en la transformación de las almas en Jesús.
Si quieres ser
perfecto-Santo, no puedes poner los medios a medias, has de vivir el
cristianismo íntegramente.
Sed cada día más conformes
con la imagen de Jesús Vivo. Yo, pero no yo; es Cristo quien vive en
mí.
El hombre sólo es perfecto
en Cristo Jesús, y a Cristo sólo se llega olvidando el propio yo.
"La perfección
cristiana no consiste en mucho saber, sino en mucho hacer". (San
Francisco de Sales)
La mayor perfección de la
naturaleza humana radica en el amor de Dios.
Ofrécele... ser hoy mejor
que ayer; mañana mejor que hoy.