La Sagrada Escritura no es
otra cosa que una serie de cartas enviadas por Dios a los hombres,
para exhortarles a vivir santamente.
La doctrina sagrada se llama
divina o teológica porque procede de Dios, trata de Dios y conduce a
Dios.
La Biblia es la historia de
los desvelos de Dios en favor de los hombres.
Las palabras de Dios no
engañan.
"No somos nosotros —ha
dicho Pablo VI— quienes juzgamos la palabra de Dios; es ella la que
nos juzga y pone al descubierto nuestros conformismos mundanos".
La palabra de Cristo es viva
y eficaz, si le prestamos la tierra buena de nuestro corazón.
Hoy, como siempre, la palabra
de Cristo puede resucitar nuestra vida muerta.
Que haya unidad, pues la
palabra de Dios engendra comunidad entre los que la siguen.
La predicación de la palabra
de Dios tendrá tanta fuerza o debilidad como tus palabras.
La palabra de Dios, fuente
primordial de la catequesis, se torna viva y eficaz cuando la
transmisión de la palabra se acompaña con el ejemplo de la vida.
"Si alguno guarda mi
Palabra, no conocerá la muerte".
La palabra de Dios compromete
cuando la escuchamos, y más, cuando nos convierte.
La palabra de Dios es, viva y
eficaz, más tajante que espada de doble filo. Hay que vivir el
anuncio de la palabra de Dios como lo vivió la Virgen.
Que la palabra de Dios cale
en nuestro corazón y nos haga más hijos del Padre.
La palabra de Dios tiene su
eficacia. Debemos acogerla con cariño, y plantarla para que
fructifique.
Sin la Palabra el Evangelio
está muerto.
Hemos de cumplir la Palabra
de Dios amando.