"SEMILLAS DE ESPERANZA" Pensamientos de Pedro Roncero

Oración

 

Rezar con tibieza es visitar a Dios con tarjeta.

Los que rezan hacen más por el mundo que los que combaten.

La oración es la omnipotencia de Dios puesta en manos de la debilidad humana.

Millones y millones de favores penden del cielo colgados en hilos de seda, y la oración es la espada que los corta. (Fulton Sheen)

Santa Teresa dice: "Dadme un cuarto de hora de oración, y yo os daré el cielo".

La oración abre el cielo.

Nadie es tan pobre que no pueda dar la limosna de una oración; nadie es tan rico que de ella pueda prescindir.

Rezar es como una nota de pedido que nosotros delante del mostrador de la vida, le pasamos al Dueño de la tienda del mundo que nos pregunta: ¿En qué puedo servirte?

La oración es el tocado diario del espíritu.

"No hay hombre más poderoso que el que reza". (San Juan Crisóstomo)

La oración es la respiración del alma cristiana, y la Eucaristía su alimento.

Oración sin fervor es incensario sin fuego.

No pretendas convertir a nadie sin oración.

La oración quita la tristeza porque nos pone en comunicación con Dios. Antes pensábamos que no nos amaba nadie; después de la oración sabemos que nos ama Dios.

El arma más poderosa del apóstol es la oración.

Si la vida no la hacemos oración, no tendremos ninguna fuerza.

Lo principal en la oración no es pensar, sino amar. Calentémonos en el fuego del amor de Dios.

El que mejora la oración mejora todo: virtudes, apostolado...

Ruega a Dios que es nuestro Padre, porque lo imposible para los hombres es posible para Dios; imposible a nuestra pequeñez, posible a su grandeza.

Nadie se mejorará seriamente a sí mismo, sin recurrir a la oración.

La era de Jesús brotará del celo de las almas infatigables en las obras, pero más infatigables en la oración.

Es necesario orar constantemente en grupo y solos, en la Iglesia, ante el Sagrario, por la calle, en la casa, en el trabajo. Nos une con Dios y esa unión nos diviniza.

Por la oración y el amor, se prolonga Jesús en nuestras almas.

La oración consiste en el ejercicio de las tres virtudes teologales: la oración es ver, es amar, es poseer.

La oración es el cable que une al hombre con Dios. La central nunca falla; sólo basta que haya contacto.

La oración vence lo invencible.

Rezar y hacer oración no es difícil, sólo es cuestión de "pocas palabras y mucho corazón".

El diálogo con Dios prospera en la soledad.

Dios nos pide al mismo tiempo la oración y la acción.

Que en tus problemas no consultes a muchas personas y libros, pues sueles terminar por donde deberías haber empezado: ¡Que tu primera puerta en la que llamar sea siempre Cristo!

La oración vence la oscuridad y el cansancio de nuestro camino.

La vida de oración alimenta la fe.

Todos sabemos que el tiempo nos desgasta, por ello son necesarias oración, misa, vida interior.

Es necesario hablar con Dios para entender mejor a los hombres.

Oración: " Habla con aquél que te ama, como tu padre Dios". (San Josemaría)

"Todos los santos se han santificado por medio de la oración. Todos los condenados se han condenado porque no han hecho oración; si hubieran orado con constancia, se habrían salvado". (San Alfonso de Ligorio)

Creo que hay demasiados trabajadores, pero no hay ni la mitad de obreros que trabajen de rodillas.

Oración es pensar en Dios con Amor.

Orar es dialogar con tu Padre Dios, con Cristo en el Sagrario, muy cerca de Él, y pedirle siempre por los demás.

Por la oración y el amor se prolonga Jesús en nuestras almas.

Orar es ponernos en contacto con Dios, es derramar nuestro corazón en su corazón Divino.

San Alfonso: "Cuántos hay que por estudiar demasiado y querer ser sabio, no llegan ni a sabios ni a santos. El apóstol que por el estudio deja la oración, da muestras de que no busca a Dios, sino a sí mismo".

La oración es la impotencia lanzándose hacia la potencia, la flaqueza apoyándose en la fortaleza, la miseria alargando la mano hacia la misericordia, y el prisionero clamando perdón.

Un día Santa Teresa oyó en la oración estas palabras pronunciadas sin ruido de voz, por el Dios cuya presencia se dejaba sentir en su alma: "¡Búscate en mi!".

Un día preguntaba San Juan de la Cruz a Francisca de la Madre de Dios, en qué tenía la oración: "En mirar la hermosura de Dios y holgarme de que la tenga". Y el Santo se alegró mucho y compuso las últimas estrofas del Cántico espiritual: "¡Gozarnos desde ahora en lo que eternamente nos vamos a gozar!"... Deus Caritas est.

La oración pide el corazón entero.

La verdadera oración desemboca en la acción.

La oración es la expresión de nuestra fe y tiene que convertirse en acción apostólica.

"Señor, —decía Santo Tomás Moro— concédeme la gracia de practicar mi oración".

La oración ilumina el camino, mantiene tersa la vigilancia y estimula la conciencia.

Debemos volver a aprender a rezar para volver a aprender a vivir.

La oración suprema del cristiano es la Misa: La Eucaristía. Es la última Cena repetida a lo largo y ancho del mundo a todas las horas y todos los días. Es una asamblea de cristianos alrededor de Jesús Vivo que se da como alimento.

La oración personal es hija de la fe. Es imposible creer y no orar.

La oración no es tanto una obligación como una necesidad vital del espíritu creyente, como un encuentro a donde le lleva su propia desazón, su ansia por el Señor.

Deberíamos pensar si nos reunimos mucho, pero oramos poco. Muchos fracasos tendrán aquí su normal explicación.

La oración no es para cambiar la voluntad de Dios, sino todo lo contrario, para conocerla y cumplirla.

Nuestra vida espiritual y apostólica depende de nuestra oración.

La oración, propiamente dicha, es prepararnos para la acción.

La oración unificará todo lo que hacemos; lo que esté diciendo con mis labios, que lo esté sintiendo con mi corazón.

En la oración queda insertada mi acción porque está impregnada de Dios.

La oración nos hace crecer en la amistad con Dios.

Con la oración y el sacrificio es posible cambiar el curso de las cosas.

No tomes una decisión importante en tu vida, si antes no la has tratado con tu Padre-Dios.

El derrumbamiento del Este ha sido fruto de la oración.

La oración en común alimenta y expresa nuestra fe en la victoria de Cristo sobre la muerte, aviva nuestra esperanza en la resurrección, consuela y conforta el ánimo, y nos une en la caridad mutua con los que ya partieron.

La oración siempre abre horizontes en la vida.

 

 

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