"SEMILLAS DE ESPERANZA" Pensamientos de Pedro Roncero

Mundo

 

El mundo actual ofrece un pensamiento salvaje contra el pensamiento divino.

El mundo moderno no vendrá a la Iglesia a oír sermones sobre el cielo, la gracia,... si no se le resuelven sus problemas humanos.

El mundo está dispuesto a volver a la Iglesia si ve verdadera renovación interna.

El mundo tiene que cambiar, no puede continuar así porque es contrario a Dios. Esa revolución la exige Dios. El mundo está dispuesto como nunca a seguir el Evangelio, si se le presenta con toda su belleza.

Quien quiere convertir el mundo en un paraíso sin Dios, lo transforma en un infierno.

El mundo sería menos malo, si los buenos fuesen mejores.

En este mundo materialista, cada persona se cree un dios (soberbia, dinero, sabiduría, poder...) adoran las cosas creadas y no adoran al creador. ¡Qué sabiduría tan necia!

El mundo será de quien le ame más y se lo demuestre mejor.

Las dificultades no están en el mundo, están dentro de nosotros.

Este es el remedio del mundo: si la enfermedad es el egoísmo, la medicina será el Amor. No nos engañemos, éste es el Evangelio y ésta su doctrina, el Amor.

En nuestro siglo será el triunfo de Cristo, si se vive el precepto de Cristo en el mundo: ¡Amaos!

El principal problema en el mundo actual es la falta de Amor, la ausencia de Dios.

Frente a nosotros tenemos un mundo alejado de Cristo, que es urgente llevar a Él.

Hemos de hacer la más notable afirmación religiosa, en un mundo que va perdiendo el sentido de lo divino.

Mirando al mundo en que vivimos, diríamos globalmente que es una generación indiferente al problema religioso, al problema de Dios, al problema del alma, de la eternidad; estamos ante una sociedad sin espíritu y sin Dios.

El mundo no se entiende porque se ha olvidado de Dios.

La gente busca al hombre de Dios. La respuesta al mundo debe ser nuestra fe.

El mundo de hoy necesita urgentemente buscar el corazón de Cristo, vivo y palpitante en el Evangelio.

El mundo de hoy encontrará en el Evangelio la justicia reclamada por los jóvenes, el Amor con mayúscula, la paz, la esperanza que tanto necesita el hombre de nuestro siglo.

Nuestro mundo necesita urgentemente un corazón nuevo.

El mundo de hoy está esperando almas de oración.

Imposible salvar el mundo de hoy sin una acción vitalizada por la fe y la caridad.

Si queremos llevar este mundo moderno, materialista y paganizante a Jesucristo, será a base de unirnos todos los sacerdotes y fieles en un frente común.

Hemos de coger lo mejor de lo nuevo y lo mejor de este mundo. No es nada fácil adaptarse a la mentalidad del Concilio.

El fin grandioso del mundo mejor, es encarnar el cielo en la tierra, lo divino en lo humano.

Debemos crear en el mundo la conciencia del Pueblo de Dios.

Esta generación se puede salvar solamente a este precio: que creemos una comunidad en la que se respire a Dios.

El mundo está mal, ¿qué haces tú para que esté bien?

El mundo te llama: halagos, placer, temor a la Cruz, al sacrificio... ¡Señor!, átame bien a tu Cruz con los clavos de tu amor para que no me marche.

El nuevo mundo que esperamos, no llegará mientras no nazcan en el corazón de los hombres mentes nuevas y corazones nuevos que puedan hacer un mundo nuevo. Para lograrlo sólo hay un camino, el que enseñó el Maestro: "Nacer de nuevo".

El mundo es hermoso si, a través de él, se ve a Dios si no, es una hermosa mentira.

El mundo está lleno de analfabetos religiosos que no saben leer a Dios en el libro de la vida.

No estamos viviendo uno de los peores momentos de la historia, pero sí uno de los más importantes. Frente a nosotros tenemos un mundo alejado de Cristo, que es urgente llevar a Él.

No hemos de temer al mundo, lo hemos de salvar. "No temáis al mundo, yo lo he vencido "

El mundo, a pesar de las muchas ocasiones que encuentra para distraerse, se aburre tremendamente, aunque parezca una paradoja. La llave de la felicidad está dentro de nosotros, no fuera. Es el corazón el que da la alegría.

El verdadero rico en este mundo, es el que vive contento.

Queremos llenar el mundo de amor y prescindimos del único amor que es capaz de llenar el mundo: ¡Cristo!.

El mundo es un cuerpo sin sangre porque no la hemos bebido.

Estamos transformando la técnica, que mueve el mundo y olvidando el espíritu, que le alienta.

Que en ningún momento nadie se atreva a decir: "Este mundo no se puede salvar". El Señor, ayer como hoy, puede hacer maravillas.

Que el materialismo no siegue nuestro futuro y nuestro mundo superior.

La única solución al problema mundial es devolver a Dios al mundo.

Un mundo sin Dios es un mundo inhumano.

La sociedad de consumo nos ha hecho comodones y cobardes.

Si en el mundo hay más odio que amor, la victoria será de la muerte; pero si hay más amor que odio, la victoria será de la vida.

Vivimos en un mundo enfermo. Un mundo que ha llegado a metas extraordinarias en la ciencia y en la técnica. Un mundo donde se ha conseguido llegar a la luna, pero no se sabe vivir en la tierra.

Esta tierra no necesita cañones: sólo hace falta amor y compasión.

Nuestro mundo está amenazado de la catástrofe del odio.

El mundo necesita bondad y la bondad sólo se encuentra en Dios.

El general Omar Bradley, una vez que le pidieron opinión sobre el mundo actual, dijo: "El nuestro es un mundo de gigantes nucleares y enanos éticos. Sabemos más de guerra que de paz, más de matar que de vivir. Hemos desentrañado el secreto del átomo y hemos olvidado el sermón de la montaña".

A un mundo que se aburre, hay que hablarle de Dios no como calmante de penas, sino como compromiso para la vida. Nuestro Dios es un Dios de vida.

La sociedad está invadida por un materialismo aplastante.

 

 

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