"SEMILLAS DE ESPERANZA" Pensamientos de Pedro Roncero

Muerte

 

Paradoja: El hombre mundano busca la vida... en lo que es la muerte; el verdadero cristiano busca en la muerte... lo que es la vida.

"Nació un hombre", dijeron ayer. "Ha muerto un hombre" dirán mañana.

Alguien dijo que el mundo es un manicomio. Tiene mucho de verdad esta frase. Todo hombre sabe ciertamente que tiene que morir, sin embargo vive como si no hubiera de morir.

Cuando se muere por amor se sigue viviendo.

Teresa del Niño Jesús, decía en su lecho de muerte: "No es que me muera es que estoy entrando en la vida".

El célebre Dr. norteamericano, Tomás Dulli, muerto a los treinta y cuatro años de edad de cáncer y asistiendo a los heridos de Laos, dijo al Cardenal Spellman con la sonrisa en los labios: "Muero contento después de servir a mi patria, a mi profesión y a mi Dios".

Sabemos que tenemos que morir, sin embargo vivimos como si nunca hubiéramos de morir.

San Fernando, león en el campo de batalla y cordero en la paz del hogar, fue preguntado como quería su mausoleo, responde: "Mis obras han de ser mi único sepulcro y estatua"

La mejor frase de pésame que existe es esta: "Volverá usted a ver a quién acaba de morir".

Hasta en la misma hora de la muerte el Maestro amó y transformó a un ladrón que fue puesto a su lado. Amemos nosotros a las almas que nos rodean y procuremos salvarlas.

No es la muerte la que vence a la vida; en definitiva, la vida está destinada a superar a la muerte.

¡Jesús mío! exclamaba Santa Teresa. Ya es hora de que nos veamos.

La muerte es una realidad con la que hay que contar.

La vida se nos ha dado para buscar a Dios; la muerte para encontrarlo; la eternidad para gozar de su presencia.

Los que no esperan vivir en la vida futura están muertos también en la vida presente.

El aspecto más interesante de la muerte es que con ella empieza la vida.

Filosofar, decía Platón, es aprender a morir. Y más bellamente el poeta cristiano: El gran negocio del hombre es la vida y el gran negocio de la vida es la muerte.

El que piensa siempre en la muerte, decía San Jerónimo, desprecia todas las cosas. Por eso San Francisco podía saludar alegremente a la descarnada visitante: Bienvenida sea mi hermana muerte.

Morir no es más que eso, despertar en Dios.

Que sepamos sacar de la muerte vida; no de la vida muerte.

La muerte es para el justo un sueño abierto a un despertar.

No hagan de las vacaciones, vacaciones de muerte.

No debes temer la muerte, la muerte es muy poco, tu alma es inmortal.

Aunque parezca paradoja, la muerte es la llave de la vida.

No se puede llegar al Domingo sin pasar por el Viernes, no se puede llegar a la resurrección si pasar por la muerte.

Hay cosas que son peor que morir, vivir sin honor.

Mi madre ha muerto en un modo, en otro vive. Nunca vivió para si misma, siempre vivió para los demás.

Hay que llorar a la madre con lágrimas de añoranza, jamás con lágrimas de desesperación.

La muerte solo vive para la resurrección.

Los muertos no se nos van, sino que se nos vienen dentro del todo. Se instalan definitivamente en Dios. El cielo es Dios.

 

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