Paradoja: El hombre mundano
busca la vida... en lo que es la muerte; el verdadero cristiano busca
en la muerte... lo que es la vida.
"Nació un hombre",
dijeron ayer. "Ha muerto un hombre" dirán mañana.
Alguien dijo que el mundo es
un manicomio. Tiene mucho de verdad esta frase. Todo hombre sabe
ciertamente que tiene que morir, sin embargo vive como si no hubiera
de morir.
Cuando se muere por amor se
sigue viviendo.
Teresa del Niño Jesús,
decía en su lecho de muerte: "No es que me muera es que estoy
entrando en la vida".
El célebre Dr.
norteamericano, Tomás Dulli, muerto a los treinta y cuatro años de
edad de cáncer y asistiendo a los heridos de Laos, dijo al Cardenal
Spellman con la sonrisa en los labios: "Muero contento después
de servir a mi patria, a mi profesión y a mi Dios".
Sabemos que tenemos que
morir, sin embargo vivimos como si nunca hubiéramos de morir.
San Fernando, león en el
campo de batalla y cordero en la paz del hogar, fue preguntado como
quería su mausoleo, responde: "Mis obras han de ser mi único
sepulcro y estatua"
La mejor frase de pésame que
existe es esta: "Volverá usted a ver a quién acaba de
morir".
Hasta en la misma hora de la
muerte el Maestro amó y transformó a un ladrón que fue puesto a su
lado. Amemos nosotros a las almas que nos rodean y procuremos
salvarlas.
No es la muerte la que vence
a la vida; en definitiva, la vida está destinada a superar a la
muerte.
¡Jesús mío! exclamaba
Santa Teresa. Ya es hora de que nos veamos.
La muerte es una realidad con
la que hay que contar.
La vida se nos ha dado para
buscar a Dios; la muerte para encontrarlo; la eternidad para gozar de
su presencia.
Los que no esperan vivir en
la vida futura están muertos también en la vida presente.
El aspecto más interesante
de la muerte es que con ella empieza la vida.
Filosofar, decía Platón, es
aprender a morir. Y más bellamente el poeta cristiano: El gran
negocio del hombre es la vida y el gran negocio de la vida es la
muerte.
El que piensa siempre en la
muerte, decía San Jerónimo, desprecia todas las cosas. Por eso San
Francisco podía saludar alegremente a la descarnada visitante:
Bienvenida sea mi hermana muerte.
Morir no es más que eso,
despertar en Dios.
Que sepamos sacar de la
muerte vida; no de la vida muerte.
La muerte es para el justo un
sueño abierto a un despertar.
No hagan de las vacaciones,
vacaciones de muerte.
No debes temer la muerte, la
muerte es muy poco, tu alma es inmortal.
Aunque parezca paradoja, la
muerte es la llave de la vida.
No se puede llegar al Domingo
sin pasar por el Viernes, no se puede llegar a la resurrección si
pasar por la muerte.
Hay cosas que son peor que
morir, vivir sin honor.
Mi madre ha muerto en un
modo, en otro vive. Nunca vivió para si misma, siempre vivió para
los demás.
Hay que llorar a la madre con
lágrimas de añoranza, jamás con lágrimas de desesperación.
La muerte solo vive para la
resurrección.
Los muertos no se nos van,
sino que se nos vienen dentro del todo. Se instalan definitivamente en
Dios. El cielo es Dios.