Pensaré, con San Juan Bosco,
que, para hacer el bien, es necesario aceptar todas las
mortificaciones y no mortificar nunca.
Mortificación...
Sacrificio... Buscar la cruz para asemejarse a Nuestro Señor
Jesucristo, como San Francisco de Asís, no entra en las perspectivas
de la espiritualidad contemporánea. ¡Grave error!
Hemos de estar alegres en
medio de la mortificación.
Si supiera aprovechar el
martirio lento de la monotonía de la vida ordinaria... Pondré el
mayor en las cosas más pequeñas.
El que no quiera ser cruel
con Jesús no ha de tener compasión de sí mismo. Aquellos que son
dulces para sí son amargos para Cristo; y los que tienen la mira
puesta en sí no la tienen en Dios.
En muchas ocasiones, para
guardar tu corazón, "ojos al suelo y corazón al cielo"
Que no te tema porque me
pides y exiges, Señor, sino que me fíe de Ti y te ame y te daré
todo. No lo doy porque no amo.
Lo que somos es don de Dios,
lo que logremos será nuestra ofrenda a Dios.
No basta conocer el camino,
hay que recorrerlo.
La perseverancia es obra de
mucho esfuerzo.
Es tibieza cuando uno quiere
ser santo, pero sin esfuerzo.
Todas nuestras
mortificaciones, bien atadas a la cruz de Jesucristo.
Cuando perdemos una batalla
mientras estamos vivos, siempre podemos ganar otra.
La única derrota que podemos
sufrir en la vida es la de ceder ante las dificultades y, peor aún,
la de abandonar la lucha.