¡Dulce y terrible ley, pero
de Cristo!. Si quieres que te escuchen, escucha. Si quieres que te
alaben, alaba. Si quieres que te den, da. Si quieres que te quieran,
ama. Si quieres ser perdonado, perdona. Dulce y terrible ley, pero de
Cristo, que dice: "Con la medida que midiereis, seréis
medidos". (Francisco
Javier Lucas)
Pedro niega por tres veces
conocer a Jesús, lo hace con juramento. Jesús lo vio. El bueno y el
renegado se miraron, y era la mirada del bueno sentida y honda,
invitándolo al retorno, al abrazo. Pedro, conmovido, salió a la
calle y rompió a llorar. Rota el alma de Pedro; nunca rota la caridad
de Jesús.
En el momento cumbre de
nuestra agonía, el hombre no tiene otra fortaleza que la misericordia
de Dios. ¡Dios mío, misericordia! Tu eres mi fortaleza.
Hemos de tener confianza en
la misericordia de Dios.