El hombre que tiene la dicha
de ser amado por una mujer de talento y de corazón cristiano, es un
ingrato si abriga desconfianza y, un malvado, si llega a abrigar
celos. (Salvador
Catalina)
El matrimonio es un
magnífico alcázar que no tiene más que una puerta: el amor
("amaos como Cristo ama a la Iglesia"). Algunos aseguran que
también tiene una puerta falsa: el interés; no pases jamás por
ella. (Salvador
Catalina)
Cuando un hombre y una mujer
de talento se estrechan con el doble vínculo de la virtud y el amor,
el amor y la virtud forman la barca en que apaciblemente bogan por el
mar de la vida: un ángel les sirve de piloto; su rumbo es la
inmortalidad; su puerto; el cielo. (Salvador
Catalina)
El amor interesado no es
amor; los matrimonios que origina son negocios.
El juramento de fidelidad que
se prestan ante el altar, no lo toma el hombre a la mujer; a uno y a
otro los toma Dios juntamente.
Un matrimonio que se aborrece
es la imagen más aproximada del infierno.
No hay celos de amor; no hay
más que celos de orgullo y de egoísmo.
El celoso no sabe respetar ni
respetarse, y el respeto es hermano inseparable del cariño verdadero.
Casarse es fácil. Lo
difícil es saber estar casado.
Casarse por pasión es
embarcarse para un viaje largo en plena tempestad, en un barco
dirigido por un piloto borracho.
Hacen falta tres para
casarse: la amada, el amante y el amor... Dios. Hace falta ahora que
los tres os conozcáis, que los tres os améis, que conviváis los
tres.
Matrimonio: el amor, vuestro
amor, no os fue dado para vosotros, sino para que fructifiquéis.
La mujer es gracia que
necesita vigor y el hombre es fortaleza que va pidiendo ternura.
El amor verdadero no es
atracción de cuerpos, sino de almas. La fusión de dos almas es el
fundamento de un hogar.
El hogar lleva necesariamente
el sello de la mujer que lo preside.
Hoy, los hogares son menos
cristianos; por eso se reza menos y se discute más.
La base de un hogar es el
amor conyugal y la autoridad de los padres con el cariño de los
hijos.
A veces se olvida que,
también en el matrimonio, se debe y se tiene que ser santo. Es un
sacramento, un camino de santificación. Dios no faltará a los
esposos que quieran vivir su vocación matrimonial con todas sus
consecuencias.
Nada más fácil que estar
enamorado; lo difícil es permanecer en el amor.
El matrimonio es un acto de
amor que no acaba sino con la muerte.
El matrimonio es el camino de
santidad a través del amor humano.
En el matrimonio puede
hallarse el infierno, o el purgatorio, o el paraíso. Al primero se
camina cuando guía solamente la cabeza; al segundo puede caminarse
cuando se obedece tan sólo a un arrebato en el corazón; la gloria
está reservada a los que la buscan con la cabeza y con el corazón. (Salvador
Catalina)
Para conjurar la borrasca de
las pasiones, el casarse con una buena mujer es un puerto en las
tempestad, pero un matrimonio desacertado es una tempestad en el
puerto. ¡Horrible tempestad! Contra ella existe el pararrayos de la
religión. (Salvador
Catalina)
Los esposos que se separan
son como dos hojas sueltas de unas tijeras, que para nada sirven, que
ninguna aplicación pueden tener.
El matrimonio es un
movimiento ante todo sobrenatural, de santidad, proyectado hacia la
colectividad.
Recuerda que eres esposo, no
tirano; no ejercites tu derecho despóticamente ni con demasiada
blandura. No transijas nunca con faltas de pudor ni con extravagancias
de la moda ni con caprichos costosos e innecesarios.
Trata a tu esposa con
fortaleza; ella busca en ti apoyo, energía varonil.
Con dulzura: es tu
compañera. Con amor: en provecho de ambos. No veas mala voluntad en
sus defectos o descuidos. Sé comprensivo e indulgente.
El matrimonio representa algo
divino: la unión de Cristo con la Iglesia.
El matrimonio tiene su origen
en Dios, que lo estableció para coronar su obra creadora.
El divorcio es el recurso
heroico de las almas pequeñas.
El sacramento del matrimonio
tiene la ventaja de que no se agota con la boda; vive y crece con los
casados.
El matrimonio tiene, si se
educa para ello, inmensas posibilidades de diálogo para extender la
mirada y la mano, con cariñosa esperanza, sobre el mundo que viene y
que va.
Hoy y siempre, los peores
enemigos del matrimonio son los falsificadores del amor.