"SEMILLAS DE ESPERANZA" Pensamientos de Pedro Roncero

Matrimonio

 

El hombre que tiene la dicha de ser amado por una mujer de talento y de corazón cristiano, es un ingrato si abriga desconfianza y, un malvado, si llega a abrigar celos. (Salvador Catalina)

El matrimonio es un magnífico alcázar que no tiene más que una puerta: el amor ("amaos como Cristo ama a la Iglesia"). Algunos aseguran que también tiene una puerta falsa: el interés; no pases jamás por ella. (Salvador Catalina)

Cuando un hombre y una mujer de talento se estrechan con el doble vínculo de la virtud y el amor, el amor y la virtud forman la barca en que apaciblemente bogan por el mar de la vida: un ángel les sirve de piloto; su rumbo es la inmortalidad; su puerto; el cielo. (Salvador Catalina)

El amor interesado no es amor; los matrimonios que origina son negocios.

El juramento de fidelidad que se prestan ante el altar, no lo toma el hombre a la mujer; a uno y a otro los toma Dios juntamente.

Un matrimonio que se aborrece es la imagen más aproximada del infierno.

No hay celos de amor; no hay más que celos de orgullo y de egoísmo.

El celoso no sabe respetar ni respetarse, y el respeto es hermano inseparable del cariño verdadero.

Casarse es fácil. Lo difícil es saber estar casado.

Casarse por pasión es embarcarse para un viaje largo en plena tempestad, en un barco dirigido por un piloto borracho.

Hacen falta tres para casarse: la amada, el amante y el amor... Dios. Hace falta ahora que los tres os conozcáis, que los tres os améis, que conviváis los tres.

Matrimonio: el amor, vuestro amor, no os fue dado para vosotros, sino para que fructifiquéis.

La mujer es gracia que necesita vigor y el hombre es fortaleza que va pidiendo ternura.

El amor verdadero no es atracción de cuerpos, sino de almas. La fusión de dos almas es el fundamento de un hogar.

El hogar lleva necesariamente el sello de la mujer que lo preside.

Hoy, los hogares son menos cristianos; por eso se reza menos y se discute más.

La base de un hogar es el amor conyugal y la autoridad de los padres con el cariño de los hijos.

A veces se olvida que, también en el matrimonio, se debe y se tiene que ser santo. Es un sacramento, un camino de santificación. Dios no faltará a los esposos que quieran vivir su vocación matrimonial con todas sus consecuencias.

Nada más fácil que estar enamorado; lo difícil es permanecer en el amor.

El matrimonio es un acto de amor que no acaba sino con la muerte.

El matrimonio es el camino de santidad a través del amor humano.

En el matrimonio puede hallarse el infierno, o el purgatorio, o el paraíso. Al primero se camina cuando guía solamente la cabeza; al segundo puede caminarse cuando se obedece tan sólo a un arrebato en el corazón; la gloria está reservada a los que la buscan con la cabeza y con el corazón. (Salvador Catalina)

Para conjurar la borrasca de las pasiones, el casarse con una buena mujer es un puerto en las tempestad, pero un matrimonio desacertado es una tempestad en el puerto. ¡Horrible tempestad! Contra ella existe el pararrayos de la religión. (Salvador Catalina)

Los esposos que se separan son como dos hojas sueltas de unas tijeras, que para nada sirven, que ninguna aplicación pueden tener.

El matrimonio es un movimiento ante todo sobrenatural, de santidad, proyectado hacia la colectividad.

Recuerda que eres esposo, no tirano; no ejercites tu derecho despóticamente ni con demasiada blandura. No transijas nunca con faltas de pudor ni con extravagancias de la moda ni con caprichos costosos e innecesarios.

Trata a tu esposa con fortaleza; ella busca en ti apoyo, energía varonil.

Con dulzura: es tu compañera. Con amor: en provecho de ambos. No veas mala voluntad en sus defectos o descuidos. Sé comprensivo e indulgente.

El matrimonio representa algo divino: la unión de Cristo con la Iglesia.

El matrimonio tiene su origen en Dios, que lo estableció para coronar su obra creadora.

El divorcio es el recurso heroico de las almas pequeñas.

El sacramento del matrimonio tiene la ventaja de que no se agota con la boda; vive y crece con los casados.

El matrimonio tiene, si se educa para ello, inmensas posibilidades de diálogo para extender la mirada y la mano, con cariñosa esperanza, sobre el mundo que viene y que va.

Hoy y siempre, los peores enemigos del matrimonio son los falsificadores del amor.

 

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