"SEMILLAS DE ESPERANZA" Pensamientos de Pedro Roncero

Madres

 

Era en un hospital. El director decía al paciente: "Quédate, quédate aquí; aquí, nada te faltará". Y el paciente respondía: "¿Que no me faltará nada? Me faltará mi madre, que es la mejor medicina.

La madre que educa da dos veces la vida.

¿Sabes cuál ha de ser tu consigna ahora... y después, cuando seas madre? No decir ni hacer absolutamente nada de lo que puedas avergonzarte delante de tus hijos. No decir, no hacer nada que ellos no puedan imitar.

Necesito madres valientes que me ofrezcan a sus hijos para que yo haga lo que quiera con ellos. (Jesús Urteaga)

El amor de la madre es el símbolo supremo del amor humano.

"Una buena madre —ha dicho Jorge Herber— vale por cien maestros de escuela".

Los hijos son la corona de las madres.

El paraíso de las madres está junto a las cunas de sus hijos.

Una madre debe vivir consagrada al hogar, porque de su esmero depende la paz, la salud, el provecho espiritual y material de la familia.

Un pueblo que ama a su madre no se puede perder.

Decía un cardenal: "la vida humana será bella mientras un corazón de madre siga palpitando en la tierra".

Da miedo decirlo, pero es necesario decirlo: si continuamos con el ritmo de hoy, vamos a la destrucción, a la desaparición en el mundo, porque nuestras mujeres no quieren los sacrificios de la maternidad ni, nuestros hombres, el peso de la paternidad.

El porvenir de los pueblos, más que en los jóvenes, está en las madres de los jóvenes.

El nombre de la madre se encuentra escrito en el corazón. Es el nombre más tierno de cuántos encierra el diccionario.

Muchas madres saben traer los hijos al mundo, pero no saben llevarlos por él.

¡Madres! Sois omnipotentes. ¡Madres! ¡Madres cristianas! No sois sólo el molde de los cuerpos; sois el troquel de las almas. Los hombres serán lo que queráis vosotras. ¡Madres! La sociedad está corrompida; sed puras y la purificaréis. ¡Madres! La familia se deshace; abrazad con amor a vuestro esposo y a vuestros hijos, y la reconstruiréis. ¡Madres! Los jóvenes son frívolos y sensuales; sed vosotras graves y austeras y los transformaréis. ¡Madres! Los muchachos no rezan ni se confiesan; hacedlo vosotras con vuestros hijos y los santificaréis. ¡Madres! No hay sacerdotes de Cristo que prendan su fuego en el mundo; no lo neguéis a vuestros hijos y por ellos lo salvaréis. ¡Madres!, recordad que sois poderosas por el amor, sois omnipotentes por las lágrimas.

 

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