Si todas las cosas son
permisibles, el hombre se convierte en esclavo de su propia libertad.
Dar cultura es dar libertad
al hombre.
Sólo gozamos de verdadera
libertad —decía S. Agustín— cuando nuestra voluntad es esclava
de la verdad.
No se puede hablar de
libertad sin añadir esto otro: responsabilidad.
El libertinaje es la
enfermedad de la libertad.
La libertad es patrimonio
común de toda la Humanidad. Quien no es capaz de celebrarla junto con
los demás es indigno de poseerla.
La libertad, convertida en un
fin por sí misma, es lo más apto para embrutecer a quien la adora.
La libertad ilimitada, sin
responsabilidad personal, actúa en la sociedad como un cáncer
mortal.
No existe camino más fácil
y peligroso para perder la libertad que abusar de ella.
Dios no condena; el hombre,
como ser libre, puede elegir.